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Noticeu “Cristo obrero es quien nos convoca hoy”: Mons. Bodeant en Santa Misa en acción de gracias por declaración de Iglesia de Estación Atlántida como Patrimonio de la Humanidad

Imagen de Federico Gutiérrez ICM

El sábado 31 de julio se celebró la declaración por UNESCO de Patrimonio Mundial de la Iglesia Cristo Obrero de Estación Atlántida con la Santa Misa presidida por el obispo de Canelones, Mons. Heriberto Bodeant, y un acto protocolar organizado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) en el que el primer orador fue el párroco, Pbro. Luis Díaz. En ambas instancias se subrayó el aporte de los donantes que hicieron posible la obra, los esposos Alberto Giúdice y Adela Urioste; la genialidad y fe del autor de la misma, el Ing. Eladio Dieste, y el compromiso que supone “seguir embelleciendo, cuidando y protegiendo este ‘lugar sagrado’”.

La Misa se ofreció en acción de gracias a Dios y en sufragio de los donantes, el matrimonio Alberto Giúdice y Adela Urioste y fue concelebrada por el obispo emérito de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti, el párroco, Pbro.Luis Díaz, y el Pbro. Whashington Cabrera.

Mons. Bodeant comenzó su homilía resaltando que “Cristo Obrero… Cristo Jesús: el Hijo de Dios hecho hombre, el carpintero de Nazaret. El Maestro. El crucificado. El resucitado” es quien “nos convoca hoy, en este templo, para unirnos a su acción de gracias al Padre”.

El obispo recordó que “Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza” y que esa creación “fue un acto de amor, una invitación al encuentro, a la armonía, entre creador y creatura. Esa imagen, esa semejanza, son constitutivas de nuestro ser”. Aclaró que “esa imagen puede aparecer desfigurada, desdibujada, cuando rechazamos el amor de Dios y rompemos las relaciones que nos constituyen: la relación con el Creador, con los demás, con nuestra casa común y hasta la relación de cada uno consigo mismo”.“Sin embargo, por más que esa ruptura, el pecado, deforme la imagen de Dios en cada uno de nosotros, esa impronta dejada por el Creador sigue estando allí, latente, esperando su redención, tal vez como un secreto anhelo de volver a la casa del Padre“, afirmó.

Imagen Federico Gutiérrez ICM

Mons. Bodeant recordó que la mayor parte de la vida de Cristo “estuvo sumergida en el trabajo”.“‘¿No es éste el carpintero?’ dijo la gente de Nazaret, cuando llegó allí como maestro, acompañado de sus discípulos y precedido por su fama”, recordó. Citando a San Juan Pablo II (en su Encíclica Laborem Exercens, 26) el obispo resaltó en su prédica que “la elocuencia de la vida de Cristo es inequívoca: pertenece al ‘mundo del trabajo’, tiene reconocimiento y respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso más: él mira con amor el trabajo, sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre”.

Cristo Obrero, en medio de los obreros

Remontándose al origen de esta Iglesia, Mons. Bodeant explicó que la primera capilla de Estación Atlántida “ya tenía el título de Cristo Obrero” dado que “el entorno de la Estación fue, desde los comienzos, el espacio de los obreros que trabajaban en el balneario, de los pequeños agricultores y trabajadoras domésticas”. Luego, “buscando acercar ese mundo a Cristo y acercar a Cristo a ese mundo, los esposos Giúdice-Uriarte recurrieron al ingeniero Eladio Dieste y así nació el proyecto de esta Iglesia”, puntualizó.

El obispo dijo que la empresa Dieste-Montañez que edificó la Iglesia era experta en realizar estructuras de carácter más bien utilitario. ”Las estructuras hay que entenderlas con el lenguaje de los ingenieros. Donde mis ojos inexpertos ven apenas materia inerte, el ingeniero ve una estructura viva”, acotó. “Nada se mueve, pero las fuerzas actúan y todo se sostiene, creando un sistema, un pequeño universo, como el que aquí nos envuelve y nos eleva. Una estructura que se expresa, que en su armonía nos habla, sin palabras, de trascendencia, de vida espiritual, de Dios Creador”, expresó Mons. Bodeant.

