
En su mensaje de Navidad, Mons. Pablo Jourdan, obispo de Melo, invitó a contemplar el prólogo del Evangelio de san Juan como una clave profunda para vivir este tiempo, dejando que resuene en el corazón la certeza de un Dios que se acerca y sostiene a la humanidad con su amor.
El obispo destacó tres expresiones centrales del texto evangélico: el comienzo, que proclama que “en el principio existía la Palabra y la Palabra era Dios”; el centro, donde se anuncia que “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”; y el final, que asegura que el Hijo único está en el seno del Padre. En esas palabras —señaló— se revela Jesucristo, Palabra eterna, por quien todo fue creado y en quien se encuentra la vida, la luz, la verdad y el sentido de la historia.
Mons. Jourdan subrayó que la Palabra se hace hoy frágil y pequeña, cercana a la condición humana, y que cada persona es libre de acogerla o rechazarla. Acogerla, afirmó, permite reconocerse como hijos e hijas de Dios y vivir la fraternidad como camino.
Finalmente, el obispo animó a vivir una fe encarnada, lejos de lo meramente virtual, cuidándose mutuamente y siendo constructores de paz. Recordó que estamos llamados a ver a Dios y que en Cristo resucitado se nos asegura la meta final, sostenidos por la fuerza del Espíritu Santo y una esperanza viva que conduce hacia el cielo.