Iglesia al día

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Mirando con Dios este tiempo

Noticeu “El primado del testimonio”: entrevista a Mons. Milton Troccoli sobre su participación en el último Sínodo de Obispos

CARTA DE OBSUR | http://www.obsur.org.uy/carta/entrevista/index/257

Número 18 – Por Pablo Dabezies 11/2012

Con tanto acontecimiento eclesial en este mes de octubre, tal vez no hemos podido seguir con mínima atención lo que pasaba en Roma con la celebración del Sínodo de Obispos sobre la “Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana” (7.28/10). Por eso nos pareció importante pedir a Milton Troccoli, obispo auxiliar de Montevideo, y delegado de la Conferencia Episcopal, que nos respondiera algunas preguntas sobre su experiencia y lo que se vivió en Roma. Con generosidad nos fue contestando a medida que los trabajos llegan a su término. Aquí están sus palabras.

En comentarios previos se observaba la fluctuación entre diversos significados de la expresión “nueva evangelización. ¿Se buscó y hubo cierto acuerdo sobre ello?

Desde el comienzo del Sínodo se percibió la dificultad de una definición cerrada sobre lo que significa Nueva Evangelización.

Desde América Latina veníamos con la experiencia y el empuje de la Conferencia de Aparecida, y de la misión permanente. Pero lo primero que escuchamos fue el testimonio de los obispos de Irak, de Siria, y de países donde hay leyes “anti-conversión”, que manifestaban que sus posibilidades de Nueva Evangelización eran el testimonio personal, vivir bien su fe, y el diálogo interreligioso. Esto nos mostró la complejidad del tema, y la dificultad de una definición unívoca. Desde ahí todo se fue encaminando hacia lo que creo será una definición más descriptiva, al estilo de lo que hizo el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi.

El Papa Benedicto XVI de hecho al finalizar el Sínodo, en el Angelus, podemos decir que puso la Nueva Evangelización en “cancha grande”, cuando dijo que desde los años 50 del siglo XX, y con el Concilio Vaticano II la Iglesia tomó conciencia de la necesidad de una renovación en la evangelización, que debía pasar sobre todo por una renovación interior de los creyentes, para anunciar el evangelio de modo adecuado en las nuevas situaciones históricas y culturales.

El mismo Inst. Laboris, ponía mucho acento en la presentación de la problemática en los países del “Primer Mundo”, “de antigua evangelización”, el “Occidente cristiano”, y otras expresiones de ese tipo que hizo decir a comentaristas que se trataba como de un Sínodo para Europa. ¿En qué medida se ha superado eso y ha estado presente la problemática, búsquedas y demás, de las Iglesias del Tercer Mundo, las de Oriente Medio, etc.?

Hubo dos temas que aparecieron desde el comienzo con mucha fuerza, el de la secularización y también el del Islam, sobre todo su crecimiento numérico en Europa, y el crecimiento de algunos sectores islámicos en Oriente y el sur de África.

En los últimos Sínodos se introdujo una instancia interesante, que es dejar una hora al final de la tarde para un intercambio libre en el aula. Así, en la medida que se avanzó en la escucha de los aportes de los participantes, y sobre todo en estos momentos de libre intercambio, fue surgiendo también la conciencia que no se podían plantear las cosas como “Iglesia vs sociedad secularizada”, o que los problemas de la evangelización venían todos de fuera. Hubo muchos aportes en el sentido de revisar cómo estamos viviendo nuestra fe, qué responsabilidad tiene la misma Iglesia en el alejamiento de los bautizados, el tema de la justicia y de la caridad, es decir, si nuestra fe se manifiesta en nuestras obras, personales y comunitarias. La responsabilidad de los cristianos en el ámbito político y financiero, un examen de conciencia sobre la “primera evangelización”, etc.

En las intervenciones fue apareciendo mucha vida, y sobre todo la multiformidad de la Iglesia, con un acento importante en la vivencia comunitaria de la fe, de las pequeñas comunidades, de la parroquia como instrumento privilegiado para la evangelización, la experiencia del “atrio de los gentiles”, como forma de diálogo fe-cultura.