Aludiendo al Ing. Dieste, autor de la edificación, destacó que era un “hombre creyente, que, en sus propias palabras construyó esta iglesia para otros fieles como él” y que “vivió esa dimensión espiritual del trabajo, como participación en la obra de Dios”. Dieste “buscó también que cada uno de sus obreros, de acuerdo con su capacidad, participara en la obra de Dios”, aseveró Mons.Bodeant en su homilía.

El obispo de Canelones admitió que “el trabajo humano, tanto manual como intelectual… está unido inevitablemente a la fatiga”, que no es solo cansancio sino fatiga espiritual “compuesta de insatisfacción, desencanto o aún de sentimientos de frustración y de fracaso” y que ese sentimiento no fue ajeno a Dieste. En este sentido, recordó que el Ingeniero se planteaba en forma recurrente si tenía sentido el enorme esfuerzo realizado. Narró que cinco años después de finalizada la Iglesia Dieste se hizo la pregunta cuando al ingresar al templo vio a una vaca“paseando tranquilamente” por la nave central. “De pronto el atrio se llenó de voces frescas de niños que espantaron la vaca y corrieron a esperar al sacerdote que iba a enseñarles catecismo: allí estaba la iglesia, ‘una, santa, católica y apostólica’, allí estaba el pueblo. La tristeza dejó paso a una serena confortación”, agregó haciéndose eco de la narración de Esteban Dieste.

Al aludir a la figura de Cristo realizada por Eduardo Yepes, que se encuentra detrás del altar, en el centro de la Iglesia, Mons. Bodeant recordó otra anécdota que hizo la nuera de Dieste. Según el relato de Carmen, en otra visita a la Iglesia, el Ingeniero encontró a dos mujeres rezando a quienes les preguntó qué les parecía la obra y le dijeron: “Cuando miramos a Jesús ahí en la cruz nos da una emoción que nos da ganas de llorar”. “El Ingeniero salió de allí sintiendo que había logrado uno de sus cometidos: acercar la figura de Jesús al hombre”, subrayó Mons. Bodeant. Cristo “aparece dorado, para que brille la gloria de su resurrección, su triunfo sobre la muerte, que hace de la cruz signo de vida”, explicó el obispo.

Al concluir su prédica, Mons. Bodeant enfatizó que la Iglesia se llama Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes. “Esta Iglesia tiene también su copatrona. Hay que ir a buscarla, a visitarla y la encontramos allí, junto a su Hijo presente en el Sagrario, custodiando los restos de Alberto y Adela.  A ella, Madre y modelo de la Iglesia, le pedimos que nos ayude a ser cada día más Pueblo de Dios”. TEXTO DE LA HOMILÍA

Imagen de DECOS CEU

“Que en esta ‘casa de oración’, donde cada ladrillo y cada cristal se convierte en plegaria, tiene un lugar privilegiado que la invita a encontrarse y a encontrar al Señor”, concluyó el obispo de Canelones.

“Hoy nos hemos vestido de fiesta”

En la tarde, tuvo lugar el acto protocolar organizado por el MEC en el que hicieron uso de la palabra el Pbro. Díaz, la directora de la Oficina Regional de la Unesco, Lidia Brito, el Intendente de Canelones, Yamandú Orsi, y el Ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira.

El acto comenzó con el Ensamble de Cámara de la Sinfónica Juvenil del Sodre, que interpretó el primer movimiento de “Invierno”, de Antonio Vivaldi. La oratoria abrió con las palabras del párroco.

“En nombre de la comunidad parroquial y de nuestro querido pueblo de Estación Atlántida les comparto que hoy nos hemos vestido de fiesta!”, dijo el Pbro.Díaz al dar la bienvenida a los presentes “a este lugar sagrado”.

“Nuestros sentimientos son de alegría… Alegría también para nuestra querida Diócesis de Canelones, para la Iglesia uruguaya y todo nuestro país”, compartió.

