Iglesia al día

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Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Mons. Tróccoli invitó a anunciar la palabra de Dios “con gestos pequeños, nuestro estilo de amar y servir”

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El Domingo 29 de junio, Solemnidad de San Pedro y San Pablo, en ausencia del Arzobispo de Montevideo por encontrarse en Roma para recibir ese día el palio de manos del Papa Francisco, presidió la Misa en la Catedral Metropolitana el Obispo Auxiliar, Mons. Milton Tróccoli.

En su homilía, el Obispo destacó que “la Palabra de Dios no está encadenada” e invitó a “anunciarla”, en “primer lugar con nuestro testimonio de vida, con gestos concretos, con nuestro estilo de amar y de servir, y también con nuestras palabras, en todos los ambientes donde estamos habitualmente”.

Compartimos la crónica publicada en el Quincenario “Entre Todos” Nº 333.

Monseñor Milton Tróccoli presidió la misa en la solemnidad de San Pedro y San Pablo en la catedral metroplitana el domingo 29 de junio.

En recuerdo del arzobispo

En su homilía, monseñor Milton recordó a los fieles que el arzobispo había recibido hacía minutos el palio de manos del Papa, y pidió que el Señor bendijese sus intenciones y su ministerio en esta arquidiócesis. Explicó que el buen pastor lleva en sus hombros la oveja perdida, la cual es un signo de comunión de todos los arzobispos y de su provincia eclesiástica con el Santo Padre.

Respecto a los santos Pedro y Pablo, monseñor Milton manifestó que ambos tuvieron un encuentro personal y profundo con Jesucristo. Pedro, en el lago de Galilea, recibió la llamada del Señor, frente a la cual se sintió indigno: “aléjate de mí que soy un pecador”. Pero Jesús lo invitó a seguirlo: “sígueme y serás pescador de hombres”. Fue llamado por Jesús a ser roca firme, piedra sobre la que construir su Iglesia, con la misión de confirmar a sus hermanos en la fe. Pedro experimentó el amor de Jesús, su misericordia, y su cercanía.

Una lección apostólica

Luego de las negaciones en la noche de la pasión, Pedro recibió el perdón y la confianza de Jesús cuando de nuevo a orillas del lago de Galilea le preguntó por tres veces si lo amaba. “Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Pedro había aprendido la lección de la humildad, y ya no confiaba en sus fuerzas sino en Jesús que lo conocía mejor de lo que él a sí mismo: “Tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero”.

El obispo auxiliar hizo presente, seguidamente, la figura de Pablo, quien se encontrará con Jesús resucitado en el camino a Damasco. Desde este encuentro con el amor y la misericordia del Señor se transformará en uno de los apóstoles y misioneros más grandes de todos los tiempos. Anunciando a tiempo y a destiempo, con oportunidad o sin ella, Pablo anunciará la Palabra del Señor y su misericordia, esa misma que él había experimentado y que lo llevó a decir: “Cristo ha venido a buscar a los pecadores de los cuales yo soy el primero”.

Ambos –reflexión el obispo- darían el supremo testimonio de su fe en Roma, entregando su vida por Cristo. “He combatido el buen combate, he llegado al final de la carrera, he conservado la fe”, dirá Pablo. Ojalá –manifestó Milton- lo podamos decir todos nosotros en el ocaso de nuestras vidas.

No tener miedo

Monseñor Milton expresó que los apóstoles nos enseñan a no tener miedo para predicar el Evangelio, que la Palabra de Dios no está encadenada, y que hay que anunciarla en primer lugar con nuestro testimonio de vida, con gestos concretos, con nuestro estilo de amar y de servir, y también con nuestras palabras, en todos los ambientes donde estamos habitualmente. El Papa –señaló-, pide siempre que no nos quedemos encerrados, que anunciemos la alegría del evangelio.

Pedro y el Papa

Monseñor Milton pidió especialmente orar por el Santo Padre. Al igual que se escuchó en el libro de los Hechos de los Apóstoles que “toda la Iglesia oraba por Pedro” para que pudiera anunciar el evangelio sin cadenas, con toda su fuerza y vitalidad, el obispo pidió rezar en este día por nuestro Papa Francisco, para que el Señor siga bendiciendo su ministerio, para que el Santo Padre nos siga confirmando en la fe y enviándonos a anunciar con alegría y sin temores el evangelio de Jesús. Finalmente, el obispo auxiliar agradeció la presencia de monseñor Mathías Roter, Encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica, que en este momento representa a la Santa Sede en el Uruguay, y que nos acerca el afecto y la bendición del Santo Padre Francisco, y es signo de nuestra comunión con él.