Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Mons. Alberto Sanguinetti en Navidad: “Jesús al nacer ilumina todo”

El obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti, anima en Navidad a “que nadie se sienta ajeno a Jesús” sino que se “sepa querido, llamado, abrazado, perdonado” y a “que ese amor lo mueva a la esperanza, a mayor fortaleza, a desplegar también su atención al prójimo que Dios pone a su lado, a ser mejor”. “Que para todos este momento difícil sea ocasión de crecimiento”, augura el pastor. .

En su mensaje Mons. Sanguinetti subraya que “la luz de Cristo, que nace en Navidad, ilumina toda la existencia humana” e insta a mirar con esa luz tres aspectos de la vida humana: la familia, la valoración de ser humano y la fe y el culto.

El obispo reconoce la “entrega de cada uno por los otros” y, de un modo especial, de quienes “asumen mayores responsabilidades en esta emergencia sanitaria”.

“Dios nos viene a buscar en Navidad”, para que nosotros volvamos a Él como hijos al Padre. Por eso, “la Navidad es ocasión para el encuentro con Jesús, para la oración, para escuchar qué piensa Dios de nosotros y de nuestras vidas”, enfatiza el obispo.

Al inicio de su mensaje Mons. Sanguinetti manifiesta su “amor y cercanía a cada uno”, especialmente “en el sufrimiento de sus vidas: unos padecen por enfermedad, otros por los males de sus seres queridos, otros por la pobreza y tantas limitaciones de la vida; también sufrimos las consecuencias de los pecados”.

El obispo de Canelones exhorta a plantearse “¿qué lugar tiene Dios en nuestra vida, qué tiempo le dedicamos?”. “No sea que con tantas preocupaciones aparentemente importantes, o con tantas distracciones, dejemos de lado lo único necesario: la oración y la ofrenda a Dios”, advierte.

JESÚS ILUMINA LA FAMILIA, LA VIDA, EL ROSTRO DEL PADRE

Mons. Sanguinetti anima a iluminar con la luz de Cristo en primer lugar la familia y anima a “revalorizar lo mejor, queramos perdonar y sanar las heridas, seamos agradecidos, crezcamos en amor y respeto los unos por los otros”.

“En un mundo que está destrozando la familia, la Navidad es un llamado a valorar la familia como institución, según Dios la ha creado y Cristo la ha renovado”, señala. El obispo resalta que “es necesario mostrar el matrimonio y la familia en su modelo más elevado, más bello y santo, más generoso y exigente, más casto y puro, para que sepan y quieran construir familias según la mejor vocación humana”. “Es bueno mostrar que es posible y que es saludable vivir la vida familiar y conyugal en obediencia a los mandamientos divinos, guiados por el amor y la cruz de Cristo”, destaca.

“En segundo lugar, la Navidad trae consigo la valoración del ser humano, de cada ser humano, por ser imagen de Dios, rescatado y elevado por Jesús”, subraya el obispo. “Esta valoración mueve primeramente al respeto de cada hombre. Respeto de cada ser humano concebido. Respeto de la dignidad del ser humano cuando está enfermo o degradado. Respeto y cuidado de los demás. La vida humana es sagrada e inviolable”, puntualiza.

Mons. Sanguinetti opina que “la pérdida del valor del ser humano en sí mismo es patente” y considera “contradictoria la lucha contra la pandemia y, al mismo tiempo, la provocación de muertes inocentes en el seno materno”.

“El olvido de la Navidad de Jesús lleva a que se celebre como un adelanto de la libertad humana el suprimir la propia vida, si ya no parece merecedora de existencia”, advierte Mons. Sanguinetti. “La vida se considera indigna y llaman muerte digna al homicidio o el suicidio. ¡Qué impíos los que celebran las leyes de eutanasia! Saben cómo esa ley será una presión para que gente mayor, o débil, se sienta que molesta, que ya no sirve, y pida ser suprimida. Saben que fomentará el suicidio, especialmente entre los jóvenes”, expresa.