El Pbro.Díaz evocó, con memoria agradecida, a los donantes de la Iglesia: los esposos Alberto Giúdice y Adela Urioste (Sra. Cocó). “Ellos fueron verdaderos apóstoles, que trabajaron con fe, entusiasmo y espíritu misionero, en nombre de Cristo y de la Iglesia”, aseguró. “Los esposos Giúdice-Urioste, transmitieron su fe, lograron formar cristianamente a niños, jóvenes y adultos de la época y generaciones futuras, apoyando a la comunidad, en su condición humana y sus necesidades elementales, asistiéndolos de distintas formas”, acotó el sacerdote quien es oriundo de Estación Atlántida, fuera testigo de la construcción de esa gran obra y conociera personalmente a los donantes.

Imagen de DECOS CEU

El párroco recordó que el aporte de este matrimonio no se limitó a la Iglesia Cristo Obrero, sino que antes colaboraron para edificar una Capilla en Atlántida, la de Estación Atlántida y el Colegio a cargo de las Hnas. de Nuestra Señora del Rosario de Buenos Aires.

El sacerdote repasó, luego, los principales hitos de la vida de Eladio dieste, nacido el 1 de dic. de 1917 en Artigas.

Imagen MEC

“Su obra se basó en tomar el ladrillo llevándolo a su máxima liviandad, creando superficies curvas a partir de una tecnología denominada técnica de la cerámica armada. Construcciones abovedadas realizadas con ladrillos, armaduras de acero y un mínimo de hormigón”, señaló.“Este lenguaje arquitectónico en ladrillo armado lo llevó a Dieste a recibir el título de arquitecto honorario, el único en poseerlo en Uruguay”, Recordó, asimismo, que en 1993 Dieste recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de la República y en 1999 fue nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad de Montevideo.

“Profundo agradecimiento para con el Ing. Dieste, a quien tuve el gusto de conocer. Hombre creyente, individuo genial y creativo que proyectó y llevó a cabo este hermosa obra que desde los comienzos tuvo proyección internacional”, expresó el Pbro.Díaz.

La Iglesia declarada Monumento Histórico Nacional (1997) “hoy nos encuentra reunidos esperando esta nueva etapa que nos lleva a asumir una responsabilidad mayor a la diócesis, a la comunidad y a mi persona como párroco”, destacó.

“Afloran en mi corazón sentimientos de alegría y el gran compromiso de seguir embelleciendo, cuidando y protegiendo este ‘lugar sagrado” porque es el legado que nos han dejado nuestros mayores y donde fui ordenado sacerdote”, dijo el párroco.

Los restos del matrimonio que donó el dinero para construir la Iglesia de Cristo Obrero se encuentran descansando en la Capilla del Santísimo Sacramento del templo.“Hoy gracias a ellos la comunidad parroquial y los que habitamos Estación Atlántida seguiremos vestidos de fiesta”, dijo el sacerdote al tiempo que recordó, mientras era aplaudido, a dos tíos suyos que trabajaron en la construcción de la Iglesia de la que es párroco y que ahora es Patrimonio de la Humanidad.

La directora de la Oficina Regional de la UNESCO, por su parte, contó que este es el segundo reconocimiento de UNESCO para Eladio Dieste. En 1968 la oficina organizó una serie de charlas sobre la técnica constructiva del ingeniero uruguayo para América Latina y el Caribe.

El intendente de Canelones, por su parte, dijo que “honrar a Dieste, es honrar al trabajo”. Orsi también destacó el compromiso de la comunidad para lograr la inscripción. Esta es “una invitación a los hombres y mujeres de fe, a que en este lugar sigamos pidiendo y orando para que el trabajo llegue a todos los uruguayos”, enfatizó.

El ministro de Educación y Cultura, dijo que además de la celebración de la declaración de la Iglesia como Patrimonio Mundial es importante “celebrar las democracias maduras” aludiendo a los tres gobiernos nacionales que trabajaron en este proceso. También exhortó a que “este homenaje sea un llamado a todos nosotros para recuperar esa responsabilidad hacia la comunidad que se expresa en obras”.

El acto finalizó con la interpretación de La Cumparsita de Gerardo Matos Rodríguez a cargo de la Sinfónica Juvenil del Sodre.