Iglesia al día

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Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Mons. Bodeant narra la relación de tres de los nuevos santos y la Diócesis de Melo

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El próximo domingo el Papa Francisco canonizará a siete nuevos santos, entre ellos el Papa Pablo VI, Mons. Oscar Romero y la Madre Ignacia March, fundadora de las “Cruzadas de la Iglesia”, Congregación religiosa presente en Melo.

Con motivo de estas canonizaciones, el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, dedicó un post en su blog Dar y Comunicar en el que describe la relación de su Diócesis con esos tres beatos que a partir del Domingo serán venerados como santos.

                                                           

                                                        LOS NUEVOS SANTOS Y LA DIÓCESIS DE MELO

Amigas, amigos, como muchos de ustedes saben, me encuentro todo este mes de octubre en Roma, participando del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes, convocado por el Papa Francisco.

Este domingo el Papa presidirá la celebración en la que serán canonizados siete nuevos santos. De ellos hay tres que tienen alguna relación con nuestra diócesis: el Papa Pablo VI, Mons. Óscar Romero y la Madre Ignacia March. Ya me extenderé sobre ellos.

Los otros cuatro son:

Un santo joven: Nunzio Sulprizio, que murió en 1836, a los 19 años. Durante su infancia padeció las consecuencias de la pobreza, la enfermedad y el maltrato, especialmente de su tío materno que -desde que fallecieron sus padres-, lo obligó a trabajar como herrero en condiciones inhumanas, las cuales le habrían provocado el tumor óseo que lo llevó a la muerte. Es un ejemplo de santificación en la enfermedad y el trabajo.

El Padre Vincenzo Romano, un sacerdote italiano, de Torre del Greco, cerca de Nápoles. Murió en 1831. Sostuvo en la fe a su gente cuando una erupción del volcán Vesubio arrasó la ciudad. También fue muy cercano a los marineros que pasaban por los peligros y fatigas de la pesca.

La Madre María Katharina Kasper, fue una religiosa alemana que murió en 1898. Venía de una familia campesina y trabajó también como tejedora. Eso la hizo muy cercana a los pobres de su tiempo, a quienes se dedicó con la congregación que fundó, las Pobres Siervas de Jesucristo.

Otro sacerdote italiano, el P. Francesco Spinelli, de la arquidiócesis de Milán, que murió en 1913. Fundó las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, que unían su vida de oración, adorando a Jesús en la Eucaristía día y noche, con el servicio a los hermanos pobres y sufrientes en los que se “revela el rostro de Cristo”.

El Papa Pablo VI, cuyo nombre era Juan Bautista Montini, nació en Brescia, una diócesis italiana que, desde hace 50 años, está muy unida a nuestra diócesis de Melo. Fue elegido Papa en 1963, a la muerte de san Juan XXIII.
Le tocó continuar y culminar el Concilio Ecuménico Vaticano II. Mons. Roberto Cáceres estuvo en más de una ocasión con él.
Los numerosos viajes de san Juan Pablo II dejaron un poco a la sombra los de Pablo VI, que fue, en realidad, el primer papa viajero en nuestros tiempos. Sus salidas no fueron muchas, pero fueron significativas, visitando los cinco continentes. En agosto se cumplieron los 50 años de su visita a América Latina, que fue en Colombia.
Una particular relación con nuestra diócesis la recordamos este año, al recibir en Melo la visita del P. Javier Mori. Este sacerdote fue ordenado junto con otros misioneros por el Papa Pablo VI el 3 de julio de 1966. En la homilía, el Papa concluyó con estas palabras a los nuevos sacerdotes: “Ahora pueden recibir la última palabra: ¡vayan! Prediquen, bauticen… vayan. Cristo los envía, la Iglesia los espera, el mundo está abierto delante de ustedes.

Mons. Óscar Arnulfo Romero murió mártir en El Salvador, el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Eucaristía. La bala de un francotirador lo alcanzó en el momento en que preparaba el altar para hacer la ofrenda. Fue así que, en lugar de presentar a Cristo el pan y el vino, entregó su propia vida como ofrenda.
En Río Branco, por iniciativa del P. Miguel García se construyó una capilla en el barrio Cirilo Olivera, que él quería dedicar a Mons. Romero. En aquel momento la muerte del arzobispo era relativamente reciente; la Iglesia ni siquiera había iniciado una causa de canonización. Mons. Cáceres le sugirió al P. García que la capilla fuera dedicada a los mártires latinoamericanos. Con la beatificación de Mons. Romero en 2015 se agregó al nombre de la capilla el de “Beato Oscar Romero”. Ahora pasará a ser “San Oscar Romero y mártires Latinoamericanos”. Es de destacar que la embajada de El Salvador en Uruguay desde el comienzo valoró este homenaje y de una forma u otra la embajadora y funcionarios se han hecho presentes en Río Branco los 24 de marzo a partir de 2015.

Para el final dejamos a la figura menos conocida, pero a la vez más cercana, porque, así como decimos hoy, hablando de san Juan Pablo II que tuvimos “un santo entre nosotros”, podemos ahora decir que también tuvimos “una santa entre nosotros”.
El 27 de setiembre de 1932 llegó a Melo la hermana Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús o, simplemente, Nazaria March; una religiosa española, fundadora de una congregación que inicialmente se llamó “Hermanas Pontificias” y que hoy son las “Cruzadas de la Iglesia”. Fue Mons. Miguel Paternain quien conoció a Nazaria en Buenos Aires y la invitó a fundar una comunidad de sus hermanas en la diócesis de Melo. La casa que se les ofreció estaba donde hoy se encuentra la parroquia San José Obrero. En aquel tiempo, eso era pleno campo.

Al otro día de llegar a Melo, fueron a ver la casa. A la noche, esto escribió Nazaria en su diario:
A mí me gustó muchísimo, por ser muy pobre y en medio del campo, entre gente bien pobre. Aquella sí que era la Casa-Misión tal como la soñara desde niña, muy lejos del mundo, cuya atmósfera siempre me ha asfixiado.
Aquella buena gente nos rodeó con todo cariño, echaron a vuelo las campanas de la Ermita y nos trajeron pequeños ramitos de flores silvestres. Mi corazón reventaba de emociones… ¡con qué gusto hubiera concretado mi vida en la misión en Melo! ¡Qué feliz me encontraba en Melo! Era para mí la casita ideal de la Cruzada Pontificia. En gran pobreza, en medio de los pobres, lejos de la ciudad, siendo, por otra parte, como el amparo y el consuelo de todas aquellas personas.

La Misión no prosperó, sin embargo. A los dos años falleció una de las hermanas, Bernardina, que fue enterrada en Melo. Después se cerró la casa.
La vida de Nazaria continuó en América, en Argentina y muy especialmente en Bolivia. Hubo un especial recuerdo de ella en el reciente Congreso Misionero realizado en Santa Cruz de la Sierra.

Pido para nuestra diócesis y para todos los que me escuchan la intercesión de estos tres santos que, de una forma u otra, son cercanos a nosotros: san Pablo VI, san Óscar Romero y santa Nazaria March.