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I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

Noticeu Mons. Fajardo y Vicaría Pastoral de Salto dirigió mensaje en la Fiesta de Jesús Buen Pastor

 

Mons. Arturo Fajardo junto con la Vicaría Pastoral de Salto dirigieron un mensaje a sus comunidades en la Fiesta de Jesús Buen Pastor, en el que abordan distintos aspectos de la coyuntura de pandemia y sus consecuencias.

Ante “este momento dramático”, marcado por el dolor, la pobreza, la polarización pero también por expresiones de humanidad y caridad agradecen a los héroes anónimos y alientan a continuar “trabajando unidos poniendo nuestro mayor esfuerzo en el cuidado personal y en la responsabilidad comunitaria, siguiendo las medidas recomendadas ya conocidas por todos”. Asimismo, invitan a orar “sin desfallecer por nuestros hermanos enfermos y por los que han partido y encomendémonos al cuidado de María, Patrona de América, que con ternura de Madre nos vuelve a decir: ¿Por qué temes? ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?”

Como signo “de nuestra confianza filial” invitan a rezar al final de cada celebración:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro.
Oh, Virgen gloriosa y bendita.

 

TEXTO COMPLETO DEL MENSAJE 

 

Salto, 25 de abril de 2021

A la comunidad diocesana en la Fiesta de Jesús Buen Pastor

Queridos hermanos y hermanas: hemos celebrado con gran alegría la fiesta de la Pascua. En la oscuridad de la noche hemos encendido un fuego nuevo y hemos hecho resonar una vez más el anuncio gozoso: ¡Cristo ha resucitado! ¡Ha resucitado mi esperanza! Es el triunfo de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal, de la luz que vence las tinieblas. En medio de una humanidad abrumada por el dolor y el sufrimiento provocado por esta pandemia queremos encender la luz de Cristo Resucitado y hacer sentir su voz.

Estamos transitando un momento dramático provocado por el aumento de contagios, de fallecimientos, de pobreza expresada en diferentes formas. Dificultades que surgen en el ámbito sanitario, económico, familiar. Situaciones de angustia, estrés y soledad de muchos hermanos nuestros que han tenido que enfrentar la muerte sin una palabra de consuelo o una mano tendida que humanice este sufrimiento.

Al mismo tiempo, ha aumentado la polarización en el campo político y social que por momentos pareciera estar más interesado en señalar culpables que en encontrar vías de salida de esta situación por medio del diálogo, la colaboración y de la convivencia pacífica.

Pero también surgen ante nuestra vista, expresiones de profunda humanidad y caridad cristiana. Al igual que el Buen Samaritano, movidos por el amor al prójimo, hombres y mujeres de nuestro tiempo han sabido curar, cuidar, atender y velar al hermano sufriente. Gestos que nos hablan de una verdadera y profunda transformación del corazón. Vaya nuestro agradecimiento a los héroes anónimos: el personal de la salud, los docentes, los que recogen y distribuyen alimentos y todos los que, aun a costa de sus propias vidas, siguen luchando para vencer al único enemigo común: la enfermedad y la muerte.

El avance de la vacunación y el compromiso que ha asumido la población en este sentido, es también un signo de esperanza que prontamente llegaremos al fin de esta pandemia. Mientras tanto, continuemos trabajando unidos poniendo nuestro mayor esfuerzo en el cuidado personal y en la responsabilidad comunitaria, siguiendo las medidas recomendadas ya conocidas por todos. En esta Pascua, hagamos que el único contagio que se expanda por el mundo sea la fe y la esperanza en el Dios de la vida.

Oremos sin desfallecer por nuestros hermanos enfermos y por los que han partido y encomendémonos al cuidado de María, Patrona de América, que con ternura de Madre nos vuelve a decir: ¿Por qué temes? ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?

Como signo de nuestra confianza filial los invito a rezar al final de cada celebración:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,

no desprecies las oraciones

que te dirigimos en nuestras necesidades,

antes bien, líbranos de todo peligro.

Oh, Virgen gloriosa y bendita.

 Puestos bajo su protección materna les imparto la bendición de Dios Padre Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Equipo de Vicaría Pastoral                                                       +Mons. Arturo Fajardo
Obispo Diócesis de Salto