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Noticeu Mons. Milton Tróccoli: “Lo más importante es estar en la vida aprendiendo a aprender”

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“Acompañar, discernir, sostener y sobre todo anunciar”: estos son los propósitos que el nuevo Obispo de Maldonado, Mons. Milton Tróccoli, se plantea ante la nueva responsabilidad que asumirá el 8 de julio.

En una entrevista concedida tras su nombramiento al Programa “Cristianos Hoy” de la Diócesis de San José de Mayo, emitido por Radio María, Mons. Tróccoli  habló sobre sus expectativas, sus miedos, su estilo de Pastor, sobre la realidad de la Diócesis que habrá de pastorear, el legado de su antecesor, sus preocupaciones  y prioridades.

El obispo compartió su deseo de ir al encuentro de esta “realidad nueva” con la disposición de “abrir el corazón” para recibir “nuevos hermanos”. Confesó, asimismo, su miedo a “no comprender, a leer la realidad con criterios o categorías que uno tiene, que vienen de otro lado” y  “a no hacer las cosas bien”.

“Lo primero es conocer, visitar, escuchar mucho y después juntos, con los sacerdotes, los laicos y los diáconos, discernir cuáles son las prioridades, las urgencias que hay que ir atendiendo, y buscar respuestas creativas y reales para lo que se está planteando. Que no sea simplemente ideas mías, sino buscadas con otros y discernidas con otros”, explicitó. “Lo más importante es estar en la vida aprendiendo a aprender”, puntualizó.

Refiriéndose a su antecesor, destacó su entrega, la promoción del laicado, del Diaconado Permanente, de la Pastoral Penitenciaria y la Pastoral Social. Además de trabajar en estas áreas, el Obispo adelantó entre sus prioridades la pastoral juvenil y la pastoral vocacional.

“Ojalá Él (Dios) me dé ese corazón de Buen Pastor para amar hasta el extremo, entregarlo todo y no estar pensando en mí, sino en los demás y en cómo servir mejor a cada uno”, expresó Mons. Tróccoli.

¿Cuáles son las expectativas del nuevo Obispo de la Diócesis de Maldonado – Punta del Este?

La expectativa es poder encontrarme y conocer a todas las comunidades, recorrer, abrir el corazón para recibir, también, nuevos hermanos. También tener un espíritu de mucha disponibilidad para tratar de “desinstalarme”, salir de lo que hasta ahora ha sido lo conocido, la “zona de confort”, para ir al encuentro de esta realidad nueva, esta Diócesis a la que el Papa me ha enviado y a la que voy de verdad con mucha alegría, con muchas ganas de poder trabajar y brindar lo mejor.

¿Cuáles son los miedos de un Obispo al llegar por primera vez a la Diócesis?

Miedo a no comprender, a leer la realidad con criterios o categorías que uno tiene, que vienen de otro lado, de mi formación y mi crecer en Montevideo, y susto de no hacer las cosas bien. Creo que dentro de todo también es saludable porque ayuda a no creérsela, a poder entrar con un espíritu de humildad y de querer aprender. Lo más importante es estar en la vida aprendiendo a aprender.

Sos el tercer Obispo de la Diócesis más joven del Uruguay, ¿qué conocés de la esta Diócesis que vas a pastorear? 

Conozco algunos lugares, algunas parroquias, casi todos los sacerdotes que están en este momento en la Diócesis. También he trabajado con varios laicos en algunos organismos a nivel de la Conferencia Episcopal. Creo que es mucho más lo que me queda por conocer, pero algo conozco, no es totalmente desconocida, también por mi amistad con Mons. Rodolfo Wirz, a quién he ido a ver muchas veces o a distintos encuentros. Esto me ha permitido conocer muchos agentes pastorales y parte de la realidad de la Diócesis.

¿Cómo te imaginas tu ministerio en Maldonado? ¿Cómo será tu gestión? 

Lo primero es conocer, visitar, escuchar mucho y después juntos, con los sacerdotes, los laicos y los diáconos, discernir cuáles son las prioridades, las urgencias que hay que ir atendiendo, y buscar respuestas creativas y reales para lo que se está planteando. Que no sea simplemente ideas mías, sino buscadas con otros y discernidas con otros.