Creo que en el transcurrir del Sínodo se fue pasando más de pensar la Nueva Evangelización como salir a buscar a los “alejados”, a una actitud de conversión al Evangelio que nos haga testigos más creíbles, capaces de irradiar con nuestra vida y con nuestras opciones concretas la fe en Jesucristo. Un testimonio atrayente que parta de la coherencia entre la fe y la vida.

No dejó de estar presente la preocupación por los bautizados que no practican o que han abandonado la vida de fe, pero el énfasis se fue moviendo más hacia lo testimonial, que es además donde todos podíamos coincidir.

Según mi lectura del “Documento de Trabajo”, con la coincidencia del Año de la Fe, en los planteos sobre la “nueva. Evangelización” quedé con la impresión de que se ponía un énfasis tal en los contenidos de la fe, que la adhesión viva a la persona de Jesús, y sobre todo la práctica de la caridad quedaban como en un segundo lugar. ¿Cómo se ha dado la cuestión en los aportes y discusiones?

En este sentido se repitió varias veces en el aula la frase de Benedicto XVI: “la fe no es el encuentro con una idea o con una moral, es el encuentro con una persona, la persona de Cristo”. Se percibió la necesidad de un encuentro más vital y existencial con Jesucristo; de hecho en muchas regiones ya no se sostiene la fe por la sola transmisión familiar o cultural. Pero el tema de los contenidos de la fe también salió de diversas maneras, pero sobre todo unido al tema de la identidad del creyente. El asentimiento a los contenidos de la fe nos purifica de sincretismos, que muchas veces diluyen la plena aceptación de Cristo y la vivencia profunda del Evangelio. De aquí también salió un llamado a los teólogos para profundizar sus estudios sin apartarse del magisterio de la Iglesia.

Otra cosa que a mí me parece básica para cualquier planteo de evangelización hoy es la del poder. Es decir, creo que la Iglesia está confrontada a una elección fundamental, que es la de ver si sigue apostando a medios poderosos, al prestigio social, a la búsqueda de ciertos privilegios (todos resabios de los siglos de cristiandad) para su misión, o si está dispuesta y quiere anunciar el Evangelio desde la humildad, la sencillez, la cercanía con la gente sencilla y pobre, etc. ¿Salió esta cuestión? Y si salió, ¿cuáles fueron los planteos?

Los planteos en este sentido fueron más testimoniales. Escuchamos muchos aportes que en realidad eran una comunicación de cómo se estaba realizando la evangelización en distintas Iglesia locales, recorriendo el camino de la sencillez y la cercanía. Un hecho puntual, pero que creo que es significativo, es que cuando se estaba redactando el mensaje final del Sínodo apareció la expresión: la Iglesia está perdiendo poder en la sociedad. Inmediatamente la reacción fue cambiar esto, justamente porque no queríamos pararnos desde allí.

¿Qué es lo que te ha resultado más creativo o de futuro en las intervenciones e intercambios? ¿Y cuál ha sido el aporte más propio de América Latina?

El aporte de América Latina estuvo sobre todo basado en las experiencias que surgieron de Aparecida. Tanto salió el documento en el Aula que un obispo de África preguntó “qué era eso de Aparecida”, y por qué le dábamos más importancia que al Sínodo Continental. El presidente del CELAM respondió muy bien, y aclaró que para nosotros el Sínodo Continental fue significativo pero que Aparecida fue diez años después, por lo tanto era un fruto maduro de aquel Sínodo. De ahí su importancia para América Latina.

Y finalmente, algo más personal, de tus vivencias como Padre sinodal

Para mí fue muy importante como vivencia eclesial, encontrarme con experiencias de la Iglesia en todo el mundo, y reconocer también tanta vida que hay en la Iglesia y el testimonio de tantos hermanos que están dando la vida cada día por el Evangelio.

Me traje en el corazón tantas historias compartidas y una experiencia muy fuerte de colegialidad en la Iglesia.

Gracias, Milton, por tu disponibilidad y tu aporte a nuestro conocimiento del Sínodo.