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I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

Noticeu “Hacer camino juntos”: Mons. Heriberto Bodeant asumió como obispo de Canelones 

 

Al dar inicio a su ministerio pastoral como IV obispo de Canelones, Mons. Heriberto Bodeant invitó a la comunidad católica canaria  “a hacer camino juntos, en comunión, como testigos de la fe en medio de nuestros vecinos y vecinas”.

En este sentido les propuso ponerse todos “a la escucha de la Palabra de Dios, a la escucha de nuestro pueblo, escuchándonos entre nosotros, fortaleciendo la vida y los procesos de nuestras comunidades, movimientos y servicios, pero, sobre todo, dejándonos llenar de la compasión de Jesús hacia todos aquellos que hoy padecen de distintas maneras; personas con las que él mismo se identifica y en las que nos presenta su rostro sufriente”.

Mons. Bodeant asumió su nueva diócesis en la misa celebrada en la Iglesia Catedral y Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe en condiciones extraordinarias debido las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus. Entre los concelebrantes se encontraban el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla (Arzobispo de Montevideo), el  Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Martin Krebs, obispos de otras Diócesis y sacerdotes.

Al comienzo de la celebración, Mons. Martin Krebs, representante del Papa en el Uruguay, dio lectura del documento por el que el Santo Padre Francisco nombra a Mons. Bodeant como IV obispo de la Diócesis de Canelones.

El Arzobispo de Montevideo le entregó a Mons. Bodeant  el báculo pastoral del primer obispo de la Diócesis, Mons. Orestes Nuti y lo guió a su Cátedra desde donde presidirá las celebraciones litúrgicas e instruirá a todos en la fe.

El obispo auxiliar de Canelones, Mons. Hermes Garín, brindó al flamante obispo, en representación de la Diócesis, el saludo de Todo el Pueblo de Dios como signo de bienvenida, respeto y disponibilidad. “Es con gran alegría que te recibimos en esta nueva diócesis que vamos a compartir”, comenzó diciéndole. “Lo fundamental para los curas es haberse sentido escuchado. Escuchar para después juntos poder confluir esa es la gran misión que el Señor te confía: ser escucha del pueblo de Dios y de los curas para ayudarnos a construir esta familia diocesana manteniendo firme tu mirada en el Señor” y “ayudarnos a mirar la realidad desde la mirada de Dios”, le dijo a su nuevo pastor Mons. Garín. Luego saludaron a su nuevo obispo un sacerdote, un diácono, una religiosa y un laico.

Las lecturas de la Palabra de Dios fueron proclamadas en esta celebración por miembros de la nueva Diócesis y de un representante de la Diócesis de Melo de la que procede el pastor.

TODOS HERMANOS

Al inicio de su homilía el nuevo obispo de Canelones saludó a los presentes y los que se encontraban siguiendo la celebración a través de sus pantallas “con ese sueño de fraternidad universal que el Papa Francisco expresa en su encíclica Fratelli tutti: todos hermanos”.

“Al iniciar mi ministerio pastoral en la Diócesis de Canelones, recibo con gratitud el legado que me entrega Mons. Alberto Sanguinetti, en la huella que abrió en 1962 Mons. Orestes Nuti y que continuó luego Mons. Orlando Romero”, expresó Mons. Bodeant.

Luego, el obispo hizo una anécdota sobre un encuentro que en los años 80 sostuvo con Mons. Nuti, siendo un seminarista de Salto que hacía su práctica pastoral en Paso Carrasco. “Mons. Nuti llegó de visita a la parroquia. Él sabía que yo pertenecía a otra diócesis… me miró y me dijo: `Vos no sos de este redil, pero podés cambiar’. No sé si él siguió trabajando en esa idea; pero sí así hubiera sido, podemos decir que, 40 años después, lo consiguió. Lo que seguramente no podía imaginar es que un día, al igual que él, viniendo desde Melo, yo llegaría a esta catedral para recibir el báculo con que inició su pastoreo en este redil”.

