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Mirando con Dios este tiempo

Mons. Pablo Galimberti “Católicos y Masones”: Columna de Mons. Pablo Galimberti

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Hojeando El Pueblo del viernes pasado, me sorprendió el titular: Malaquina dejó entrever que Juan Pablo II “fue masón” y refutó que sea impedimento integrar la logia y ser religioso”. Aunque la etiqueta dice más que el contenido, la ocasión sirve para retomar el asunto.

El ex intendente Esc. Eduardo Malaquina aceptó gustosamente participar en una mesa redonda junto a otros testigos del acontecimiento que hace un cuarto de siglo conmovió a Salto y llegó a millones de personas en todo el mundo: el Papa Juan Pablo II pisó tierra salteña.

Las palabras del Esc. Malaquina, con pinceladas de cariño y admiración, dibujaron rasgos de Karol Wojtyla, a quien tuvo la alegría de encontrar en tres oportunidades y del que mucho aprendió, según confiesa.

Entrevistado al fin del evento, expresó: “no tengo palabra para calibrar lo que era este personaje. Era un hombre signado por su calidad humana, no sólo por el hecho de ser Papa. Era un hombre que despertaba en la gente un gusto de poder hablar con él de cualquier tema y luego te aconsejaba en todas las cosas”.

Hago mías sus palabras. Lo viví cara a cara con Juan Pablo II en tres oportunidades, compartí varios almuerzos y misas en su capilla privada. “Un hombre –dice Malaquina- que a veces hablaba poco, pero que decía mucho”. Aguda observación en una sociedad inundada por cataratas de voces y gritos pero con escasos silencios para devolver significado a las palabras.

Otra observación de Malaquina toca un punto que nos interesa destacar: “más allá de no comulgar con el dogma, coincidía plenamente en la manera que tenía de dar su mensaje, en la manera de hablarle a la gente, de dirigirse al mundo”.

Malaquina abre sus confidencias: “tuve el privilegio de aprender mucho con él, coseché consejos y experiencias muy buenas, porque la verdad que era un hombre que valía la pena poder estar en contacto con él. Porque cada actitud, cada mensaje, cada gesto de él, nos indicaba un camino determinado, más allá del tema de la religión. Así que en ese sentido era una personalidad fenomenal”.

Malaquina expresa dos cosas importantes y diferentes. Por un lado la cordial sintonía con el hombre Juan Pablo II. Por otro lado no omite decir que había profundas diferencias en esa zona donde la religión cristiana se asienta en sólidos dogmas como es el de la condición humana y también divina de Jesucristo.

En esto radica la diferencia entre masones y cristianos. Un cristiano no puede cultivar dos maneras de relación con Dios: una forma de humanitarismo supraconfesional y otra forma interior cristiana basada en la fe.

En una ocasión Gorbachov, entonces Presidente de la Unión Soviética, visitó a Juan Pablo II y le obsequió un cuadro religioso. A la salida un periodista le preguntó si era “ateo”. Sí, respondió. Y ¿cómo es que regaló este cuadro al Papa? “Soy ateo pero no practico”, respondió.

Igualmente el Papa podría decir: soy un humanista; nada de lo humano me resulta ajeno, porque lo miro con los ojos de la fe que me permiten ahondar en los gozos y angustias de la condición humana. Con una profundidad que con los lentes de la sola razón y la sola naturaleza (principios en que se asienta el edificio de los masones) no se llegan a percibir.

Finalmente el periodista preguntó a Malaquina sobre esta cercanía entre un masón salteño con el Papa. Y el ex intendente dice que “en algún momento el Papa tenía que ver también con esas cosas (sin explicitar cuáles ni cuándo…), porque no existe eso que existía antes de que la masonería por un lado y la religión por otra”. Resalta que entre católicos y masones pueden haber buenas relaciones. Aquí está lo medular de las expresiones de Malaquina.

En más de una ocasión me reuní en casa del Dr. Hugo Batalla, en aquel momento vicepresidente de la república, con el Gran Maestro de la Masonería Don Carlos Bolaña. Había muchas coincidencias y buscábamos dar una mano a la reconciliación del país en el tema desaparecidos. Es una prueba de que no podemos mirar sólo lo que nos separa; también hay zonas de coincidencias que nos permiten caminar juntos. Esas es la gran realidad de la vida social, cultural y política del país.

Columna publicada en el Diario “Cambio”  del 17 de mayo de 2013