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I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

Noticeu “Conversión sinodal a lo largo de la vida”: encuentro virtual de la CONFRU a cargo del diácono permanente José Lima 

Diácono permanente José Lima

“Conversión, sinodalidad y momento vital guardan una relación que no se puede soslayar si se quiere hacer realidad el carácter sinodal de la Iglesia”, destacó el diácono permanente José Lima en la charla que ofreció vía Zoom en el marco del ciclo “Encuentros de formación” organizado por la Conferencia de Religiosos/as del Uruguay (CONFRU) con vistas a la Asamblea Eclesial Latinoamericana. “Sinodalidad implica caminar a la par, en la misma dirección asumiendo la diversidad como ganancia, la discrepancia como riqueza y las incertidumbres como oportunidades”, subrayó en esta instancia de encuentr, que tuvo lugar el 9 de junio, y que contó con la asistencia virtual de unas 80 personas.

El diácono y psiquiatra recordó que “el Papa Francisco proclama que estamos viviendo un tiempo de Kairós e invita a todos y todas a ser parte activa en el proceso de reconfigurar la sinodalidad de la Iglesia de Jesucristo respondiendo a los signos de los tiempos que emergen en la realidad que compartimos”. Advirtió que “sólo será posible vivir la sinodalidad como dinámica estructurante del Pueblo de Dios si pasamos por una profunda conversión de las personas, de las prácticas pastorales y de las estructuras de la Iglesia”. “La praxis de caminar juntos y juntas plantea desafíos diferentes a lo largo de la vida y requiere que todos y todas nos impliquemos radicalmente en ese camino en todas las etapas de la vida”, puntualizó. En este sentido, señaló la necesidad de “convertirse para ser parte (convertirse a la sinodalidad), y ser parte implica un proceso de conversión inducido por el mismo camino sinodal (conversión sinodal)”.

IGLESIA SINODAL

El diácono Lima precisó que “lejos de ser una forma de ver las cosas, entre otras formas posibles de vivir el seguimiento discipular de Jesús, como a veces se piensa, el Papa Francisco enseña que ‘el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio’ porque ‘la sinodalidad es dimensión constitutiva de la Iglesia’”.

Una Iglesia sinodal, al igual que cualquier comunidad u organización que aspire a vivir en sinodalidad, tendrá que “poder articular en un mismo nivel de aceptación y dignidad muchas diversidades: de historias personales, de generaciones, de géneros, de carismas, de ministerios, de paradigmas, de teologías y muchas otras”, explicó el ponente. Aclaró que se trata de “un camino difícil y sólo posible por la acción del Espíritu del Resucitado, porque sin cambios profundos no será posible”, al tiempo que advirtió que “es un camino sustancial e irrenunciable porque sin sinodalidad se deteriorará aún más la comunión y la misión, se verá comprometida la evangelización y dado que es imposible suprimir la diversidad, la historia nos plantea una alternativa de hierro: sinodalidad o fragmentación”.

¿CÓMO CAMINAR JUNTOS? 

El diácono Lima dijo que para caminar juntos “es necesario aventar falsos supuestos que crean temores infundados”. “La sinodalidad, caminar con otros y otras a la par: no implica renunciar a nuestras convicciones, no es convencer o dejarse convencer, tampoco es un vale todo ni evita los conflictos, caminar juntos no implica renunciar a tomar posición o hacer opciones. Tampoco disminuye, ni ensombrece el servicio sustancial de los obispos y sus colaboradores en la animación pastoral. Caminar juntos y juntas significa: escuchar en forma activa y empática, reconocer que Dios habla en y por todos y todas, superar miedos y polarizaciones, descubrir juntos lo nuevo que el Espíritu Santo suscita en la realidad”, aclaró. “Sinodalidad implica caminar a la par, en la misma dirección asumiendo la diversidad como ganancia, la discrepancia como riqueza y las incertidumbres como oportunidades”, enfatizó en su charla el diácono permanente.

Propuso, luego, “una comprensión de los diferentes momentos vitales de las personas en nuestra sociedad y en este tiempo que nos toca vivir, en cuatro grupos. Jóvenes (20 a 35 años) Adultos (36 a 65años) Adultos mayores (66 a 76 años) y Ancianos (de 77 en adelante). Cada uno de estos grupos presenta fortalezas y debilidades que influirán en la forma de asumir el camino sinodal y en los procesos necesarios de cambio en diferentes niveles: formas de vida, estilos de relación, prácticas sociales y de fe, paradigmas, espiritualidad y otros más”. “Es imprescindible tener esto en cuenta para articular varias generaciones sin caer en la tentación de subestimar las diferencias”, sostuvo.

“La sinodalidad muchas veces a quedado opacada en la historia, pero no es un invento del Papa, está en la esencia de la Iglesia”, recordó el diácono permanente y, citando al Cardenal Grech, manifestó que “la comunión sin sinodalidad no es comunión”. “La recuperación de la sinodalidad es tarea de todos y todas en todas las etapas de la vida, requiere conversión y es la vez un camino de conversión, que nos forma y transforma como discípulos y discípulas misioneras y misioneros de Jesús, Señor de la vida y de la historia, que hace todas las cosas nuevas”, concluyó.