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Noticeu “Amor con amor se paga”: Carta Pastoral de Mons. Jaime Fuentes

misa crismal Minas

“¡Qué disparatado amor el de Jesús por nosotros” subraya el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, en la Carta Pastoral que con el título “Amor con amor se paga” dio a conocer en la Misa Crismal celebrada el Martes Santo, en la Catedral de Minas.  En la Misa Crismal se bendicen los santos óleos que durante el año se usarán al administrar los Sacramentos y los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación.

El obispo alienta a corresponder al amor “descomunal” de Jesús con el esmero en la adoración de la Eucaristía. En este sentido insta a saludar a Jesús con una genuflexión y detalla el modo adecuado de recibir la sagrada Comunión. “No podemos permitir que se introduzca la rutina en el modo de tratar el más sagrado tesoro que tenemos en la Iglesia”, destaca Mons. Fuentes.

Al invitar a que cada comunidad parroquial promueva este año la adoración a la Eucaristía, aseguró que “si estamos más pendientes de Jesús Sacramentado, dedicando más tiempo a su adoración y cuidando mejor todo lo relacionado con el culto eucarístico, experimentaremos un palpable crecimiento en la fe y en la caridad, así como en el empuje apostólico.”

AMOR CON AMOR SE PAGA

+ Mons. Jaime Fuentes

Obispo de Minas

Ya estamos en la Semana Santa, la más importante del año. De la meditación de cuanto vamos a revivir en ella, concluiremos en esta síntesis: ¡qué disparatado amor el de Jesús por nosotros! Enfrentados a un Amor tan descomunal, que le empujó a instituir el Santísimo sacramento de la Eucaristía, en el cual Él mismo está presente con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad, ¿cómo podremos corresponder?

Son innumerables las consideraciones que, a lo largo de los siglos, ha suscitado esta verdad de fe, tan amabilísima como estremecedora: la experiencia eucarística de los santos, así como el Magisterio de la Iglesia sobre el divino sacramento, forman un tesoro de incalculable valor. Por esto, apenas quisiera subrayar muy brevemente un aspecto: cómo esmerarnos en nuestra adoración de la Eucaristía.

Es una verdad indiscutible que “amor con amor se paga”, y también lo es que el modo de expresar la intensidad del amor son los gestos: un beso, un abrazo, un dar la mano… o no darla, son gestos que, según se empleen, indican el grado de mayor o menor afecto hacia una persona.

En la Iglesia tenemos unos modos determinados para manifestar la adoración que debemos a Jesús, realmente presente en la Eucaristía. El primero es la genuflexión (del latín genua, rodilla), que se hace doblando la rodilla derecha hasta el suelo. Cuando llegamos a la iglesia, lo primero que debemos hacer es saludar de este modo a Jesús en el sagrario; y también cuando pasamos delante de donde Él está. (Si a alguien, por edad o enfermedad, le resulta difícil hacer la genuflexión, manifiesta la adoración mediante una inclinación de cabeza).

En la Santa Misa, al llegar el momento de recibir al Señor en la sagrada Comunión, lo hacemos habitualmente de dos maneras: en la boca o en la mano. En este segundo caso, quien se acerca a recibirla extiende la mano izquierda (bien limpia) sobre la derecha, como si fuera un trono. El sacerdote dice: El Cuerpo de Cristo. Y se responde: Amén. El sacerdote deposita la Hostia sobre la mano extendida y el fiel la toma entonces con los dedos índice y pulgar de su mano derecha y, delante del  sacerdote, la lleva a la boca y se retira. Cualquier otro modo de recibir la Eucaristía está fuera de lugar, no está en sintonía con lo que pide la Iglesia.

Los que ya tenemos algunos años, recordamos que para recibir la sagrada Comunión aprendimos un único gesto: de rodillas y en la boca. Nadie piense que es algo “pasado de moda”. Muy recientemente, la máxima autoridad de la Iglesia en la materia, el cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los sacramentos, en el prólogo de un libro en italiano (Federico Bortoli, La distribución de la Comunión en la mano: un estudio histórico, jurídico y pastoral), escribió:

La liturgia se compone de muchos pequeños rituales y gestos, cada uno de ellos es capaz de expresar estas actitudes llenas de amor, respeto filial y adoración hacia Dios. Precisamente por eso es apropiado promover la belleza, la idoneidad y el valor pastoral de una práctica desarrollada durante la larga vida y tradición de la Iglesia, es decir, el acto de recibir la Sagrada Comunión en la lengua y de rodillas. La grandeza y la nobleza del hombre, así como la máxima expresión de su amor por su Creador, consiste en arrodillarse ante Dios. Jesús mismo oró de rodillas en presencia del Padre. Este es un gran acto de adoración y amor que cada uno de nosotros puede ofrecer a Jesucristo. Estoy muy contento de ver a tantos jóvenes que eligen recibir a nuestro Señor tan reverentemente de rodillas y en sus lenguas.

Por estos motivos, quien desee recibir la Sagrada Comunión de rodillas y en la boca, puede hacerlo con completa libertad.

Queridos hermanos: ¡qué enorme es el amor de Dios por nosotros! Corresponder a él nos resulta imposible, pero aun contando con la limitación de nuestra naturaleza humana, podemos manifestarle el amor viviendo con delicadeza grande estas expresiones de la fe en su Presencia real en la Eucaristía. No podemos permitir que se introduzca la rutina en el modo de tratar el más sagrado tesoro que tenemos en la Iglesia.

Invito, pues, a cada comunidad parroquial a promover en este año la adoración a la Eucaristía: tengan la seguridad de que, si estamos más pendientes de Jesús Sacramentado, dedicando más tiempo a su adoración y cuidando mejor todo lo relacionado con el culto eucarístico, experimentaremos un palpable crecimiento en la fe y en la caridad, así como en el empuje apostólico.

Que Jesús Resucitado los bendiga en abundancia.

¡FELICES PASCUAS!

Pascua de Resurrección 2018