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Noticeu Mons. Pablo Galimberti: El Resucitado ofrece certezas para nuestra vida vulnerable

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“En nuestros días mientras unos buscan pasarla bien, otros revuelven contenedores para subsistir. La sensación cotidiana tiene diversos rostros: miedo, violencia, desprecio a la vida en jóvenes y mujeres embarazadas”, describe el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, en su mensaje pascual. Ante el “agitado mar de la historia, que nos toca vivir”, el Obispo llama a dejarse iluminar por Jesús Resucitado, que da solidez y fundamento “disipando miedos, regalando confianza, abriendo horizontes para caminar sin miedo, con el Soplo del Espíritu Santo”. “Es el vencedor del miedo, la culpa, mis intríngulis y el misterio más grande: mi muerte”, precisa.

En una vida con “fecha de vencimiento”, Mons. Galimberti llama a “vivir con libertad y responsabilidad” y apreciar el valor de la vida en peligro: “la que hoy palpita y mañana puede perderse en un asalto en el supermercado del barrio o con la píldora del día después que silencia bruscamente los latidos de un bebé”.

“Crece la desconfianza hacia el otro anónimo, que vive en la misma cuadra, cooperativa o apartamento. Unos temen enfermedades y otros se cuidan hasta de la propia sombra: al salir del auto para abrir un candado o sacar la llave regresando al hogar. Crece la inseguridad, como realidad o estado anímico: precarización del trabajo o miedo a un compromiso definitivo que posterga el matrimonio. Aumenta la gente sin proyectos de largo aliento. Y al desdibujarse la meta, pierde entusiasmo el mismo andar. Los hijos, que requieren cuidado resultan molestos y al llegar tardíamente los progenitores advierten no estar para esos trotes”, describe el Pastor.

“La Pascua de Jesús nos pone ante una opción: o vivir anestesiados, dispersos en mil tareas, entretenidos con el fútbol y los vaivenes de la sociedad del entretenimiento, o vivir con responsabilidad según el dictado de nuestra conciencia o bien, para quien ha recibido el don de la Fe, seguir cada día las huellas del Resucitado, iluminando el presente y el futuro”, subraya el Obispo de Salto.

EL RESUCITADO OFRECE CERTEZAS PARA NUESTRA VIDA VULNERABLE

Mons. Pablo Galimberti

Vivir con libertad y responsabilidad es la principal tarea de una persona y mucho más de un cristiano. En nuestros días mientras unos buscan pasarla bien otros revuelven contenedores para subsistir. La sensación cotidiana tiene diversos rostros: miedo, violencia, desprecio a la vida en jóvenes y mujeres embarazadas. La vida es como un préstamo por tantos años, para desarrollarla y al final rendir cuenta de los  talentos recibidos.

Necesitamos apreciar el valor de la vida en peligro: la que hoy palpita y mañana puede perderse en un asalto en el supermercado del barrio o con la píldora del día después que silencia bruscamente los latidos de un bebé.

Crece la desconfianza hacia el otro anónimo, que vive en la misma cuadra, cooperativa o apartamento. Unos temen enfermedades y otros se cuidan hasta de la propia sombra: al salir del auto para abrir un candado o sacar la llave regresando al hogar.

Crece la inseguridad, como realidad o estado anímico: precarización del trabajo o miedo a un compromiso definitivo que posterga el matrimonio. Aumenta la gente sin proyectos de largo aliento. Y al desdibujarse la meta, pierde entusiasmo el mismo andar. Los hijos, que requieren cuidado resultan molestos y al llegar tardíamente los progenitores advierten no estar para esos trotes.

A veces crece el temor a una enfermedad seria o a la propia muerte, experimentada como derrumbe definitivo. Los cristianos, sin ocultar angustias, desafiamos a la Parca aferrados a la firmísima promesa de Jesús. Lo expresamos en la profesión de fe cuando rezamos: “creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”.

La Pascua de Jesús nos pone ante una opción: o vivir anestesiados, dispersos en mil tareas, entretenidos con el fútbol y los vaivenes de la sociedad del entretenimiento, o vivir con responsabilidad según el dictado de nuestra conciencia o bien, para quien ha recibido el don de la Fe, seguir cada día las huellas del Resucitado, iluminando el presente y el futuro.

En este escenario nos encontramos, entre las obligaciones familiares o laborales y las búsquedas personales, mientras avanza el latir de nuestra vida con fecha de vencimiento.

La Resurrección de Jesús surge en el horizonte como formidable noticia con solidez y fundamento. Jesús de Nazaret da pruebas de su identidad divina, confirma que es Hijo de Dios y que lo anunciado en las Escrituras se cumple cabalmente en El. Cuando habla de Dios Padre con total naturalidad, no son delirios. Es el vencedor del miedo, la culpa, mis intríngulis y el misterio más grande: mi muerte.

“Miren, toquen, escuchen: soy yo mismo, dice Jesús. Estaré con ustedes siempre”. Y al apóstol Tomás, incrédulo, imagen de nuestros titubeos, le dice: “Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo sino hombre de fe”. Al resucitar, Jesús pone la firma a todo lo que había dicho y hecho. En adelante es plenamente Señor de la historia grande y de la mía en particular. Nos cuida y protege. Al furibundo Saulo, camino a Damasco para encadenar cristianos, lo sorprende: “¿Por qué me persigues?” Y le confía una misión que abrirá al mundo las puertas de la fe.

¡Cuánta certeza y gozo nos regala Jesús Resucitado! Vive hoy disipando miedos, regalando confianza, abriendo horizontes para caminar sin miedo, con el Soplo del Espíritu Santo.

Resulta asombroso cómo se jugaron totalmente sus discípulos dando la vida, devorados por leones, degollados como enemigos, viviendo entre amenazas y crucifixiones. Y cantando mientras los quemaban en la parrilla. Sin una certeza fuerte, clavada en el alma y alimentada por el mismísimo Jesucristo resultaría misión imposible. Navegaríamos en un mar de divagues, inventando historias deletéreas y chantajeando  lastimosamente a la gente, ávida de razones fuertes para vivir y esperar.

Dejémonos iluminar por el Resucitado! Para navegar en el agitado mar de la historia, que nos toca vivir.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

          +Pablo Galimberti

             Obispo de Salto