Iglesia al día

" “Todos somos discípulos misioneros en salida” "
I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

Noticeu Mons. Milton Tróccoli a su comunidad diocesana: “¡Que el distintivo de este tiempo sea la esperanza, la solidaridad y la oración confiada!”

“En este difícil momento que nuestro país y el mundo entero está atravesando a causa de la pandemia y de su dramático ‘efecto dominó’ sobre la salud, el trabajo, la economía y la educación” el obispo de Maldonado-Punta del Este- Minas, Mons. Milton Tróccoli, se dirigió a la comunidad diocesana “para suscitar y compartir una palabra de esperanza”.

En una carta fechada el 30 de abril, el pastor destaca que ante la “fragmentación social” de la que los obispos hablaron hace ya tres años y que ahora “se hace todavía más patente”, son necesarias “políticas adecuadas capaces de sostener ciudadanos y familias, en particular a los más frágiles, y de poner lo mejor de nuestras fuerzas en la reconstrucción”. “Es tiempo de generar esa cultura del diálogo y el encuentro, de la que nos habla tantas veces nuestro Papa Francisco”, enfatiza Mons. Tróccoli.

“El duelo por el número de fallecidos y las pérdidas ocasionadas a numerosas familias nos hace experimentar con fuerza el dolor y la incertidumbre. Por momentos parece que la tristeza nos gana el corazón y debilita nuestra mirada de fe”, admite el obispo. No obstante, señala que “como cristianos estamos llamados a ser testigos de una esperanza viva, alegres y fortalecidos por la victoria de Jesús sobre el pecado, el sinsentido y la muerte.”

“Nos sentimos llamados también a la solidaridad con nuestros hermanos más necesitados, que expresa el amor de Cristo en nuestros corazones y que se ha hecho gesto a lo largo de esta pandemia, en la preparación y reparto constante de alimentos y ropa para tantas familias”, expresa en su carta a la comunidad diocesana Mons. Tróccoli. “Es una realidad que nos lleva a experimentarnos vulnerables y necesitados de cuidados específicos, de pequeños y grandes servicios que posibilitan la vida cotidiana, de gestos fraternos que acortan distancias con calidez, en medio de las medidas sanitarias que responsablemente debemos tomar para no propagar más los contagios. La capacidad de compartir en estos momentos gestos concretos de solicitud y cuidado, es una realidad que nos humaniza y que expresa la caridad cristiana”, puntualiza al tiempo que agradece por los gestos recibidos durante su enfermedad.

El obispo de Maldonado- Punta del Este- Minas, señala que “es tiempo de afianzar esos vínculos de fe, caridad y oración, que nos dan la certeza de que no estamos solos ya que, junto con una multitud de hermanos y hermanas, podemos unir nuestras fuerzas espirituales para forjar un futuro mejor.”

El pastor anima a su comunidad diocesana “a renovar la oración confiada, que nos sostiene mutuamente y nos une en torno al único Maestro que nos enseña el camino de la Vida” al tiempo que la invita a sumarse a la “maratón” de rosarios propuesta por el Papa Francisco para el mes de mayo, en sintonía con decenas de santuarios marianos en todo el mundo. Explica que “significa rezar cada día el rosario, personal o comunitariamente, pidiendo por el fin de la pandemia y sus consecuencias”. “Los invito a unirnos en este gesto común como familia en la fe, para hacernos fuertes con el vínculo del Espíritu y la protección de Santa María, nuestra Madre del cielo”, agrega el obispo.

“¡Que el distintivo de este tiempo sea la esperanza, la solidaridad y la oración confiada!”, concluye Mons. Tróccoli.

 

TEXTO COMPLETO

Carta de Mons. Milton Tróccoli a la comunidad diocesana

“Vivan alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración” (Rom. 12,12)

Querida comunidad diocesana:

En este difícil momento que nuestro país y el mundo entero está atravesando a causa de la pandemia y de su dramático “efecto dominó” sobre la salud, el trabajo, la economía y la educación, quiero dirigirme a ustedes para suscitar y compartir una palabra de esperanza.