En tercer lugar, Mons. Sanguinetti recuerda que “la Navidad es un llamado del Dios vivo, a la fe y al culto de Dios”. “Las tinieblas están oscureciendo la mente de los hombres, la cultura, el pensamiento, como para que no vea que es creado por Dios y su fin es Dios mismo. Con orgullo se niega a Dios. Con ceguera se oculta a Jesucristo. Sin  embargo, darle culto a Dios es la mayor dignidad del ser humano y de la sociedad entera. Sin el culto al Dios vivo, no hay verdadera y plena libertad”, enfatiza.

En el último tramo de su mensaje, el obispo de Canelones destaca que “para los católicos, la Navidad está totalmente ligada con la Santa Misa, con la Eucaristía”. “Como es real que el Hijo de Dios nació hombre de Santa María Virgen; que vivió entre nosotros, murió y resucitó, así de real es su presencia en la hostia consagrada y en el cáliz: es Él. Y es real que en la Misa Él ora y se ofrece por nosotros al Padre. Así, pues, la Navidad y la Santa Misa son una misma realidad”.

Por último, Mons. Sanguinetti invita en Navidad a recordar “nuestra última comunión, aunque sea lejana, y preparémonos para una próxima, por la confesión, por la renovación del amor y obediencia a Dios”. “Si nunca hemos comulgado, pidámosle a Jesús, que en la Iglesia nos lleve a conocerlo, a prepararnos para la Sagrada Comunión”, anima.

 

MENSAJE DE NAVIDAD – 2020
de  Mons. Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones

A todos los fieles católicos de Canelones, a todos los amigos y compañeros de camino en esta tierra.

Como siempre en la Navidad, día del Nacimiento de Jesucristo según la carne, son muchos los sentimientos y las ideas que se agolpan en el corazón.

Antes que nada quiero manifestarles mi amor y cercanía a cada uno, especialmente en el sufrimiento de sus vidas: unos padecen por enfermedad, otros por los males de sus seres queridos, otros por la pobreza y tantas limitaciones de la vida; también sufrimos las consecuencias de los pecados. Pienso en la entrega de cada uno por los otros y, de un modo especial, tenemos presente a los que asumen mayores responsabilidades en esta emergencia sanitaria.

A cada uno quiero acercarme, acompañarlo y llevarlo a Jesús, Hijo Eterno de Dios y verdadero Dios, que se acercó a nosotros naciendo de María la Virgen, tomó sobre sí nuestra miseria, nuestros dolores, nuestros pecados, nuestras alegrías y esperanzas.

Por eso, que nadie se sienta ajeno a Jesús, al contrario cada uno se sepa querido, llamado, abrazado, perdonado por Dios, el Padre de Jesucristo. Y que ese amor lo mueva a la esperanza, a mayor fortaleza, a desplegar también su atención al prójimo que Dios pone a su lado, a ser mejor. Que para todos este momento difícil sea ocasión de crecimiento.

La luz de Cristo, que nace en Navidad, ilumina toda la existencia humana. Con esa luz, quiero mirar con ustedes tres aspectos de la vida humana.

En primer lugar la familia. En la familia que tenemos busquemos revalorizar lo mejor, queramos perdonar y sanar las heridas, seamos agradecidos, crezcamos en amor y respeto los unos por los otros.

En un mundo que está destrozando la familia, la Navidad es un llamado a valorar la familia como institución, según Dios la ha creado y Cristo la ha renovado. Nuestros niños y adolescentes, jóvenes y adultos, todos tienen derecho a que se les muestre a qué estamos llamados para formar familias sanas y santas. Es necesario mostrar el matrimonio y la familia en su modelo más elevado, más bello y santo, más generoso y exigente, más casto y puro, para que sepan y quieran construir familias según la mejor vocación humana. Es bueno mostrar que es posible y que es saludable vivir la vida familiar y conyugal en obediencia a los mandamientos divinos, guiados por el amor y la cruz de Cristo.

Que Jesús, María y José bendigan y alientan a todas las familias y a los que quieren formar nuevas familias.

