Skip to main content

Comenzó hoy 19 de mayo de 2025 y se desarrollará hasta el miércoles 21 de mayo el XXXVII Encuentro de Diócesis de Frontera en Itatí (Corrientes –Argentina) con el tema: “Los vecinos se encuentran para reflexionar y compartir experiencias de sinodalidad y protagonismo de los laicos, ante desafíos coyunturales, para transformar la vida de nuestros pueblos».

 El texto inspirador de este año es: “Procuren conservar la unidad, fruto del Espíritu, mediante el vínculo de la paz» Efesios 4.3

Los Encuentros de Diócesis de Frontera se vienen realizando desde 1991, cuando se hizo una primera reunión por iniciativa del entonces párroco de Bella Unión y del Vicario Pastoral de la Diócesis de Uruguaiana, motivados por la inminente implementación del MERCOSUR y su desafío a la integración regional.

Participan habitualmente obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de diócesis de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay que tienen como característica común ser “fronterizas” entre dos de los cuatro países que iniciaron el MERCOSUR.

En esta oportunidad por Uruguay están participando  delegaciones de la Diócesis  de Salto y de Melo.

Compartimos la homilía de monseñor José Adolfo en la misa de apertura del 37º Encuentro de Diócesis de Frontera que se desarrolla en Itatí.

«Nos encontramos en la casa de nuestra Madre del Cielo, la Pura y limpia Concepción de Nuestra Señora de Itati: ¡sean todos muy bienvenidos! Damos gracias a Dios por este espacio de comunión, reflexión y celebración que nos permite compartir la misma fe que profesamos. El santuario nos cobija y hace presente la riqueza, diversidad, complejidad y desafíos que conllevan los lugares geográficos que están representados en este Encuentro. Una frontera es límite y posibilidad, lugar de intercambios y encuentros entre diferentes culturas, historias, realidades y experiencias de fe.

Me viene a la memoria Jorge Luis Borges cuando expresa: “Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de sus lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas de escudos y de mapas”. Desde el Evangelio lo descrito anteriormente es posibilidad de encuentro, dialogo y fecundidad.

Siguiendo el tema que nos convoca, la idea de vecindad es un campo de aplicación práctica de conceptos teológicos relacionados al mandamiento de amor al prójimo, la comunidad y la solidaridad, la justicia, equidad y derechos, la hospitalidad, la responsabilidad compartida, etc. La carta a los Efesios nos recuerda: “procuren conservar la unidad, fruto del Espíritu, mediante el vínculo de la paz” (4,3).
Se nos llama a ser puentes, construir lazos de unidad y participación, especialmente donde las diferencias parecen dividir. En estos espacios de movilidad humana contemplamos la imagen de la Iglesia misma: una comunidad que construye, respeta, complementa e integra lo diverso. Reflexionemos sobre la misión que Dios nos confía en estos tiempos y lugares. ¿Cómo ser testigos del Evangelio en medio de las complejidades del presente? ¿Cómo ser luz y sal en el mundo marcado por las injusticias, desigualdades y sufrimientos? ¿Cómo hacer realidad entre nosotros el trabajo sinodal? Hermoso ejemplo de confianza en la Providencia encontramos en la primera lectura, en la cual el Apóstol nos enseña a ubicarnos correctamente y a contemplar como Dios actúa y bendice en situaciones concretas.

Tengamos presente que “el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”. Este envío nos impulsa a salir de nosotros mismos, nuestros encierros, a cruzar fronteras, ampliar espacios, ensanchar el corazón llevando el mensaje de amor y esperanza de Cristo a todas las personas, sin importar su origen ni condición.

En estos contextos donde tantas personas sufren a causa de la violencia, pobreza y exclusión, la fe interpela a la compasión, compromiso y acción. El Evangelio nos llama a ser voz de los que no la tienen, de los más vulnerables, de aquellos que sufren por pasar condiciones de rechazo, marginación, discriminación, etc. En estos tiempos -con acento sinodal- nos desafían la integración y cooperación, las dinámicas sociales que se generan, los retos relacionados a la seguridad, las posibilidades del desarrollo económico, calidad de vida y muchos otros temas.

El compromiso de nuestras Iglesias particulares es un faro de esperanza que estimula para construir un futuro próspero y sostenible en estas regiones. Que este encuentro nos renueve y fortalezca en el compromiso de ser discípulos misioneros formadores y gestores de vínculos, portadores de la confianza que nos suscita el sentirnos y sabernos hermanos haciendo presente la corriente de amor que existe entre el Padre, Jesús y nosotros motivando mutuo encuentro y habitación de Dios en nuestros corazones y viceversa. Que el Espíritu Santo nos haga recordar la obra de Dios en nuestras vidas y comunidades para ser sus testigos en este caminar juntos como “Peregrinos de la esperanza” y la “llena de Gracia” interceda por nosotros».

+ Fray José Adolfo Larregain ofm
Arzobispo de Corrientes
ARGENTINA, Corrientes -Itati-19 de mayo de 2025.