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Noticeu “Creer: en este mundo prosaico”: Reflexión de Mons. Pablo Galimberti

MonsGalimberti

“Cuando encontramos o somos encontrados, vemos o somos tocados por una mirada diferente. Sin olvidarnos de las diarias fatigas empezamos a dejar espacio para que otra música suene en nuestro corazón. Eso es un preámbulo que puede madurar y tomar la forma de una fe aceptada, libre y recíproca. Yo busco y soy buscado. Puede entones llegar el momento de una fe en Jesucristo. Eso es el inicio de la fe en el Dios de los cristianos”.

El Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, en su columna de esta semana en el Diario “Cambio” reflexiona sobre la posibilidad de creer y crear en medio de los sinsabores y vaivenes del mundo “prosaico”.

 

CREER EN ESTE MUNDO PROSAICO

Mons. Pablo Galimberti

La directora de un diario barrial montevideano, con quien nos conocemos hace muchos años, me mandó esta semana un cuestionario con varias preguntas. Titulo esta columna con la primera pregunta.

Es cierto. Muchos días tienen sabor a cosa “prosaica”, vulgar y gris. Pero esto es una parte de la vida. ¿Cómo se explica que al mismo tiempo no se apague la inspiración poética, los sueños y gestos solidarios? Y nacen utopías con una gran carga de novedad. También a nosotros, aunque sea un día gris, nos nacen sin haberlo programado, sueños de un mundo mejor o diferente. ¿De dónde surgen esas chispas, ese “mundo del revés”, esas inspiraciones que brotan cada tanto y no parecen nuestras?

Decía el Unamuno que creer es también crear. Y lo comprobamos. Te surge una idea, o inspiración o inquietud. Al principio parece algo raro, no encaja con lo prosaico del momento: estoy en la cocina o en la cola del supermercado y me espera una tarde con mucho laburo. Y al día siguiente otro sueño irrumpe como relámpago y me imagino que soy un cantante transmitiendo un mensaje de buena onda al público o la Madre Teresa ofreciendo un plato de comida a los hambrientos de un barrio marginal.

Estos relámpagos en medio de lo prosaico nos llevan a descubrir que no somos como mi amigo el perro; algo diferente me habita que no lo inventé yo.  Algunos le llaman “el otro yo” que va siempre conmigo y se animan a identificarlo como un esbozo o sombra de Dios.

A veces comenzamos la jornada con buen ánimo y al rato todo se vuelve gris. Nos invade una melancolía, como que nos faltara algo sin saber bien qué. ¿Dinero, amor, descanso…? Pero otro día la sensación es la opuesta. Soplan vientos limpios como el pampero, que despejan el bajoneo. Muchos no se contentan con estos relámpagos y se plantean preguntas respecto a nuestro origen y destino. Los humanos llevamos clavadas estas espinas en el corazón, vivimos “abiertos” esperando respuestas satisfactorias. O proyectan viajes a lugares exóticos, territorios inexplorados, donde se respiran otras claves y se oyen otras respuestas que las consabidas en el barrio.

Aquí engancha el hilo de la experiencia que está en la base de una genuina “religión”. “Re-ligare” significa “conectar”, “enlazar”, encontrar la “conexión” perdida, ese eslabón o “hilo de Ariadna” que permite sortear una vida sofocante.

Yo tengo firmísimos testimonios sobre Jesús de Nazaret gracias a los testigos confiables que sellaron su testimonio con sangre. Por la vía del testimonio aceptamos cosas lejanas o que no hemos presenciado, empezando por mis progenitores o la comida que me ofrecen. Pero llegan mediante gente confiable y hoy son un nudo de vivencias fundantes de nuestra vida. Eso mismo pasa a los que creemos en Jesús de Nazaret.

El ritmo monótono se interrumpe y no sabemos cómo ni dónde salta la liebre y encontramos el tesoro escondido, según la imagen empleada por Jesús de Nazaret para referirse a ese modo nuevo de existir. Cuando encontramos o somos encontrados, vemos o somos tocados por una mirada diferente. Sin olvidarnos de las diarias fatigas empezamos a dejar espacio para que otra música suene en nuestro corazón. Eso es un preámbulo que puede madurar y tomar la forma de una fe aceptada, libre y recíproca. Yo busco y soy buscado. Puede entones llegar el momento de una fe en Jesucristo. Eso es el inicio de la fe en el Dios de los cristianos. ¡En este mundo “prosaico” !