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Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Bodas de plata como religiosa de superiora del Colegio “San José” de Trinidad

25 años de consagración al señor de la madre superiora del Colegio “San José” de Trinidad

Hna. Rosario: “De aquí en más ayudar a levantar la mirada a todos, no sólo a los niños y a los jóvenes”

ENTREVISTA publicada en ECOS REGIONALES http://www.ecosregionales.uy/sitio/25-anos-de-consagracion-al-senor-de-la-madre-superiora/

La Hna. Rosario, Madre Superiora del Colegio y Liceo “San José” de Trinidad celebró el pasado martes 28 de enero, sus 25 años de consagración al Señor. María del Rosario Sierra Alonzo, una misionera nacida en el pueblo Solís de Mataojo, quiso celebrar ese acontecimiento con sus seres más queridos y compartir la alegría con toda la comunidad trinitaria, que en gran número la acompañó en la Eucaristía y en la “compartida” después de este acto realizado en la Capilla del Colegio.

ECOS REGIONALES entrevistó a la Hna. Rosario para conocer sus sensaciones luego de la celebración.

-¿Qué significan para ti estos 25 años de consagración?

-Estos años de consagración implican todo, es como que en estos días pasados o en este tiempo en que venía soñando con el 28 (de enero) uno comienza a pasar por el corazón tantas cosas, tantos rostros, tantas personas, tantas experiencias, tantos lugares. Empiezo a recordar y a agradecer. Tanto amor de Dios primero, cómo Dios me sostuvo a pesar de que yo soy pobre, que soy una vasija, que a veces me siento nada o que no hago nada por él. Me fue sosteniendo en todo, en muchísimas dificultades que también las tuve, y las tengo. Sosteniendo no dudas, porque dudas de vocación no he tenido, pero sí en las dificultades que te pone la vida y a veces la misma vida consagrada.

Cuando uno empieza a recordar y pasa por el corazón tantas cosas lindas de Dios en mí, lo que fue haciendo, lo que va haciendo… y yo lo tenía que celebrar. Como dije en estos días: Tenía que tirar el Colegio por la ventana. Porque si un matrimonio festeja 25 años, hace su fiesta y hace un montón de cosas, con más razón también uno. Más la fiesta de uno que es la Eucaristía por sobre todas las cosas, y después compartir con la gente que vos querés. En este caso quería utilizar mucho los medios para que nadie se sintiera ofendido de que a vos te dio tarjeta y a mí no. Así nadie podía decir yo no voy porque a mí no me invitaron.

Entonces, la idea fue trabajar este acontecimiento con los medios, para que todo aquel que me aprecia o valora la vida consagrada tuviera la posibilidad de venir a celebrar conmigo esto que para mí es muy grande. No podía quedar como que nada pasaba ese día.

Para mí estos 25 años han sido todo. Me siento igual que hace 25 años atrás, capaz que un poquito más viejita físicamente, con menos energías pero lo que es en relación a la entrega, al deseo y a la búsqueda de Dios me siento con más fuerzas. Me siento más madura, más trabajaba en aspectos de mi vida… la verdad que han sido 25 años muy fructíferos.

Siempre hubo una palabra ahí resonando, que soy feliz. Fui feliz y soy feliz.

-Los 25 años de un matrimonio en realidad son más, porque hubo un noviazgo que estira esa convivencia. ¿En tu caso?

-Para nosotros igual porque tenemos todos los años de preparación. Yo profesé en el 89 pero me fui de Uruguay en el 86, o sea que a estos 25 años hay que sumarle cuatro más de preparación, de estudio, de apostulantado, de noviciado hasta la primera profesión. Así que hubo un tiempo como en el matrimonio un tiempo de noviazgo, de preparación para este acontecimiento.

-Lo tuyo es vocacional, ¿de otra manera sería imposible?

-La vocación la tenemos todos. Todo hombre tiene su vocación, porque la vocación es un llamado de Dios: Vos la tenés, yo la tengo. Pienso que el llamado o la vocación que tenemos todos es ser felices, encontrar el sentido de la vida, a realizarnos como personas y si nos realizamos en Dios mejor.

Esta vocación es especial, no es que sea más que otras, todas las vocaciones son especiales. Pero es una vocación especial a vivir un estado de consagración distintas a otras, de mayor exclusividad para Dios, donde toda nuestra vida está marcada por una serie de reglas que nosotros llamamos “constituciones” pero que no te ahogan sino que te marcan la cancha de cómo vos tenés que ir guiándote para ser feliz. Y con el estilo propio de una familia, que en el caso nuestro la familia que fundó la Madre Camila, la Josefina, con una manera propia de vivir. Porque si bien acá en Trinidad hay varias congregaciones, somos distintas. Somos todas consagradas pero distintas en el sentido de que cada una de las congregaciones nos dio el toque particular.

A nosotros la Madre nos dejó el toque de ella, que a mi hace más de 25 años me encantó. Me enamoró su carisma, su espiritualidad, la forma de cómo las Hermanas en el caso nuestro vivimos la fraternidad, el estar juntas, el celebrar juntas.