Comentando el Evangelio de este domingo (Lc 24, 35-48) que narra el encuentro de Jesús Resucitado con los discípulos y ante el miedo y la turbación de los mismos, Él les regala la paz y la alegría,  el obispo destaca que “el Señor es la alegría de los discípulos. El Señor es nuestra alegría”.

“No es fácil hablar de alegría en medio de la situación que estamos viviendo, rodeados por la enfermedad, la muerte y las demás consecuencias de esta pandemia; algunas de las cuales todavía no llegamos a ver totalmente. Ya nadie en el Uruguay puede sentirse lejos de lo que está sucediendo”, dijo.

“Nadie está lejos en esta pandemia. Nadie está lejos de la enfermedad y ninguno de nosotros escapa al menos a algunas de las distintas consecuencias que ya nos ha traído y nos seguirá trayendo.Tocados así por angustias y sufrimientos ¿cómo hablar de alegría?”, planteó Mons. Bodeant. “Pero el sufrimiento humano no comenzó en marzo de 2020. La enfermedad y la muerte, la pobreza y la exclusión, la guerra y la violencia acompañan toda la historia de la humanidad”, señaló. “Con Jesús crucificado, abandonado y sepultado, parecían morir todas las esperanzas” sin embargo, “a pesar de los acontecimientos dolorosos que transitamos “los cristianos creemos que el dolor y la muerte no tienen la última palabra”, subrayó.

“Asumiendo el dolor a la luz de la cruz, reconociendo y amando a Jesús abandonado y sufriente en cada hermano y hermana -y en nosotros mismos, que somos pecadores-, encontramos una alegría que no es superficial ni impuesta desde fuera, sino que es auténtica, profunda… alegría que surge del encuentro con Jesucristo y surge del encuentro con Jesucristo crucificado y resucitado”, afirmó Mons. Bodeant.

El nuevo obispo de Canelones invitó a toda la comunidad diocesana “a hacer camino juntos, en comunión, como testigos de la fe en medio de nuestros vecinos y vecinas”. Y explicitó un modo de lograrlo: “Poniéndonos todos a la escucha de la Palabra de Dios, a la escucha de nuestro pueblo, y escuchándonos entre nosotros, fortaleciendo la vida y los procesos de nuestras comunidades, movimientos y servicios, pero, sobre todo, dejándonos llenar de la compasión de Jesús hacia todos aquellos que hoy padecen de distintas maneras; personas con las que él mismo se identifica y en las que nos presenta su rostro sufriente”.

Mons. Bodeant instó a hacer camino también con el resto de la Iglesia que peregrina en Uruguay y en América Latina y el Caribe, atentos a las orientaciones pastorales de la CEU y participando en el itinerario hacia la Asamblea Eclesial de América Latina.

Al finalizar su prédica, Mons. Bodeant invitó a volver “la mirada a San José y a Santa María. A José, que amó a Jesús con corazón de padre, para pedirle, especialmente en este año dedicado a él, su protección y guía para nuestra Iglesia diocesana”. “A María, Nuestra Señora de Guadalupe, que en esta hora de aflicción vuelve a decirnos una vez más: ‘¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?’ le confiamos todos los habitantes del solar canario y de nuestra Patria. Que en ella encontremos siempre consuelo y alegría”.

Luego de la Comunión, el Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), Mons. Arturo Fajardo (obispo de Salto), hizo uso de la palabra para dirigirse a Mons. Krebs quien deja su servicio en Uruguay para representar al papa en un nuevo destino, Suiza. Mons. Fajardo le agradeció al Nuncio Apostólico su servicio en nuestro país y sus gestos de fraternidad y le pidió que siga rezando por nosotros, al tiempo que le entregó un obsequio en nombre de la CEU. Mons. Krebs, por su parte, aseguró que se lleva “hermosos recuerdos de Uruguay” y agradeció “a todos”.

La celebración culminó con el canto del Himno a la Virgen de Guadalupe y la bendición impartida por el nuevo obispo de Canelones. .

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