Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Nicolás Soto sdb y Dominic Tran sdb: “Dos nuevos sacerdotes para el servicio de los jóvenes y del pueblo de Dios”. 

El Cardenal Sturla con los sacerdotes ordenados y los concelebrantes principales.

 El Cardenal Daniel Sturla sdb ordenó presbíteros a los salesianos Nicolás Soto y Dominic Tran, el sábado 21 de noviembre, en el Santuario Nacional de María Auxiliadora de Lezica (Montevideo).

Ese día el Cardenal Sturla celebraba sus 33 años de vida sacerdotal. “Este salesiano, obispo y cardenal, que hoy celebra 33 años de vida sacerdotal experimenta este regalo de poder, por la imposición de sus manos, realizar el gesto apostólico que los consagra para siempre como sacerdotes de Cristo”, les dijo a los jóvenes que serían ordenados. 

Dominic tiene 38 años de edad y es oriundo de Vietnam. Como lo recordó el Cardenal en su prédica, era un guía turístico, “que sintió en su corazón la fuerte llamada que Jesús le hacía en los chicos de la calle que veía mientras acompañaba grupos de excursión. Los atendía a estos, pero su corazón iba a los de la calle, se entretenía con ellos, los ayudaba, se hacía su amigo. Una hermana, una religiosa,  le dijo un día: hay una congregación que hace lo que tú haces. Así llegó a la casa de Don Bosco”.

Nicolás tiene 30 años y es de Montevideo. El Arzobispo recordó que cuando “en su barrio de La Teja se acercó a la casa salesiana, la misma casa en la que sus padres habían sido miembros activos, encontró en el oratorio no solo un ambiente hermoso donde jugar y pasar la tarde con los chicos, sino la llamada que Jesús le hacía a través de ellos: aquí estoy, te necesito”.

La celebración eucarística tuvo lugar al aire libre, en la amplia explanada de ingreso al Santuario y con todas las medidas sanitarias previstas en el protocolo de la Iglesia. La distancia de dos metros que se guardaba entre unos y otros y el uso generalizado de tapabocas no opacó la alegría y la emoción que se respiraba en el ambiente. 

La misa fue presidida por el Arzobispo de Montevideo y fueron los concelebrantes principales el obispo auxiliar de Montevideo, Mons. Pablo Jourdan, el Padre Inspector, Alfonso Bauer sdb, y el P. Jorge Pérez sdb.

“Señor aquí estamos nosotros tu iglesia. Aquí está la familia salesiana del Uruguay”

Luego de la Liturgia de la Palabra,  el Padre Pérez sdb llamó a Nicolás y a Dominic  y el padre Inspector le pidió al Arzobispo que ordene a esos hermanos. Inmediatamente el Cardenal Sturla dio inicio a su homilía.

“`Aquí estoy yo’ comenzaba la primera lectura del profeta Ezequiel y la respuesta que Dominic y Nicolás dieron cuando fueron llamados fue: aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”, comenzó diciendo.

 “Aquí estoy”. Sí Señor aquí estamos nosotros tu iglesia. Aquí está la familia salesiana del Uruguay”, expresó el Arzobispo de Montevideo quien tuvo palabras para las familias de los ordenados: “Aquí están también la familia de sangre de Nicolás y la de Dominic, siguiendo a través de las redes esta celebración. Gracias querida familia de Nicolás y un saludo especial a la familia de Dominic y un agradecimiento por el don que han hecho de un hijo misionero”.

Aquí está Jesús en los jóvenes que son el sentido de la vocación salesiana, que son la zarza ardiente en la cual nos llama el Señor, en todos los jóvenes, pero de un modo especial en aquellos cuyos rostros marcados por la pobreza o el abandono reflejan el rostro sufriente de Jesús. Es Jesús también que nos habla a través de tantos chicos de oratorio … de tantos adolescentes y jóvenes que necesitan cariño, educación, y evangelio y conforman el vasto campo de la acción salesiana en el Uruguay”, subrayó. El Arzobispo recordó a los presentes que eso fue lo que hizo Don Bosco, con los jóvenes de Turín en su tiempo: los “fue a buscar en las cárceles” y a “las calles de su ciudad”, “curó a los enfermos del alma, les dio pan, dignidad, herramientas para desarrollarse en la vida, les dio escuela, patio, y sobre todo casa. Una casa donde serían queridos, donde experimentaron el gozo de una paternidad de la que muchos no habían disfrutado; les dio parroquia, es decir, les abrió el camino de la vida espiritual, del perdón de los pecados, de la Eucaristía, del amor de Dios, del consuelo de tener una madre tan real y palpable como la Auxiliadora”.

