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Mons. Pablo Galimberti Mons. Galimberti cuestiona que niños y jóvenes uruguayos no accedan a las mismas oportunidades educativas

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El Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, reconoce como positivo la baja en los índices de pobreza y de desigualdad en cuanto a los ingresos,  pero cuestiona el aumento de la segregación residencial que deriva en que  “los niños y jóvenes de nuestro país no están encontrando las mismas oportunidades con respecto a la educación”.

Mons. Galimberti destinó su columna semanal que se publica cada viernes en el Diario “Cambio” de Salto para reflexionar sobre el deterioro de la educación y el aumento de la segregación espacial evidenciados por los datos que arroja el Censo 2014.

El Obispo asegura que “esta comprobación ha sido uno de los disparadores que llevó a la iglesia católica a promover un modelo de ‘liceos’ de tiempo completo, que ‘contienen’ a los jóvenes desde la mañana con las materias tradicionales y por la tarde ofreciendo diferentes actividades en la modalidad de talleres”. “Son ejemplos de iniciativas que bien pueden considerarse como alternativas ante los procesos de guetización o exclusión social y educativa”, destaca Mons. Galimberti. En su columna el Obispo de Salto sostiene que estos liceos de gestión público-privada “van en la línea de subsanar la fragmentación social y geográfica de nuestras ciudades, que nos vuelve extraños e indiferentes ante lo que pasa en la vereda de enfrente”.

“Un liceo como también otras iniciativas como iglesias, centros deportivos, culturales u otros semejantes, son sin duda espacios capaces de fomentar o reforzar el tejido social debilitado”, puntualiza.

¿SOMOS MAS FELICES O MAS NEUROTICOS?

Ante el aumento de la segregación espacial, el Pastor cuestiona: “¿hemos mejorado la calidad de la vida diaria o sólo hemos agregado más preocupaciones al trabajar más horas, extender el trabajo a más integrantes de la familia y fracturar así la comunicación entre padres e hijos?”. “No es sencillo responder a esta pregunta que apunta en definitiva a otro gran interrogante: ¿somos más felices o más neuróticos y ‘corriendo la liebre’ todo el día para llegar al final de cada jornada y del periplo vital y no saber para qué nos hemos fatigado tanto?”, acota.

“La respuesta es personal. No depende de dónde vivo ni si tengo o no un título o en qué trabajo o con quién vivo. Lo importante es no dejar enterrados los talentos con que llegamos al mundo y poder ayudar a otros en este descubrimiento”, concluye el Obispo.

Desigualdades y Oportunidades

Mons. Pablo Galimberti

Una atenta mirada a los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) recogidos en la Encuesta Continua de Hogares 2014 ofrece un panorama desigual en el crecimiento de la población.

Lo positivo es que bajó la pobreza y la desigualdad en cuanto a ingresos se ha acortado. Pero al mismo tiempo se observa que no hay una mejora en los indicadores que miden la segregación residencial. Podemos imaginar aproximadamente lo que esto quiere decir, dejando por ahora las definiciones técnicas.

Un dato relevante y negativo es que los niños y jóvenes de nuestro país no están encontrando las mismas oportunidades con respecto a la educación.

Esta comprobación ha sido uno de los disparadores que llevó a la iglesia católica a promover un modelo de “liceos” de tiempo completo, que “contienen” a los jóvenes desde la mañana con las materias tradicionales y por la tarde ofreciendo diferentes actividades en la modalidad de talleres. Al mediodía se les ofrece almuerzo y por la tarde una merienda. También se busca acercar a las familias. En el liceo Juan Pablo II de la iglesia católica en Montevideo, por ejemplo, algunas madres inquietas están cursando el liceo por las noches.

Han surgido después otros liceos similares: Providencia, Impulso y el Liceo Francisco en Paysandú, que inauguramos este año con los primeros 50 alumnos.

Otra iniciativa educativa de carácter público-privada, que pretende revertir la mencionada segregación territorial, se está concretando en la periferia de Montevideo, barrio Puntas de Manga y abrirá sus puertas  con 75 alumnos el próximo año.

Su impulsora es una mujer norteamericana casada con un suizo y radicada en nuestro país, Nina von Maltzahn. Ante las críticas de los sindicatos a estas instituciones, este mujer respondió: “No fuimos ni a Pocitos ni a Carrasco, fuimos adonde hay carencias, queremos ayudar” (El País, 24/09/15).

Son ejemplos de iniciativas que bien pueden considerarse como alternativas ante los procesos de guetización o exclusión social y educativa. Van en la línea de subsanar la fragmentación social y geográfica de nuestras ciudades, que nos vuelve extraños e indiferentes ante lo que pasa en la vereda de enfrente. Hay zonas de la capital donde en horas de la noche no circula el transporte urbano, taxis, ambulancias o policía.

Un liceo como también otras iniciativas como iglesias, centros deportivos, culturales u otros semejantes, son sin duda espacios capaces de fomentar o reforzar el tejido social debilitado.

Se dice que nuestros antepasados, los inmigrantes, llegados a nuestro país, eran trabajadores tenaces y muchos pudieron ascender socialmente o crearon condiciones para que lo hicieran sus hijos. Pero este camino de ascenso hoy se hace más duro.

Rescato una pregunta que plantea uno de los sociólogos a partir de las cifras del censo y ante la comprobación del deterioro de la educación y el aumento de la segregación espacial o fragmentación.

¿Hemos mejorado la calidad de la vida diaria o sólo hemos agregado más preocupaciones al trabajar más horas, extender el trabajo a más integrantes de la familia y fracturar así la comunicación entre padres e hijos?

No es sencillo responder a esta pregunta que apunta en definitiva a otro gran interrogante: ¿somos más felices o más neuróticos y “corriendo la liebre” todo el día para llegar al final de cada jornada y del periplo vital y no saber para qué nos hemos fatigado tanto?

La respuesta es personal. No depende de dónde vivo ni si tengo o no un título o en qué trabajo o con quién vivo. Lo importante es no dejar enterrados los talentos con que llegamos al mundo y poder ayudar a otros en este descubrimiento.

Y lo más hermoso es poder agradecer a Dios y a todos aquellos que su mano providente ha puesto en nuestro camino. Sin ellos difícilmente seríamos hoy lo que somos.