En segundo lugar la Navidad trae consigo la valoración del ser humano, de cada ser humano, por ser imagen de Dios, rescatado y elevado por Jesús. Esta valoración mueve primeramente al respeto de cada hombre. Respeto de cada ser humano concebido. Respeto de la dignidad del ser humano cuando está enfermo o degradado. Respeto y cuidado de los demás. La vida humana es sagrada e inviolable.

La pérdida del valor del ser humano en sí mismo es patente. Es contradictoria la lucha contra la pandemia y, al mismo tiempo, la provocación de muertes inocentes en el seno materno. Esto acostumbra a pensar que no es nadie, el  que no tiene cómo defenderse.

El olvido de la Navidad de Jesús lleva a que se celebre como un adelanto de la libertad humana el suprimir la propia vida, si ya no parece merecedora de existencia. La vida se considera indigna y llaman muerte digna al homicidio o el suicidio. ¡Qué impíos los que celebran las leyes de eutanasia! Saben cómo esa ley será una presión para que gente mayor, o débil, se sienta que molesta, que ya no sirve, y pida ser suprimida. Saben que fomentará el suicidio, especialmente entre los jóvenes. Esto lo prueba la evolución en los países pseudoavanzados que ven cómo aumenta el suicidio, la muerte a pedido y la oferta para producirla. ¡Qué faltos de compasión aunque argumenten con algunos casos dolorosos! El Niño Jesús nos haga respetuosos y defensores, cuidadores, de la vida de todo ser humano.

En tercer lugar, y no el menos importante. La Navidad es un llamado del Dios vivo, a la fe y al culto de Dios. Las tinieblas están oscureciendo la mente de los hombres, la cultura, el pensamiento, como para que no vea que es creado por Dios y su fin es Dios mismo. Con orgullo se niega a Dios. Con ceguera se oculta a Jesucristo. Sin  embargo, darle culto a Dios es la mayor dignidad del ser humano y de la sociedad entera. Sin el culto al Dios vivo, no hay verdadera y plena libertad.

Dios nos viene a buscar en Navidad, para que nosotros volvamos a Dios, como hijos al Padre. Por eso, la Navidad es ocasión para el encuentro con Jesús, para la oración, para escuchar qué piensa Dios de nosotros y de nuestras vidas. Para entregarnos a Dios ¿Qué lugar tiene Dios en nuestra vida, qué tiempo le dedicamos?  No sea que con tantas preocupaciones aparentemente importantes, o con tantas distracciones, dejemos de lado lo único necesario: la oración y la ofrenda a Dios.

Para los cristianos la Navidad es una invitación a reconocer nuestra dignidad de bautizados. Dios se ha hecho hombre, para que nosotros participemos de la vida de Dios. ¿Cómo vivimos nuestra dignidad de bautizados, de hijos de Dios, y sus exigencias?

Para los católicos, la Navidad está totalmente ligada con la Santa Misa, con la Eucaristía. Como es real que el Hijo de Dios nació hombre de Santa María Virgen; que vivió entre nosotros, murió y resucitó, así de real es su presencia en la hostia consagrada y en el cáliz: es Él. Y es real que en la Misa Él ora y se ofrece por nosotros al Padre. Así, pues, la Navidad y la Santa Misa son una misma realidad.

Por ello, también en Navidad recordemos nuestra última comunión, aunque sea lejana, y preparémonos para una próxima, por la confesión, por la renovación del amor y obediencia a Dios. Si nunca hemos comulgado, pidámosle a Jesús, que en la Iglesia nos lleve a conocerlo, a prepararnos para la Sagrada Comunión.

Que con la bondad de María, con la fe de José, con la humildad y obediencia de los pastores, con la búsqueda inteligente de los magos, con todos los santos, con todos los hermanos, nos acerquemos a Jesús, para recibirlo en nuestras vidas, para dejarnos iluminar por un rayo de su luz.

Para todos, ¡Felices y santas Pascuas de Navidad!

+ Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones.