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Noticeu “Los llevo en el corazón, rezo diariamente por Canelones, estoy al servicio de todos hasta que el Señor me llame”: Mons. Alberto Sanguinetti en su carta de despedida como III obispo de Canelones

 

Mons. Alberto Sanguinetti se despide como III obispo de Canelones con una carta dirigida a quienes “peregrinan en esta Iglesia de Canelones, bajo el amparo de Santa María la Virgen de Guadalupe”. En su misiva  agradece a Dios “que me trajo al servicio de esta tierra y de su gente”, reconoce el aporte de los distintos miembros de la Iglesia y de la sociedad civil al tiempo que repasa los acentos de su servicio.

“Hace 11 años, cuando recién consagrado obispo me senté en esta cátedra, les dije: “No quiero hablar de otra cosa que de Jesucristo, de su verdad, de su amor, de su belleza, que se refleja y se nos comunica en la Santa Iglesia”. Esta iglesia se llama catedral, porque tiene la cátedra del obispo, desde donde él enseña. Poniendo la confianza en la gracia de Dios, sabiendo que su fuerza triunfa en la debilidad, procuré cumplir la enseñanza de San Pablo a su cercano colaborador Timoteo: “predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, rebatiendo, reprendiendo o aconsejando, siempre con paciencia y doctrina” (2 Tim 4,2)”, comienza expresando el obispo quien hoy es Administrador Apostólico de la diócesis..

En su carta agradece “a todos los que como un solo cuerpo en la Iglesia han colaborado en el anuncio del Evangelio de Cristo crucificado, tanto de palabra, como de obra” y tiene palabras para con los sacerdotes, los diáconos, las monjas de clausura,  los religiosos y los fieles”.

“Nuestra Iglesia es pobre en muchos sentidos y está enriquecida por dones de Dios y vive por la dedicación de sus miembros. ¡Qué admirable la entrega de tantos fieles de Cristo! “, enfatiza.

Repasando su servicio, señala que “las tareas son muchas y variadas”. Mons. Sanguinetti destaca “el servicio de la catequesis”: “A él me entregué con toda el alma y son multitud los catequistas, laicos, religiosas, diáconos y sacerdotes. Sin duda, reconozco, como en otros ámbitos, la prevalencia numérica y generosa de las mujeres”.

“También miro el enorme esfuerzo llevado adelante en la educación católica”, subraya y agrega: “La cuidé con amor. Es un bien para los alumnos, las familias y la sociedad toda, que da un aporte particular”.

“La Sagrada Liturgia, como lo saben, es el centro de la realidad de la Iglesia: es Cristo crucificado y glorioso obrando por el Espíritu y asociando consigo a la Iglesia. Conozco muy bien la variedad de opiniones y el valor relativo de muchas de ellas. Con el corazón en la mano afirmo haber sido fiel a lo que la Iglesia me entregó y me encargó en la ordenación episcopal, que no es otro que el don de la Tradición Apostólica, en la que se incluye el Concilio Vaticano II”, manifiesta.

Asegura que en nada le ha interesado “un triunfo personal, ni una idea mía, sino que el Pueblo de Dios reciba lo que le pertenece según el designio de Dios, sea iniciado en lo que la Iglesia vive en la fe recibida de los Santos Padres, y pueda gozar de los bienes para los que fue elegido por Dios, nuestro Padre”. “Me alegro muchísimo de las riquezas compartidas”, comparte.

Mons. Sanguinetti anima a no dejar “de proclamar por todas partes las maravillas de Dios! ¡Alimentemos a los niños y adolescentes con la riqueza de la Palabra divina, con la sabiduría de la Liturgia de la Iglesia, con el ejemplo de los santos!”. “Ellos son capaces, los niños y adolescentes, de entrar en el amor de Dios: no les pongamos límites”, asevera.

A los jóvenes los invita a no dejarse “ganar por la desesperanza, nunca bajen el nivel del llamado del Señor. Descubran en toda su vida ese llamado, que es la razón de la existencia”. “Por eso toda pastoral juvenil ha de ser vocacional, a la escucha del Señor y en su seguimiento, según el llamado común a la santidad y el llamado específico al estado y la forma de vida, en la vida de trabajo, el matrimonio y la familia, en la vida religiosa”, puntualiza. En este sentido, el obispo recuerda su “exigente dedicación” con las vocaciones sacerdotales, “que están en el corazón de la Iglesia”.

En su mensaje Mons. Sanguinetti reconoce el aporte de “la multitud de personas de Canelones, que hacen posible la vida en esta sociedad: los diferentes servicios, públicos y privados, de la salud, de la casa y la alimentación, de la educación, el arte y la técnica, los gobernantes y la policía, a los comunicadores y toda la prensa”. “Todo ello ha sido parte de este caminar y con ellos hemos tenido contacto y trato fructuoso”.

En su despedida el obispo explicita su cercanía “a todos los que sufren, a los enfermos, a los que están solos, los presos a quienes muchas veces visité, a las familias con sus angustias. A todos llevo en mi corazón de padre”

.“Pueblo de Canelones, Dios te cuide y te guarde. Tú sé agradecido y edifica tu vida según la sabiduría de los mandamientos divinos y la confianza en la misericordia del Padre. Iglesia de Dios en Canelones, seas bendita en tus miembros. El Espíritu Santo te dé la perseverancia y la fidelidad. Mantente unida en la fe, la esperanza y la caridad, en la palabra y los sacramentos, en torno al nuevo obispo Heriberto, que es principio visible de la unidad de la Iglesia local”.

Carta de despedida de Mons. Alberto Sanguinetti como III obispo de Canelones