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Mons. Pablo Galimberti “Gesto profético: El 8,8% por la vida que empieza”: Columna de Mons. Pablo Galimberti

El resultado de la consulta del pasado Domingo 23 de junio, cuyo objetivo era llegar a los 655.193 votos para habilitar una consulta popular sobre la ley que despenaliza el aborto, fue claramente insuficiente.

Por lo tanto, la ley que despenaliza el aborto, aprobada el año pasado por la mínima diferencia del voto de un legislador del Partido Independiente, que logró su minuto de fama, sigue en pie.

Los puntos de vista para evaluar la jornada dependen, como es obvio, de la mirada del observador. Cada quien, como suele decirse, opina sobre una competencia hípica según la suerte de su pingo favorito.

El 8,8% es, a primera vista, escasísimo. Y la explicación no la tiene el invierno, que nos dio una tregua y permitió que el sol nos sonriera con su placentera brisa. Tampoco es del fútbol, que ocupó solo una parte de la tarde. La gran diferencia proviene de la fe, que predispone para ver sorpresas donde a veces sólo vemos números. Ante la muchedumbre hambrienta los discípulos, impotentes, dijeron a Jesús: “no tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta gente”.

Según algunos analistas, los partidos políticos no se jugaron con toda su fuerza. A esto respondió Bordaberry expresando que “la gente vota lo que quiere, no lo que decimos”.

Los argumentos a favor del voto esgrimidos por algunos políticos no eran transparentes sobre el tema de fondo. Me hacían pensar en una mesa de billar jugando a la carambola a tres bandas. La vida vale desde el comienzo y esto es tan obvio que hasta el gurisito más pequeño de una familia acerca el oído a la panza de la madre y susurra un secreto a quien oye desde adentro.

No se comprendía la necesidad del voto cuando, como en el caso de Bordaberry o de Jorge Larrañaga, decían: no estamos votando ni en contra ni a favor de la despenalización del aborto; estamos pronunciándonos sobre la oportunidad de interponer un recurso para que la gente laude.

Las expresiones de los líderes políticos no se referían al valor de la vida sino a un mecanismo electoral. Así lo expresaba Bordaberry: “es con alegría que venimos a votar, porque es como un voto doble, uno está votando para habilitar que se vuelva a votar. Es una situación doble en cuanto a la votación y en cuanto a la democracia”. Ejemplo claro de que el núcleo del tema, – el valor de la vida dentro de la madre -, aparecía en segundo lugar.

No fue el caso del ex presidente Dr. Tabaré Vazquez, que dijo: “hay que hacer cosas sin medir los costos políticos”. Mensaje claro que apuntó al fondo de la cuestión. Sus expresiones evocan la decisión mediante la cual interpuso el veto presidencial al proyecto de ley sancionado en el poder legislativo en noviembre de 2008 con el título “Defensa del derecho a la Salud Sexual y Reproductiva”. Esa medida, revolucionaria en el país y en el mundo, le costó al Presidente su desafiliación del Partido Socialista.

Quiero ahora detenerme en un mensaje que recibí apenas conocido el resultado del Domingo: “8,88% El Reino de los Cielos se parece a la levadura que toma una mujer y la mezcla con harina. Al final toda la masa fermenta” (Mateo 13, 33). Lo enviaba un sacerdote de Montevideo y en esas pocas palabras está expresada la fe de los cristianos que el Domingo nos acercamos a las urnas.

Estos gestos, como la mano o el pan o un abrigo o un plato de comida o una moneda o una palabra o tantos otros, son los que cambian la sociedad y nos cambian a nosotros. Los ganadores son los que votaron. Porque una idea, aun la más brillante, cuando no se expresa, se debilita o apaga. Un proyecto que no se comparte, una imagen que el artista no traslada a un mármol, madera o palabras, se desvanecen.

Es elocuente la imagen de la levadura y de la mujer, que como nuestras madres, tantas veces se ensuciaron las manos para servirnos una sabrosa pizza, un pastel y nos expresaron su amor, verdadera levadura para nuestros ánimos decaídos.

Esta es la fe que nos sigue alimentando. Somos el 8 o 9%. La levadura suficiente para dar gusto y esperanza a toda la masa. Esa levadura es nuestra fe, que es la victoria que vence al mundo.

Columna publicada por el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, en el Diario “Cambio” del 28 de junio de 2013