“Todo eso lo han ido viviendo Dóminic y Nicolás en la distintas experiencias apostólicas que han tenido a lo largo de su vida salesiana, en Vietnam y en Uruguay, en Córdoba y en Sarandí del Yí,  en Tacurú o en la parroquia de Colón o en el Pío”, afirmó el Cardenal y planteó: . “¿Qué les agrega ahora el ser sacerdotes?”. “Les agrega lo más importante sin lo cual Don Bosco nunca hubiera sido tal. Les da el ministerio sacerdotal, la posibilidad de dar el perdón de Dios, de celebrar la eucaristía y entregar, además del pan que satisface el hambre del cuerpo, el único alimento capaz de saciar el alma: eucaristía. Les da la posibilidad, como lo he visto y vivido,  de acompañar a jóvenes que se enfrentan con el misterio de la muerte, y al que le acercarán el perdón de los pecados y la unción de los enfermos, abriéndoles las puertas del paraíso”. 

El Arzobispo de Montevideo aclaró, no obstante, que no serán fieles a Don Bosco “si nos quedamos solamente en mostrar a Jesús amigo, compañero, cercano, ejemplo de vida, presente en el joven, en el pobre y nos olvidamos del lema de Don Bosco: Da mihi animas cetera tolle”. “Se trata de la salvación de la almas, es decir de abrir al don de  la vida eterna  recibido en el bautismo”. “Si esta dimensión no entra, lamentablemente no llegaremos al Don Bosco auténtico, secularizaremos su obra del mismo modo que secularizamos la misma idea de la salvación y reduciremos todo a  una obra de solidaridad, a una experiencia educativa aparentemente exitosa, a una gigantesca ONG que goza de las simpatías  del mundo, pero ya no más del favor de Dios”, puntualizó.

Dirigiéndose a Nicolás y Dominic el Cardenal les dijo que es el deseo de todos que tengan un feliz ministerio sacerdotal, pero les aclaró que “sería un engaño” si no se menciona  que “no serán sacerdotes de Cristo que ha derramado su sangre por la redención del mundo” si no abrazan “su cruz” que “es también la cruz de ustedes”. No obstante, los animó a no tener miedo porque como Jesús le dijo a Juanito Bosco en el sueño de los 9 años “Yo te daré la maestra bajo cuya guía podrás llegar a ser sabio y sin la cual toda ciencia es necedad”. “Ciertamente no podemos tener miedo, pero para ello cada día es necesario cultivar esa devoción a la Auxiliadora que hace al salesiano”, concluyó el Cardenal. 

Al culminar el rito de la ordenación sacerdotal, visiblemente emocionado y alegre, el Cardenal abrazó a los ordenados y les dijo a los presentes: “Dos nuevos sacerdotes para el servicio de los jóvenes y del pueblo de Dios”. 

En el tramo final de la Eucaristía hicieron uso de la palabra los ya sacerdotes Nicolás y Dominic.

Además de agradecer a sus familiares y a quienes lo han acompañado hasta este día, especialmente el Padre Inspector quien fue su acompañante espiritual, Dominic dijo que reflexionando sobre el proyecto de su vida como religioso sacerdote lo que deseaba es “preparar el corazón bien humano para el seguimiento de Cristo y Educar un corazón bien humano para estar con mis hermanos”.

“En Uruguay, soy un joven y no tengo nada; lo único que tengo es la fe y ustedes. La fe de saber que Cristo y María siempre están presente en mi vida; la esperanza de una Iglesia cada vez más cercana, llena de santidad y alegría. Ustedes como mi familia”, dijo Dominic al finalizar su acción de gracias.

Por su parte, Nicolás comenzó diciendo que se siente “agradecido, feliz y amado”. “Ser salesiano de Don Bosco es mi camino de felicidad… siento y me sé amado… por Dios y en él por muchas personas concretas que ha puesto en mi camino”. 

Le dio gracias a Dios “por el Don del Sacerdocio que hoy nos regalás a Dominic y a mi… pero es un don, y como todo lo que viene de Vos, es hecho para compartir, es para los demás y en especial para los jóvenes”. 

Dirigiéndose a los jóvenes les dijo: “Sin ustedes nuestra vida no tiene ningún sentido… ayúdennos a ser mejores salesianos, los salesianos que ustedes necesitan. Y les pido encarecidamente: enséñenme a ser el salesiano cura que ustedes necesitan”.

“Que mi vida de salesiano sacerdote pueda ser un don para muchos, para mis hermanos salesianos, los jóvenes y los laicos con los que me encuentre ‘para que todos seamos uno…’ ese es el sueño que Dios tiene y en eso quiero gastar la vida”, finalizó.

Luego, dos representantes de la Asociación Mamá Margarita en nombre de todas las madres y padres de los salesianos consagrados les entregaron una cruz de madera para cada una de sus familias y para Dominic y Nico una teca para llevar la Eucaristía. 

Crónica y fotos de www.salesianos.uy