Me gustó mucho que la Madre Camila era una criolla, una argentina y por lo tanto tenía todo esto de lo que es el ser americano. No venida de Europa o de otro lado. Eso me gustó mucho en aquella época y es lo que hoy también me gusta dentro de los rasgos nuestros, como el abandono de ella a la providencia, que si bien es difícil es para mí un desafío, el vivir como vivió ella.

-La tuya es una vocación de entrega, de vivir por y para el otro…

-Sin dudas que lo nuestro es de una mayor entrega, pero ustedes también se entregan cada día. Yo veo a veces en las familias del Colegio la entrega diaria, de todo el sacrificio que hacen. Y bueno… la nuestra es una entrega a El, poniendo en cada cosa que hacemos el rostro de El y exclusivamente para El. Y la entrega también es de la vida, de la propia persona, la entrega a cada uno de los que se nos presentan como padres, como profesores, como alumnos, también en la parroquia.

Capaz que es una entrega silenciosa que hoy no mete mucho ruido. Una entrega insignificante para el mundo de hoy. Una entrega de una religiosa para el mundo de hoy, no toca el bombo, no tiene éxito y sin embargo es diaria. A veces es una entrega que no se reconoce por el otro, porque no tiene valor para el otro o que es juzgada de distinta manera por otro. Y sin embargo es el ciento por uno de lo que dice el Evangelio y la vida eterna. Sabemos que cada una de las entregas nuestra tiene como un bombón en el cielo y eso está bueno.

No hacer las cosas a cambio de, sino hacerlas sabiendo que van a tener su premio más allá de lo que yo veo hoy. Y después también están las entregas diarias pero que también tenés las recompensas.

Yo veía en la fiesta tanta gente, y dije: ¡Pucha caray! Un poco de cariño hay hacia el Colegio o hacia la vida consagrada. Porque acá es la vida consagrada, no es Rosario, es el valor de la consagración. Mucha gente, muchas familias, amigos, sacerdotes, el obispo, gente de Libertad con la cual estamos vinculados a través del proyecto Si conocieras el don de Dios, llamadas telefónicas, mensajes. Eso también es fruto de la entrega, porque si vos no te hubieras entregado un poquitito capaz que nadie se acordaba. Sin embargo ese día, el 28, sentí eso de tanta gente que aprecia la vida consagrada. Me sentí muy querida por mi propia familia sobre todas las cosas, y por mi familia religiosa.

-¿Te hubieras imaginado que estos 25 años de consagración los celebrarías en este Colegio de Trinidad, en esta ciudad que no es la tuya pero que al fin y al cabo es también tuya?

-No, no… no me imaginé nunca. Primero no me imaginé nunca que iba a volver a Uruguay y ya van tres hermosos años. Y ahora ya no me quiero ir. Que no se le ocurra a la Madre sacarme de Uruguay, por muchas cosas. Uruguay es mi Patria y el Colegio es particular dentro de todos los que he pasado. Es tranquilo, aún a pesar que los católicos somos menos y se practica menos, se rescatan en los chicos otros valores que también son los del Evangelio. Eso me apasiona.

Hay todavía cierta buena educación, buenos modales, que en Argentina –que es donde más nos movemos- ya no lo ves tanto.

Nunca me imaginé celebrar los 25 años de consagración acá, y celebrarlo en este momento especial, con un obispo tan cercano, que sabía que iba a estar presente porque Monseñor es así, nos conocíamos de antes, desde cuando éramos jóvenes y bonitos. Porque éramos de la misma diócesis, la de Minas. Con el padre Gabriel a quien también aprecio muchísimo, con gente de la parroquia cuyo vínculo es excelente.

Como que se dieron todas las condiciones para que acá fuera celebrado tan lindo, con las familias del Colegio, que lo hicieron ellas porque todas aportaron algo en la fiesta, desde hacer los lechones y corderos hasta traer las tortas, lo mismo que Cecilia con su gente del Garden que arreglaron la Capilla. O sea que todo fue dado para hacerlo acá.

Capaz que si se hacía en otro lado esto no se daba tan lindo. Se dio lindo porque fue aquí tan familiar como el Colegio, tan fraterno como es la sociedad de Trinidad, con la gente que quería y con mi familia más cerca, porque era más fácil venir acá que ir a la Argentina, con las hermanas que se desplazaron desde Buenos Aires para acompañarme.

Fue ideal hacerlo acá, y además Dios lo quiso. Pero hay dos celebraciones más, una va a ser en mi pueblo –en octubre en Solís de Mataojo- en el marco de la misión que realizamos ahí con el Colegio, y la otra en Muñiz, Buenos Aires, en la Casa Madre.

-Pero las celebraciones pasan y quedan en el recuerdo, pasan a formar parte de la vida de cada uno. ¿De aquí en más cómo asume la misión la Hna. Rosario?

-Después de todo lo vivido, yo creo que de aquí en más: ¡Más! Más entrega, más trabajo, más servicio, más darle al Colegio que es lo que me toca como misión. Porque mi misión es el Colegio.