El duelo por el número de fallecidos y las pérdidas ocasionadas a numerosas familias nos hace experimentar con fuerza el dolor y la incertidumbre. Por momentos parece que la tristeza nos gana el corazón y debilita nuestra mirada de fe.

Les hablo también desde mi propia experiencia de transitar la enfermedad en este tiempo. Es una realidad que nos lleva a experimentarnos vulnerables y necesitados de cuidados específicos, de pequeños y grandes servicios que posibilitan la vida cotidiana, de gestos fraternos que acortan distancias con calidez, en medio de las medidas sanitarias que responsablemente debemos tomar para no propagar más los contagios. La capacidad de compartir en estos momentos gestos concretos de solicitud y cuidado, es una realidad que nos humaniza y que expresa la caridad cristiana. ¡Agradezco en primera persona tantos gestos recibidos en estas semanas!

La “fragmentación social”, de la que hablamos los obispos hace tres años, se hace todavía más patente. Esto nos lleva a un fuerte sentido de responsabilidad que debe unir a las instituciones, tanto civiles como religiosas; a todos se nos pide una mayor presencia, material y espiritual, para evitar que crezca la brecha de la desigualdad, golpeando certezas y perspectivas, comprometiendo el desarrollo del entero sistema nacional y arrojando en la precariedad a quién no encuentra un camino de salida. Son necesarias políticas adecuadas capaces de sostener ciudadanos y familias, en particular a los más frágiles, y de poner lo mejor de nuestras fuerzas en la reconstrucción. Es tiempo de generar esa cultura del diálogo y el encuentro, de la que nos habla tantas veces nuestro Papa Francisco.

La dificultad para encontrarnos en torno a la mesa del altar, para compartir, en ese clima familiar y fraterno de nuestras parroquias y capillas, las reuniones de nuestros grupos y comunidades, nos entristece y nos lleva a veces a caer en la tentación del desánimo.

Pero en este tiempo, nuestro tiempo, Jesús Resucitado se hace presente y nos invita a caminar de su mano en medio de los aprendizajes, de las incertidumbres y temores, las nuevas perspectivas y transformaciones que estas realidades que vivimos van dejando en nuestra vida. Estamos invitados a poner nuestra mirada fija en Él, fuente y aliento de nuestra esperanza, quien fortalece nuestra fe y nos hace crecer en el amor.

“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt. 28,20). El Resucitado es el Señor de la historia y nos dice que, en cada momento y circunstancia, estamos llamados a escribir, con espíritu de fe, una nueva página en la historia de la salvación. De ahí su llamado a superar el temor que paraliza y encierra, para buscar caminos que desde la fe nos animen mutuamente y recreen nuestra esperanza. Como cristianos estamos llamados a ser testigos de una esperanza viva, alegres y fortalecidos por la victoria de Jesús sobre el pecado, el sinsentido y la muerte.

Nos sentimos llamados también a la solidaridad con nuestros hermanos más necesitados, que expresa el amor de Cristo en nuestros corazones y que se ha hecho gesto a lo largo de esta pandemia, en la preparación y reparto constante de alimentos y ropa para tantas familias.

Es tiempo de afianzar esos vínculos de fe, caridad y oración, que nos dan la certeza de que no estamos solos ya que, junto con una multitud de hermanos y hermanas, podemos unir nuestras fuerzas espirituales para forjar un futuro mejor.

Los animo en este momento a renovar la oración confiada, que nos sostiene mutuamente y nos une en torno al único Maestro que nos enseña el camino de la Vida. El Papa Francisco nos ha invitado a unirnos en el mes de mayo a una “maratón” de rosarios, en sintonía con decenas de santuarios marianos en todo el mundo. Significa rezar cada día el rosario, personal o comunitariamente, pidiendo por el fin de la pandemia y sus consecuencias. Los invito a unirnos en este gesto común como familia en la fe, para hacernos fuertes con el vínculo del Espíritu y la protección de Santa María, nuestra Madre del cielo.

¡Que el distintivo de este tiempo sea la esperanza, la solidaridad y la oración confiada!

Con la bendición del Señor.

                                                            +Milton Tróccoli

                                Obispo de Maldonado – Punta del Este – Minas – Rocha

Maldonado, 30 de abril de 2021