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Noticeu Entrevista del Quincenario “Entre Todos” con el Nuncio Apostólico

Mons. Krebs durante la entrevista con Entre Todos./ Fuente: Federico Gutiérrez

El pasado 3 de marzo, Mons. Martin Krebs fue nombrado por el Papa Francisco Nuncio Apostólico en Suiza y Liechtenstein. Como sucedió a su llegada a nuestro país, en la segunda mitad de 2018, Entre Todos pudo entrevistar a Mons. Krebs sobre su tiempo de misión diplomática en nuestro país, entre otros temas.

Mons. Krebs, usted ha estado en Uruguay más de dos años, ¿qué imagen se lleva de Uruguay, de su iglesia y de su gente?
Una de las imágenes más memorables de mi estancia en Uruguay tiene su origen, curiosamente, en Buenos Aires. Para la asunción del presidente Fernández, en diciembre de 2019, llegaron juntos el entonces presidente Tabaré Vázquez y su sucesor designado, el actual presidente Luis Lacalle Pou. El ex presidente José Mujica también estuvo presente. Yo mismo asistí a la celebración como representante oficial del Papa Francisco. Nunca olvidaré el momento en que los presidentes Vázquez y Lacalle Pou caminaron del brazo hacia el nuevo presidente argentino y le estrecharon la mano, uno después del otro. A continuación, se colocaron de nuevo a su derecha y a su izquierda para la foto oficial que siguió. El hecho de que los dos presidentes uruguayos fueran tan respetuosos e incluso fraternales entre sí en público, a pesar de sus diferentes orientaciones políticas, me conmovió. Me dio la esperanza de que, a pesar de la polarización política, hay personas en la sociedad uruguaya que han decidido no olvidar nunca que existe una profunda solidaridad, pese a las diferencias políticas, que hace posible conservar la identidad de este país.

Otro ejemplo de esta solidaridad para mí fue la forma en que los dirigentes políticos y los científicos de Uruguay afrontaron la pandemia del Corona. Uruguay estuvo óptimamente preparado para el brote de la pandemia en marzo de 2020, porque el gobierno y los especialistas científicos trabajaron bien juntos, más allá de las fronteras de la orientación política. Otro ejemplo más práctico es que, durante los meses de invierno, a veces veía en varios lugares pequeños envoltorios con comida, bien empaquetados, colocados en la acera, donde las personas necesitadas podían servirse. Tampoco olvidaré nunca las cenas de Navidad que compartí con personas sin hogar después de la misa de Navidad en la Catedral de Montevideo. Estos son solo algunos ejemplos de imágenes que se me han quedado grabadas.

¿Cómo fueron estos dos años de trabajo con el episcopado de nuestro país?
Ha crecido una familiaridad fraternal y siempre respetuosa con los obispos. He podido hacer una visita oficial a la mayoría de las diócesis. Por su parte, los obispos me visitan en la Nunciatura cuando están en Montevideo, lo que me permite mantener un contacto personal con ellos, ya que los contactos habituales suelen ser por escrito y por teléfono. La colaboración con los obispos ha sido bastante intensa en la preparación de los recientes nombramientos episcopales en Salto y Canelones. Sin embargo, no solo hubo una valiosa colaboración de los obispos en la preparación de estos nombramientos; también participaron muchos sacerdotes y laicos, a los que quiero agradecer una vez más su cooperación, asumiendo sus responsabilidades como miembros vivos de la Iglesia. Se sabe que en este asunto el Papa tiene la última palabra. Pero, como se sabe igualmente, es muy importante escuchar lo que piensan y desean los directamente implicados.

Por supuesto, fui invitado a las reuniones plenarias de la Conferencia Episcopal, y también me gustaría despedirme de los obispos en la reunión plenaria de la Conferencia a mediados de abril, si la pandemia lo permite. Además, tengo buenos recuerdos de las celebraciones del seminario en el día de San Juan María Vianney. Y, por supuesto, de grandes acontecimientos, como la ordenación episcopal de Mons. Fernando Gil en Salto y de Mons. Pablo Jourdan en Montevideo. Además, el funeral del inolvidable Mons. Fernando Gil, y el servicio en la fusión de las diócesis de Minas y Maldonado – Punta del Este, con la instalación de Mons. Tróccoli como nuevo obispo.

¿Cómo es la relación diplomática entre la Santa Sede y nuestro país en la actualidad, luego de dos años de labor?
Las relaciones se desarrollan al conocerse mejor. Esto no es diferente en la diplomacia que en otros ámbitos de la vida. Sin embargo, el nuevo embajador de Uruguay ante la Santa Sede, el profesor Guzmán Carriquiry, no necesitaba conocer a los actores de la Santa Sede, porque ya había desempeñado varias tareas en la Santa Sede durante décadas. Con motivo de la presentación de sus cartas credenciales, el 9 de enero de 2021, mantuvo un largo y amigable encuentro con el Santo Padre, y posteriormente, también hubo una reunión con el Cardenal Secretario de Estado y el Secretario de Relaciones con los Estados. Su revista “Entre Todos” informó de ello con detalle en el primer número de febrero.

Desgraciadamente, la pandemia del Corona no permitió celebrar tantas reuniones como hubiera sido posible en condiciones normales; pero, no obstante, más allá de los contactos regulares cotidianos hubo varios momentos particularmente importantes. Entre ellas, la iniciativa conjunta de evaluar el material de archivo de la Conferencia Episcopal y la Santa Sede sobre los desaparecidos en la época de la dictadura militar; la visita de trabajo al Vaticano del vicecanciller del gobierno Vázquez, Ariel Bergamino, en enero de 2019; los encuentros realizados durante la impresionante inauguración del presidente Lacalle Pou con su gobierno el 1 de marzo de 2020, así como la organización de la oración interreligiosa por la Patria, el 2 de marzo de 2020 en la Catedral de Montevideo.

Al mismo tiempo, la Santa Sede y Uruguay no tienen solo relaciones bilaterales, sino también multilaterales. Uruguay es un valioso interlocutor de la Santa Sede en las Naciones Unidas, especialmente cuando se trata de cooperación humanitaria y de cuestiones de derechos humanos.

¿En qué ámbitos destacaría los mayores avances en las relaciones entre Uruguay y la Santa Sede?
El progreso, como ya se ha dicho y demostrado, consiste básicamente en el mejor conocimiento mutuo de los actores políticos y eclesiales. Este progreso también se debe esencialmente a la forma en que las sugerencias del Papa y de la Santa Sede se aplican y experimentan concretamente en Uruguay. Estas sugerencias se reflejan en los esfuerzos de la iglesia local, es decir, de los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de Uruguay, que intentan hacer justicia a su tarea misionera, dentro de las normas de una constitución secular. En mi opinión, también dan importantes aportes algunas publicaciones como su revista, que aprecio mucho. Ustedes informan de las actividades del Papa y de la Santa Sede; pero también de las actividades de la iglesia en Uruguay, que directa o indirectamente tienen también un significado político.

¿Cuáles son los temas en los que más trabaja la diplomacia vaticana en la actualidad; cuáles son los desafíos más urgentes?
Hace algunas semanas, el Papa invitó a una reunión, como hace cada año, a todos los embajadores acreditados ante la Santa Sede. La reunión tuvo lugar el 8 de febrero en la Sala de las Bendiciones del Vaticano. El discurso que el Papa pronunció en la reunión ofrece una visión general de los diversos temas de política internacional en los que la Santa Sede está actualmente comprometida en forma especial. El Papa los agrupó en los siguientes cuatro campos: Crisis sanitaria, Crisis ambiental, Crisis económica y social y Crisis de la política. Al final, el Papa ha mencionado “una última crisis que, entre todas, es tal vez la más grave: la crisis de las relaciones humanas, expresión de una crisis antropológica general, que concierne a la misma concepción de la persona humana y su dignidad trascendente”. De este ámbito, menciona tres áreas en las que la actual pandemia ha agravado las dificultades: lo que llama la “catástrofe educativa”; luego, la vida de las familias, donde el problema de la violencia doméstica ha vuelto a intensificarse; y el tema de la libertad religiosa.

El acontecimiento más importante de los últimos tiempos para la diplomacia vaticana fue la visita del Papa Francisco a Irak hace tres semanas, del 5 al 8 de marzo de 2021. El viaje tuvo una importancia considerable para el camino hacia la futura paz en Oriente Medio, para abordar la crisis de los refugiados y para el diálogo y la cooperación entre cristianos y musulmanes. El trasfondo de este viaje es la encíclica “Fratelli tutti”, que describe de forma impresionante los esfuerzos del Santo Padre y de toda la Santa Sede por la paz.

¿Cómo fue el momento en que se enteró de su nuevo destino?
Por supuesto, me sorprendió un poco, porque el período de servicio de un nuncio suele ser más largo que los dos años y medio que pasé en Uruguay. Pero aún más me alegró la confianza que el Santo Padre ha depositado en mí con este nombramiento. Por supuesto, sabía que no me enviaría a Suiza y Liechtenstein para unas vacaciones….

Su nueva misión será como Nuncio Apostólico en Suiza y Liechtenstein, ¿qué conoce de la realidad de estos países, ambos tan cercanos a su tierra natal y que hablan su idioma materno?
Aunque Alemania y Suiza son vecinos, las diferencias entre ambos son significativas. Alemania es miembro de la Unión Europea, mientras que Suiza ha dado gran importancia a su independencia política y económica durante muchos siglos. Una consecuencia de la tradicional neutralidad suiza es que muchas agencias de las Naciones Unidas tienen su sede en Ginebra. Por lo tanto, otro nuncio trabaja en Ginebra para la Santa Sede, ocupándose de asuntos multilaterales, en calidad de “Observador Permanente” ante la Organización de las Naciones Unidas. Tiene tareas similares al nuncio acreditado ante la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York.

Pero no solo el gobierno central suizo da importancia a su independencia frente a otros países. Los niveles regional y local también son relativamente independientes del gobierno central; los ciudadanos tienen un alto grado de autorresponsabilidad y su voz es escuchada. De acuerdo con esto, hay cuatro lenguas nacionales oficiales, que se hablan principalmente en las distintas regiones del país y tienen el mismo estatus: francés, alemán, italiano y romanche.

Un tipo de autonomía similar se encuentra también en la organización de las distintas iglesias de Suiza. Algo más de un tercio de la población es católica, alrededor de una cuarta parte protestante-reformista y un 6% pertenece a otras iglesias protestantes. Alrededor del 20% de los ciudadanos son aconfesionales, y la mitad de ellos se describen como ateos. En general, el 75% de los suizos se consideran cristianos, independientemente de su pertenencia o participación en la vida de una de las iglesias cristianas. La fuerte autonomía de las distintas localidades y regiones provoca a veces tensiones entre ellas, pero también conlleva un gran sentido de la responsabilidad compartida.

Al final, unas palabras sobre el Principado de Liechtenstein, que es tan neutral políticamente como Suiza. Es una monarquía constitucional y existe desde 1719. De los aproximadamente 40.000 habitantes actuales, tres cuartas partes son católicos. Tradicionalmente pertenecían a la diócesis suiza de Chur, pero hace poco más de 20 años fue fundada en Liechtenstein la arquidiócesis propia de Vaduz.

Fuente: https://icm.org.uy/entrevista-con-el-nuncio-apostolico-en-uruguay/