Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

Noticeu Mons. Pablo Galimberti comenta la Exposición de Flora Nativa

Columna de opinión |

Hay gente que “habla” con las plantas. Están locos, pensarán algunos. En mi caso, después de visitar la exposición inaugurada ayer y preparada con inteligencia y cariño por la Asociación Amigos de la Flora Nativa, con sede en Salto, me animo a decir lo contrario.

Escuchar a las personas que aman las plantas permite entrar en un mundo de colores, formas, aromas, medicinas, historias, poesía, prosa, licores, infusiones e investigaciones científicas, como el INIA de Salto. Nos decía una ingeniera que el aroma de las flores muchas veces sirve como defensa. Uno de los tantos secretos que el ignorante llamará quizás capricho.

Los poetas se han aproximado a la flora para dialogar con ellas. Nuestra flor nacional, el ceibo, árbol indígena, bajo y algo corpulento, inspiró a Carlos Roxlo, que le canta: “¡Y dicen que en tus flores halló la tinta, con que en los rudos lances de aquellas horas, trazó nuestro blandengue la roja cinta que cruza sus banderas libertadoras!”

Nuestro compatriota Fernán Silva Valdés personifica al sauce como el bohemio del barrio, melenudo y soñador: “El sauce me parece el bohemio de la flora; con su melena rítmica él barre su solar; a mediodía sueña, a medianoche llora, y lo demás del tiempo lo emplea en meditar.”

Este poeta resalta la generosidad de los árboles, aunque a veces aparenten ser menos vistosos que las flores: “Los árboles que no dan flores dan nidos; y un nido es una flor con pétalos de pluma; un nido es una flor color de pájaro cuyo perfume entra por los oídos”.

Al ombú corpulento pero poco útil para quien lo mira con el signo de pesos en sus ojos, Pablo Siglo dedica esta leyenda: “El ombú vivía en la comunidad de los bosques, en compañía de los otros árboles de la región. Cuando sus vecinos descubrieron la naturaleza fibrosa del gigante, comenzaron las burlas. -Tan grande –dijeron unos- y que tu tronco no de una miserable tabla! Semejante corpulencia, -dijeron otros- y que no sirva para fabricar un rústico cajón!”

“No daré madera, -repuso el ombú- pero saco mis raíces fuera de tierra para dar asiento al fatigado. Bajo mi tupida y amplia copa, muchos pueden guarecerse de la lluvia… Durante las tempestades, junto a mi tronco cualquier caminante está seguro. ¿Cuándo habéis visto un ombú desraizado por un huracán?”

“Dicho esto, pensó el ombú, que aquellos que así lo trataban, solo criticando su parte negativa, olvidando sus muchas buenas cualidades, no podrían ser sus amigos y decidió abandonar tales compañías. Es por eso que hoy vemos al ombú, solitario, en las llanuras y colinas de nuestros campos.”

La exposición sobre la flora nativa sirve también porque muestra la depredación causante de la desaparición de especies que empobrecen la biodiversidad de nuestro territorio.

A veces es la ignorancia o la mente agresiva de mucha gente la causante de la destrucción de la flora nativa. Como ejemplo concreto se aprecia en un rincón de la exposición la leña que podemos utilizar para un asado y la que no debemos usar porque pertenece a especies escasas o de largo tiempo de renovación.

Es para llorar cuando un asador festeja porque consiguió excelente leña criolla para un asado. Un agrónomo amigo me comentó este drama: en Rocha hay árboles de coronilla de 500 años que los están talando para leña. Igual que el ñandubay o el algarrobo, son plantas nativas que crecen juntas.

La creación que Dios nos ha confiado es un regalo y una responsabilidad. El desarrollo sustentable depende también de cada uno de nosotros.

 Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 6 de diciembre de 2013