Iglesia al día

" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

Noticeu “El tesoro del sacerdote”: Reflexión de Mons. Heriberto Bodeant

El tesoro del sacerdote

El Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, publicó un post el jueves 6 de setiembre, en su Blog “Dar y Comunicar”, en el que reflexiona sobre el “tesoro del sacerdote” y profundiza sobre el celibato sacerdotal.

El obispo recuerda que “el  sacerdocio es un estado de vida” y que, en la Iglesia Católica, “no es un trabajo o una profesión que se ejerce dentro de un horario, quedando el resto del tiempo en un ámbito de vida privada donde cada uno lleva su vida como le parece”.

Explica que “el sacerdote, antes de su ordenación, hace una promesa de celibato”, lo que es “parte de su total consagración a Dios y al prójimo”. “Se compromete así a vivir en abstinencia de relaciones sexuales, canalizando su afectividad en la consagración que ha hecho”, puntualiza el pastor. “El celibato sacerdotal es una renuncia a un bien: el amor conyugal y la paternidad. Al mismo tiempo, es abrazar un bien: abrazar a Cristo, seguirlo con todo el corazón, sin buscar otras compensaciones para aquello a lo que se ha renunciado, agarrándose a las cosas o al dinero”, afirma Mons. Bodeant.

En este sentido, aclara que “el celibato bien entendido no es una auto represión, sino una forma de vivir una entrega de la propia persona a Dios y a los hermanos”.  Aunque es “una promesa difícil de vivir, porque el sacerdote sigue siendo un ser humano frágil”, añade que “el sacerdote que incumple su promesa y comienza una vida de promiscuidad sexual, está traicionando la vocación que recibió de Dios y la promesa con la que ha respondido a ese llamado”. “Para vivir en celibato y en desprendimiento de los bienes materiales, el sacerdote encuentra su fuerza en la Gracia de Dios que llegan en la oración, en la meditación de la Palabra de Dios, en su participación en los Sacramentos y en la cercanía y la atención a sus hermanos, especialmente a quienes viven alguna forma de sufrimiento”, manifiesta Mons. Bodeant.

El Obispo se refiere, asimismo, a los bienes materiales de los sacerdotes diocesanos. “No hacemos votos de pobreza: no nos está prohibido tener propiedades personales o aún tener un trabajo pago; pero sabemos que nuestro ministerio se distorsiona si comenzamos a ocuparnos de negocios y nuestra vida comienza a girar alrededor del dinero, buscando un enriquecimiento personal”, argumenta el Pastor al tiempo que aclara “que no es lo mismo que buscar recursos para sostener el funcionamiento de la parroquia, el transporte, el pago de los servicios y la comida de cada día”.

El Obispo de Melo señala, también, que “el sacerdote diocesano es ordenado para una Diócesis” siendo  ése “el campo primero de su ministerio”. Sin embargo  “no está cerrado a la misión”  pero “su partida a otras tierras no es una decisión personal, sino una decisión que se discierne en comunión con los demás sacerdotes y con su Obispo, que lo envía en nombre de toda la comunidad diocesana”.

La reflexión completa de Mons. Heriberto Bodeant está disponible en su blog “Dar y Comunicar”