Más apertura, más ahondar en la relación con El. Ayer justo recibí el saludo de la Madre general que decía: 25 años terminan, comienzan otros 25 años más plenos. Creo que ahí resume todo: Más plenos.

-El tema de la educación es tu pasión. ¿Cómo sientes la responsabilidad de sostener esa pasión en un momento especial de la educación?

-La educación para mi es una pasión y a la vez de ser una pasión, es una misión. Yo lo vivo así.

Tenemos que seguir, no bajar los brazos, seguir para adelante, levantar un poco la mirada, porque si bajamos un poco la mirada nos podemos confundir y podemos no llegar a discernir qué es lo mejor, qué no es la mejor. Tratar nosotros, desde lo poquito o mucho que le podemos dar a la sociedad de Trinidad, ayudar a levantar la mirada a todos, no solo a los niños y a los jóvenes. Que esto acá no termina, que hay un cielo, que somos grandes, que estamos hechos para cosas grandes, que Dios nos hizo preciosos y bonitos pero que tenemos un sueño, y el sueño es que tenemos que ser felices y que a veces la felicidad no se encuentra por algunos caminos, sino que se encuentra por otros caminos. Que ir de la mano de Jesús en esa felicidad es mejor, te hace más pleno, más hombre, más humano, más persona.

Eso es lo que yo sueño. Pero yo siempre digo lo mismo, el Colegio no empieza conmigo, esto tiene ya 118 años de historia. El primer año fue reforzar algunas cositas en la gestión y fortalecer al equipo de conducción; la parte administrativa, académica va marchando. El desafío mío concreto del Colegio es acompañar al equipo de conducción de cerca y lo otro es la evangelización de los chicos, lo que es el tema de la catequesis, el apostolado, la pastoral, que es a lo que le estamos dando mayor impulso en estos dos últimos años. El Grupo Misionero, la Fraternidad Josefina Seglar –que es otro movimiento que está en marcha- y el Si Conocieras el don de Dios, que es un proyecto que ha tomado la diócesis y que llevamos adelante las Josefinas.

Esos han sido los tres desafíos que este año esperamos fortalecer y enriquecer con la comunidad.

-¿Cuál es el aporte que puede hacer la educación católica a la educación en general?

-Lo que los chicos estudian acá lo tienen en cualquier lugar, pero lo específico nuestro no lo tienen en cualquier lugar. Es ahí donde nosotros tenemos que distinguirnos. Somos iguales pero hay una nota que nos distingue, que es justamente este aspecto: el católico. Que no es hablar todos los días de Dios, pero sí en ciertos valores, en ciertas formas de relacionarnos, en las reglas de juego en las que nos movemos, en cómo nos movemos acá adentro.

Que los chicos se relacionen con determinados valores, el respeto, el compañerismo, la amistad, la gratitud, el valorarse el uno al otro como persona, el no a la agresividad, a los insultos. Insisto en el cuidado de la casa porque mucho sacrificio cuesta conservar este Colegio; es decir, el cuidado de las pequeñas cosas. La llegada en hora, porque en el día de mañana van a tener que llegar a marcar una tarjeta en el trabajo. El pedir permiso, el esperar para ser atendido, no arrebatar, son cosas de todos los días pero que en el día de mañana se lo van a agradecer, porque es la vida la que educa también.

-Valores que son esenciales en la vida…

-Valores que están perdidos… decir gracias, pedir perdón, reconocer los errores. Ellos saben, a mí me encanta que reconozcan cuando están mal y no esos criterios que nos enseña la sociedad de hoy, que hay que tapar todo, que no hay que decir nada, que no está bien que digamos quién fue.

Creo que también es parte de la educación asumir los errores, asumir por lo tanto después del error las consecuencias que se tienen. En eso insisto bastante.

-En este momento tan especial de tu vida, ¿cuál es tu mensaje a la sociedad trinitaria?

-Es un gracias enorme por lo que celebré el 28. Un gracias enorme a todos los que me acompañaron, a los que hicieron feliz mi día, mucho más de lo que lo había soñado. Tantos gestos de cariño, tantos gestos de cercanía, de tanta ayuda en la celebración, en la fiesta. No quiero dar nombres por si me olvido de alguno y hacemos lío, pero hubo un montón de detalles, desde la familia que hizo el cordero, el lechón, los que regalaron tortas muy ricas y valiosas. Los que llamaron para preguntar si faltaba algo.

Lo otro importante, la Eucaristía celebrada por el obispo que fue muy significativa; por todos los sacerdotes que estaban en Trinidad, por el Padre Jorge que vino de San José, la presencia de mi familia, la gente de Libertad. A ellos darles gracias también.

Vino una amiga de la infancia de Solís de Mataojo, las hermanas que viajaron y que me acompañaron, las llamadas telefónicas de Roma, de Buenos Aires, los mensajes por Facebook.

Si tengo que decir algo es ¡gracias!.

Entrevista aportada por Igor Alcalde, DECOS- SAN JOSÉ