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Noticeu “Fragmentación Social”: Mons. Pablo Galimberti propone otra mirada

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“Ser forjadores de oportunidades y de caminos, en especial para los que parece que ‘tiraron la toalla´”. Esta es la propuesta del Administrador Apostólico de la Diócesis de Salto, Mons. Pablo Galimberti, al reflexionar sobre “la seguidilla” de hechos delictivos que en Salto  “tiene en vilo a comerciantes, familias y vecinos”.

En su columna semanal en el Diario “Cambio” de Salto, el Obispo reconoce que “los orígenes de estos grietas sociales responden a múltiples causas” pero decide profundizar en el la realidad de cómo son reeducados en nuestro país a los que cometen delitos. “Los privados de libertad ¿encuentran oportunidades de rehabilitación?”, plantea. “Las penas impuestas acentúan muchas veces el aspecto punitivo. “No me muestren los palacios, -decía Voltaire-, sino las cárceles; ellas indican el grado de civilización de una nación”, subraya.

Mons. Galimberti explica que “la reflexión de la Iglesia sobre la pena se fundamenta en el aspecto humano del encuentro de dos dolores: el de la víctima que padece el delito y el del verdugo, como consecuencia de sus acciones”. Aludiendo a las palabras pronunciadas por el Papa Francisco a la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal (30/05/14)  comparte que “en nuestras sociedades…tendemos a pensar que los delitos se resuelven cuando se captura y condena al delincuente, sin prestar suficiente atención a la situación en que quedan las víctimas. Sería un error identificar la reparación sólo con el  castigo, confundiendo así la justicia con la venganza, lo cual contribuiría al aumento de la violencia, ahora institucionalizada”.

Mons. Galimberti narra que “hablando a los detenidos en una cárcel de Filadelfia, el Papa Francisco hizo una propuesta a los internos y a toda la sociedad: `Evitemos quedar encerrados en un confort artificial, naturalizando los dolores de los otros´”.

“Comentando la escena evangélica de Jesús lavando los pies a sus discípulos, expresó: `Vivir supone ensuciarse los pies por los caminos polvorientos de la vida. Todos tenemos necesidad de ser lavados. Todos, yo el primero´. Es doloroso constatar, cuando se cree que solo algunos necesitan ser lavados, como no se sabe asumir que su dolor y sus heridas, son también el cansancio, el dolor y las heridas de toda una sociedad”, comparte Mons. Galimberti.

Fragmentación Social

Otra mirada

Mons. Pablo Galimberti

La seguidilla de hechos delictivos en nuestra ciudad tiene en vilo a comerciantes, familias y vecinos, que llega a dilatar el sencillo gusto de entrar a una pizzería y compartir una rueda amistosa. Al salir pensamos en el dinero justo que necesitamos, la calle más segura y la hora más conveniente para regresar. Con la obvia desventaja de quienes viven en zonas periféricas.

El documento de los obispos “Construyamos puentes de fraternidad en una sociedad fragmentada” aborda precisamente la realidad de esas fisuras que nos van distanciando. La otrora sociedad de “cercanías” entró en el libro de “nostalgias”.

Muchos nos preguntamos, señala el documento, por qué “a pesar de las mejoras de los últimos años en los indicadores económicos y del impulso dado a políticas redistributivas, que crearon las condiciones para disminuir el número de familias en situación de pobreza, aún subsisten sectores que no han podido acceder a  niveles de vida digna”.

Otras voces como Ernesto Talvi, Director de CERES (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social) se han sumado para enfatizar el problema de la fragmentación social, que es mucho más grave que la pobreza.

Los orígenes de estos grietas sociales responden a múltiples causas. Voy a detenerme hoy en cómo reeducamos a los que cometen delitos. Los privados de libertad ¿encuentran oportunidades de rehabilitación? Las penas impuestas acentúan muchas veces el aspecto punitivo. “No me muestren los palacios, -decía Voltaire-, sino las cárceles; ellas indican el grado de civilización de una nación”.

La reflexión de la iglesia sobre la pena se fundamenta en el aspecto humano del encuentro de dos dolores: el de la víctima que padece el delito y el del verdugo, como consecuencia de sus acciones. “En nuestras sociedades, decía el Papa Francisco, tendemos a pensar que los delitos se resuelven cuando se captura y condena al delincuente, sin prestar suficiente atención a la situación en que quedan las víctimas. Sería un error identificar la reparación sólo con el  castigo, confundiendo así la justicia con la venganza, lo cual contribuiría al aumento de la violencia, ahora institucionalizada” (A la Asociación latinoamericana de derecho penal. 30/05/14).

Hablando a los detenidos en una cárcel de Filadelfia, el Papa Francisco hizo una propuesta a los internos y a toda la sociedad: “Evitemos quedar encerrados en un confort artificial, naturalizando los dolores de los otros”.

Comentando la escena evangélica de Jesús lavando los pies a sus discípulos, expresó: “Vivir supone ensuciarse los pies por los caminos polvorientos de la vida. Todos tenemos necesidad de ser lavados. Todos, yo el primero”. Es doloroso constatar, cuando se cree que solo algunos necesitan ser lavados, como no se sabe asumir que su dolor y sus heridas, son también el cansancio, el dolor y las heridas de toda una sociedad.

La situación que viven, -expresó el Papa-, solo puede tener una finalidad: tenderles una mano que los ayude a la reinserción social. Una reinserción buscada y deseada por todos: reclusos, familias, funcionarios, políticas sociales y educativas. Una reinserción que beneficia y levanta la moral de toda la comunidad y la sociedad.

Ser forjadores de oportunidades y de caminos, en especial para los que parece que “tiraron la toalla”.

Columna publicada el viernes 17 de agosto de 2018