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Juntos para cuidar: intervenciones en espacios eclesiales y sociales

El II Encuentro Nacional de Prevención en Uruguay se realizó los días 16 y 17 de mayo de 2026, en el Seminario Interdiocesano Cristo Rey, bajo el lema “Juntos para cuidar: intervenciones en espacios eclesiales y sociales”. La convocatoria, impulsada por la Comisión Nacional de Prevención de Abusos de la Conferencia Episcopal del Uruguay, buscó responder a una pregunta concreta y urgente: qué hacer ante situaciones de abuso, avanzando como Iglesia en una cultura del cuidado, la prevención, la escucha y la intervención responsable.

El encuentro reunió a referentes de diócesis, vida consagrada, movimientos, seminarios, comisiones de la CEU, AUDEC, equipos de capacitación y dispositivos de escucha. A lo largo de las jornadas se integraron distintas miradas —salud mental, derecho, trabajo social, experiencia eclesial, comunicación y pedagogía preventiva— con espacios de trabajo personal y grupal que permitieron pensar pasos concretos para cada realidad eclesial.

Magdalena García Trovero — escuchar, creer y reparar a tiempo

La doctora Magdalena García Trovero insistió en una idea clave: cuando un niño, niña o adolescente habla, hay que escucharlo y creerle. El relato suele aparecer con palabras simples, indirectas, propias de su edad; por eso, la primera respuesta del adulto puede abrir un camino de cuidado o profundizar el daño.

Explicó que el abuso sexual infantil puede ser una herida muy profunda en el desarrollo, porque afecta un psiquismo y un cerebro todavía en construcción. Muchas conductas difíciles —miedo, enojo, bloqueo, problemas de aprendizaje o vínculos— no deben leerse solo como “mala conducta”, sino como señales de un niño en modo sobrevivencia.

Su aporte abrió también una perspectiva esperanzadora: el daño puede repararse. La escucha sensible, la pronta intervención, el buen trato, los vínculos seguros y una comunidad preparada para actuar pueden cambiar el destino de un niño. Cuidar, creer y acompañar a tiempo puede transformar una herida grave en un camino posible de sanación.

Marcelo Cervini — marco legal uruguayo

El abogado Marcelo Cervini aportó la mirada del derecho y recordó que, ante situaciones de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes, las instituciones que trabajan con ellos tienen la obligación de actuar y comunicar a las autoridades competentes. Su exposición ayudó a ordenar el marco normativo uruguayo y a distinguir entre lo penal, lo procesal y lo institucional.

Desde su experiencia, subrayó que el sistema de justicia es necesario, pero también imperfecto: puede proteger, investigar y sancionar, pero también corre el riesgo de revictimizar si no actúa con cuidado. Por eso insistió en la importancia de denuncias claras, responsables y bien orientadas, sin pretender que quienes reciben un relato se transformen en jueces o fiscales.

Su aporte dejó un desafío concreto: no mirar para otro lado, no actuar en soledad y buscar asesoramiento adecuado. La oportunidad está en seguir construyendo una respuesta institucional seria, que combine justicia, protección, verdad y cuidado de todas las personas involucradas.

María Noel Oholeguy y Lucía Avellanal — trabajo social y abordaje interinstitucional

María Noel Oholeguy y Lucía Avellanal aportaron la mirada del trabajo social, poniendo el foco en el territorio, las familias, las instituciones y las redes de protección. Recordaron que las situaciones de violencia sexual son siempre graves y que la prioridad debe ser proteger al niño, niña o adolescente, evitando improvisaciones y respuestas aisladas.

Su ponencia mostró la importancia de conocer las rutas existentes: INAU, SIPIAV, salud, educación, comités de recepción local, Fiscalía, juzgados y otros actores que deben articularse. También insistieron en algo muy concreto: escuchar sin interrumpir, creer sin minimizar, registrar con fidelidad, no presionar, no actuar impulsivamente y activar la ruta adecuada.

Desde esta perspectiva, la primera respuesta puede ser ya reparadora. Cuando una comunidad escucha bien, acompaña, protege y trabaja en red, puede ayudar a romper silencios y abrir caminos de sanación. Esto implica formar adultos referentes, cuidar las instituciones y asumir que la protección no es tarea de especialistas aislados, sino de toda la comunidad.

Pilar Ramírez — experiencia chilena y recepción de denuncias intraeclesiales

Pilar Ramírez, desde la experiencia de la Conferencia Episcopal Chilena, compartió un aprendizaje nacido de una crisis dolorosa: la Iglesia necesita espacios claros, accesibles y confiables para recibir denuncias y escuchar a las víctimas. No se trata solo de tener una oficina o un correo, sino de ofrecer un lugar donde la persona herida pueda ser acogida con respeto, verdad y delicadeza.

