Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

Mons. Pablo Galimberti Mons. Galimberti: “Benedicto XVI. Respetable decisión”

No estábamos preparados para semejante noticia, aunque luego de algunos días la comprendemos mejor.

La legislación de la Iglesia, que regula los derechos y responsabilidades de todos los fieles bautizados en sus diferentes responsabilidades, incluye esta eventualidad. En su numeral 332, dice: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie.” Es lo que ha ocurrido.

La noticia me sorprendió aunque no demasiado. Algunos pensamientos me vinieron la última vez que vi al Papa de cerca, a fines de noviembre del 2012, durante una audiencia a unas 300 personas en la Sala Clementina. Lo observé entrar lentamente y la claridad de sus ideas contrastaban con la fragilidad de su voz. Hasta llegué a preguntarme cómo con un cuerpo frágil podría manejar la enormidad de asuntos y especialmente los viajes que se anunciaban para el presente año, como la Jornada Mundial de Jóvenes, en Río, prevista para fines de Julio.

Vale la pena resaltar los pasos de esta decisión, tomando sus propias palabras. Estamos ante una decisión consciente, libre y manifestada formalmente, que tiene el grado de una certeza moral, contrariamente a lo que podría ser una opinión o un “me parece”. Tampoco es un acto repentino. Es una decisión ponderada, “después de haber reiteradamente examinado mi conciencia delante de Dios”. Estupendo ejemplo de cristiano, para el cual Dios está presente de modo especialísimo en la propia conciencia, como Presencia y Misterio ante quien vivimos, existimos y confrontamos las decisiones de la vida.

Menciona que en ese atento examen de conciencia, se ha hecho evidente que “sus fuerzas, por la edad avanzada, no son las más aptas para ejercitar, de modo adecuado” la responsabilidad inherente al pontificado.

Antes de su elección, el Cardenal Ratzinger supo poner todas sus energías intelectuales, espirituales y físicas secundando regularmente a Juan Pablo II en muchos asuntos y debates teológicos, como los relacionados con la teología de la liberación, cuyos ecos resonaron con especial énfasis en nuestro continente. Al frente del dicasterio (semejante a “ministerio” en nuestro país) para la doctrina, le tocó dirigir reuniones en varios continentes. Participé en uno de esos encuentros, en Guadalajara, en una reunión de presidentes de comisiones de doctrina del continente, donde hubo ponencias sobre teología india en nuestro continente.

Benedicto XVI, como padre, educador y gobernante, afirma que el oficio papal al cual renuncia tiene una doble dimensión: “debe ser cumplido no sólo con acciones y palabras sino también sufriendo y rezando”. Quien quiera ser buen padre sabrá de lo que habla.

Además de lo expresado, en la decisión de Benedicto XVI ha influido una situación histórica que podemos comprender: “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y agitado por cuestiones de enorme relevancia para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, también es necesario el vigor, tanto corporal como anímico”.

Este “vigor” es precisamente lo que el Papa comprueba que “en los últimos meses, en él, ha disminuido”. A tal punto que confiesa su “incapacidad para administrar bien el ministerio que le han confiado”.

Considero inútil exagerar el peso de los problemas como razones de su renuncia. Cualquier responsabilidad, bien asumida, implica esfuerzos y fatigas. Por tanto no hay por qué convertir a Benedicto XVI en un héroe trágico, víctima de una situación que lo desbordó. Prefiero verlo como un cristiano que ha hecho un hondo discernimiento de la voluntad de Dios en el aquí y ahora de su historia concreta.

El ministerio asumido por Benedicto XVI en abril del 2005 llega a su fin. El próximo 28 de febrero, cuando los fieles expectantes en Plaza San Pedro, vean que a las 20 horas, como de costumbre, se apaga la luz de su escritorio, saludarán agradecidos y emocionados al Papa saliente. Quizás compensen la nostalgia al pensar en la “fumata bianca” que anunciará “¡Habemus Papam”! Y la historia continúa.

Columna publicada en el diario “Cambio” del 15 de Febrero de 2013