Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Mons. Heriberto Bodeant envía “Carta desde el Desierto (Valle de Coachella, Desierto Bajo, California)”

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El Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, en el último post publicado en su blog www. dar-y-comunicar.blogspot.com comparte la tarea misionera que se encuentra desarrollando en dos Parroquias ubicadas en el desierto de California, en el marco del programa de Cooperación Misionera de la Diócesis de San Bernardino que, según explica, “ consiste en la visita de alguien de otro país que presta un servicio a la comunidad que lo acoge, comparte lo que vive en su Iglesia local y recibe ayuda a través de las colectas de las Misas en las que participa”.

El lunes 7 de julio, poco antes de salir para el aeropuerto, celebré Misa en Montevideo, en la capilla de la CEU. Desde luego, quería poner en las manos del Señor este viaje, con sus expectativas de cosas buenas para la Diócesis, para nuestra Conferencia Episcopal y, desde luego, también para mí…

Cuando leí la primera lectura, me pareció que era realmente auspiciosa. Estaba tomada de la profecía de Oseas y allí el Señor habla a su pueblo por medio del profeta, diciéndole, como a su Esposa, “Yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto…”

Es un texto donde Dios llama a su Pueblo, que se ha apartado de Él, a un reencuentro, volviendo a la experiencia fundacional que significó el Desierto. Liberado por la intervención de Dios de la esclavitud en Egipto, guiado por Moisés, el pueblo atravesó el Desierto para llegar a la Tierra Prometida. En esa peregrinación, Dios selló su Alianza con su Pueblo. El Pueblo pasó por la prueba, la tentación, y a menudo cayó… pero Dios no quebró su Alianza. La historia continúa; hay nuevas infidelidades y Oseas es enviado por Dios para llamar al Pueblo a volver de corazón a la Alianza…

En estos días he recordado mucho a un hombre que vivió en el desierto, tras las huellas del Beato Hermanito Carlos de Foucauld. Carlos Carretto, de quien recuerdo especialmente dos libros: Cartas del desierto y Lo que importa es amar. En el segundo libro, que tiene una guía para lectura y meditación personal de la Biblia que seguí en el año anterior a mi entrada al Seminario, Carretto decía “la historia de la Salvación es la historia de un alma: la tuya”. Es verdad que la historia de la Salvación es ante todo la historia de la intervención de Dios en favor de su Pueblo… pero también es verdad que cada uno de nosotros va también en ese peregrinar a la Casa del Padre, y en ese camino, encontrando su propia historia en las vidas de Abraham, Moisés, David… por eso me sentí tocado por las palabras de Oseas, y pedí que este viaje pudiera ser también un tiempo de oración y de un encuentro distinto con el Señor.

El sábado pasado llegué, finalmente, al desierto. Esta zona del Estado de California es conocida como el “Desierto Bajo” (obviamente, hay también un “Desierto Alto”). Aquí es el valle de Coachella (se pronuncia cochela y sería una deformación de la palabra “conchilla”; recordemos que en Uruguay está “Conchillas”) y también se llama Coachella la ciudad de 40.000 habitantes en la que está la Parroquia Nuestra Señora de Soledad.

Esta es la primera de las dos parroquias que me toca visitar dentro del programa de Cooperación Misionera de la Diócesis de San Bernardino, que consiste en la visita de alguien de otro país que presta un servicio a la comunidad que lo acoge, comparte lo que vive en su Iglesia local y recibe ayuda a través de las colectas de las Misas en las que participa.

La parroquia está a cargo de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad o, más brevemente Misioneros Trinitarios. Hay un templo con capacidad para unas 700 personas, que se llena en casi todas las siete Misas del fin de semana (dos en sábado y cinco en domingo). Una Misa del sábado y otra del domingo se celebran en inglés y el resto en español… pero aún los que vienen a la Misa en inglés son en su inmensa mayoría gente de origen latino (sobre todo mexicanos) y entienden bien español. La parroquia tiene también lo que nosotros llamaríamos “capillas rurales”, pero que aquí son centros de misión.

La comunidad es muy viva: mucha participación en la Eucaristía, con muchos ministros (en Estados Unidos, por decisión de la Conferencia Episcopal, siempre se ofrece la comunión bajo las dos especies, por lo que se hace necesario la colaboración de muchos ministros de la Comunión), con un coro diferente en cada Misa, a veces más “mexicano”, casi “mariachi”, a veces más estadounidense, con guitarras sonando estilo “country”. Hay un movimiento que ha marcado mucho la vida de la región, el Programa Misionero del P. Jose Pawlicki, un sacerdote de origen polaco y mexicano de corazón, que dedicó una gran parte de su vida a la evangelización de esta zona y creó este movimiento con algo del estilo de los Cursillos de Cristiandad. De modo que aquí no tenemos “cursillistas” sino “misioneros”, como se llaman los que han pasado por el encuentro de fin de semana y continúan luego reuniéndose en comunidades de fe. Hay también grupos de la Renovación Carismática y varios otros grupos y servicios. La comunidad está formada por gente trabajadora, que presta servicios en casa y clubes de gente muy rica que vive en los lugares elegantes del desierto: La Quinta, Palm Springs… también en la producción y procesamiento de dátiles, pero ya les contaré más de eso.

En Cartas del Desierto Carlos Carretto explica, hablando del desierto del Sáhara, que “el desierto es un lugar muy frío donde de día hace calor”. Aquí no es tan así la cosa… en este momento, 4 de la tarde, afuera de la casa hay 47 grados con sensación térmica de 49°. Accuweather describe el tiempo como “sol abrasador”. No voy a intentar comprobarlo. La mínima: 26°, así que se podría decir que este desierto es “un lugar caliente donde de noche hace menos calor”. Pero, bueno… todo está adaptado para que se pueda vivir: aire acondicionado, ventiladores, persianas, botellas de agua siempre a mano (la humedad es de 4% !!!). Hay que aprender a manejar la ducha: el agua es muy valiosa, y la ducha tiene un mecanismo que la corta en cuanto empieza a salir caliente (como para que uno no la abra hasta que salga agua caliente y se olvide, ¿vio?).

Los Trinitarios son aquí cuatro: dos sacerdotes estadounidenses, un seminarista colombiano y un nigeriano (pero que viene de México) que están en año pastoral desde enero. La vida se organiza en otro ritmo… Nos acostamos muy temprano, y a las 5 ya se está en pie para caminar a la mejor hora del día (a las 5:30 ya amaneció). Después, rezo de Laudes a las 7:25, Misa en la parroquia a las 8:00. Los Trinitarios tienen sus tareas, preparar alguna cosa, atender a gente que llega, y yo me dedico a preparar lo que sigue. Después de la maratón de Misas del fin de semana (estuve en las siete; aunque solo presidí dos, prediqué en todas, en español y en inglés, según tocara), la semana ha sido aliviada. El lunes estuve con una pequeña Comunidad de Fe que se reúne en una casa de familia. Ayer fui con el párroco a Orange, pero eso merece otra nota. Esta noche de 19 a 21 animo la oración durante la exposición del Santísimo que organiza un equipo Misionero. Mañana voy a un programa de la radio El Sembrador, en otra ciudad. El viernes me encuentro con el grupo de Adolescentes. Sábado y domingo estaré en la otra parroquia que se me ha asignado en este programa de Cooperación Misionera: Nuestra Señora de Gudalupe en Mecca (se llama así por La Meca…). El lunes, Dios mediante, salgo de regreso para Uruguay.

 

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