Tu antecesor Mons. Rodolfo Wirz estuvo en esa sede más de 30 años. ¿Qué destacarías de la huella que él ha dejado en esa Diócesis?

Creo que Rodolfo realmente se ha entregado en estos más de 30 años de servicio y, sobre todo, promovió la promoción del laicado, la formación de laicos, a la que dedicó muchos medios y mucho tiempo. También la consolidación del diaconado permanente y a la vez la búsqueda de que la Iglesia estuviera más presente dando respuesta a realidades sociales vulnerables, frágiles. Visitó mucho los barrios más carenciados, buscando obras sociales, generando parroquias en barrios nuevos que iban comenzando, como también la pastoral penitenciaria, las visitas a la cárcel que él mismo hacía junto a otros laicos. Todo esto es el legado que queda y otros que voy a ir descubriendo en estos días.

¿Mons. Wirz se va a quedar a vivir en la Diócesis? ¿Va a vivir contigo?

Eso lo tenemos que hablar. Todavía no hemos hablado. Solamente hablamos para darnos un saludo y para poner una fecha de comienzo de mi ministerio pastoral allí en Maldonado y Rocha. Pero creo que sí, que se va quedar a vivir en la Diócesis, es su deseo, además con más de 30 años en la Diócesis es realmente su casa y es donde está arraigado y tiene la mayor parte de sus amigos. Sabemos que la familia de Rodolfo está en Alemania. La familia es la que lo ha acompañado en este tiempo y los más cercanos en la actualidad. Creo que es bueno que se pueda quedar y no desarraigarse de esta realidad.

El clero de la Diócesis es bastante variado y con una escasez importante de clero autóctono y diocesano ¿esa va a ser una de las principales preocupaciones del Obispo?

Sí, yo creo que fiel a mi trayectoria sacerdotal, sin duda que una prioridad va a ser la pastoral juvenil y la pastoral vocacional, poder animar y promover vocaciones autóctonas, sea para la vida sacerdotal, para la vida consagrada, también de diáconos que ya están bastante presentes en la Diócesis. La pastoral juvenil es la prioridad porque es la Iglesia joven que se va renovando y va renovando a toda la Iglesia, que siempre nos traen los desafíos de los tiempos nuevos y a la vez nos ayudan a abrir la mente y el corazón. Por otro lado la pastoral vocacional que es que cada uno pueda encontrar aquello a lo que Dios lo llama. Ojalá que haya muchos muy dispuestos y muy generosos para poder servir a las comunidades, para que no falte quien parta el pan de la misericordia, el pan de la Eucaristía, el pan de la Palabra en todos los pueblos y ciudades de la Diócesis.

El mismo día del nombramiento escribías por primera vez un mensaje a los fieles de la Diócesis. En él expresabas que querés “entregarte por entero y no guardarte nada”, ¿qué significa esa expresión? ¿Cómo se concreta? 

Eso es algo que surgió después de haberle dicho al Nuncio que aceptaba y al escribirle una carta al Papa aceptando la responsabilidad. Esa carta fue muy rezada antes de escribirla. Algo que me surgió mucho en la oración desde el corazón fue el entregarme todo y no guardarme nada, no pensar en mí, no soy yo el centro, sino el centro tiene que ser la gente a la que voy a servir y las realidades pastorales que reclaman, también, mi entrega y mi servicio. Va muy unido al tema de la disponibilidad, de la generosidad y aquello que dice el evangelio de Juan en que Jesús habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Ojalá Él me dé ese corazón de Buen Pastor para amar hasta el extremo, entregarlo todo y no estar pensando en mi, sino en los demás y en cómo servir mejor a cada uno.

En pocas palabras, ¿cómo definirías tu estilo de Pastor?

Acompañar, discernir, sostener y sobre todo anunciar. Anunciar a Jesús que es lo que le da sentido a toda mi vida y mi ministerio. Discernir implica también que es algo con otros, no solo. Saber acompañar y sostener va mucho con mi identidad sacerdotal y de pastor de todos estos años, y creo que también es lo que Dios ha ido trabajando y forjando en mí.