Su aporte fue muy concreto: cuidar quién escucha, cómo escucha, dónde se recibe a la persona, cuánto tiempo se le da, cómo se registra el relato y cómo se evita cualquier nueva herida. Insistió en que las víctimas enseñaron a la Iglesia a escuchar mejor, y que cada detalle importa: los símbolos, los espacios físicos, la confidencialidad, los tiempos y la posibilidad de que la persona recupere algo de control sobre su propio proceso.

La experiencia chilena muestra que el dolor puede convertirse en camino de responsabilidad, prevención y servicio. Para Uruguay aparece una oportunidad valiosa: seguir formando equipos, crear canales confiables, trabajar con protocolos y fortalecer una cultura eclesial donde escuchar, cuidar y actuar bien sea parte de la misión.

María José Pastorino — habilitar conversaciones sanas para cuidar mejor

La ponencia de María José Pastorino aportó la mirada de la comunicación como dimensión transversal de todo el camino de prevención. Planteó que denunciar, escuchar, informar, conversar, elaborar informes y acompañar procesos son también actos comunicativos; por eso, construir una cultura del cuidado exige aprender a hablar de lo difícil de un modo sano, claro y responsable.

Su exposición invitó a animarse a hablar de los abusos sin negar, minimizar ni pasar rápido la página, pero tampoco desde una lógica destructiva o defensiva. En la Iglesia, el desafío no es solo reconocer que hubo abusos, sino también revisar las formas de encubrimiento, negligencia o mala comunicación que han herido a víctimas, familias, comunidades y a la sociedad.

El camino posible es aprender otro modo de comunicarnos: más transparente, más humilde, más evangélico y más centrado en las víctimas. Habilitar conversaciones sanas permite no esconder el dolor, fortalecer la confianza, reparar vínculos y asumir la responsabilidad común de cuidar.

Programa CLAVES — prevenir es desarrollar fortalezas

La propuesta pedagógica del Programa CLAVES, de Juventud para Cristo Uruguay, puso el foco en la prevención como punto de partida del abordaje integral. La idea central fue clara: prevenir es anticiparse para que el abuso no ocurra y, si ocurre, poder actuar lo antes posible, porque la detección rápida, la escucha y la credibilidad dada al niño pueden cambiar decisivamente el pronóstico.

Desde su experiencia, CLAVES subrayó que la prevención no consiste solo en evitar riesgos, sino en desarrollar fortalezas protectoras en niños, niñas y adolescentes. Promover buenos tratos, vínculos seguros, límites no violentos, educación afectivo-sexual adecuada, sentido de trascendencia y adultos significativos ayuda a construir niños más fuertes, con más recursos para pedir ayuda y menos vulnerables frente a situaciones de abuso.

La ponencia recordó que todos podemos ser parte de ese “muro” protector. La familia, la escuela, la catequesis, los centros juveniles, los clubes de niños, las parroquias y cada comunidad pueden ofrecer buenos tratos y certeza de protección. Prevenir no es una tarea accesoria, sino una forma concreta de evangelizar cuidando la vida.

Resonancias de las puestas en común — seguir caminando como Iglesia

Las puestas en común del sábado y del domingo mostraron que el encuentro no fue solo un espacio de formación, sino también de discernimiento eclesial. Aparecieron con fuerza palabras como formación, escucha activa, trabajo en red, compromiso, vínculos sanos, corresponsabilidad, esperanza y prevención. También se destacó la necesidad de “afinar el oído, la vista y el corazón”, formar equipos de referencia y dar a conocer mejor los recursos existentes.

Los grupos valoraron el camino recorrido por la Comisión y señalaron pasos concretos: seguir formando y sensibilizando, conocer mejor los protocolos, fortalecer los espacios de escucha, trabajar en red, llegar al interior, adaptar las propuestas a cada territorio y comunicar mejor los dispositivos disponibles. En algunas realidades, incluso se planteó la constitución de equipos diocesanos y el trabajo por zonas para escuchar necesidades y ordenar respuestas.

El cierre dejó una convicción común: no estamos solos y seguimos caminando juntos para cuidar. El encuentro permitió reconocer avances, pero también desafíos abiertos: comunicar mejor, divulgar recursos, capacitar más, fortalecer centros de escucha, crear protocolos vivos y seguir poniendo en el centro a las personas más vulnerables. La esperanza está en que cada paso, aunque sea pequeño, ayuda a construir una Iglesia más atenta, más responsable y más cuidadora.