Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

Mons. Pablo Galimberti “Bergoglio educador”: Columna de Mons. Pablo Galimberti

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Cuando una persona asume una nueva responsabilidad lleva las vivencias, herramientas y aprendizajes de su historia anterior. El que no ha sabido gobernar su propia vida o casa, difícilmente podrá gobernar una comunidad o una ciudad, que es como la suma de familias y situaciones que se viven en un hogar, barrio o ambiente de trabajo.

Algo semejante le ha ocurrido al Cardenal Jorge Mario Bergoglio, elegido Papa en el conclave de los cardenales electores el 13 de marzo del 2013.

Estos rasgos de la personalidad del Papa Francisco se descubren en la Exhortación Apostólica “EvangeliiGaudium”, que como es costumbre se la conoce por sus primeras palabras del original latín, que traducidas al español significan “la alegría del evangelio”.

A algunos podrá llamarles la atención que el Papa dedique tiempo hablando de un sentimiento que parece una vivencia individual de cada persona. No es la primera vez que un Papa encara este asunto. Ya el Papa Pablo VI, en el documento que es fruto de una reunión mundial de obispos del año 1974, había escrito sobre la “dulce y reconfortante alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas”.

El Papa Francisco, como buen jesuita, imbuido en las enseñanzas de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús o “congregación jesuítica”, ha puesto su mirada en esta vivencia interior de un buen cristiano, que no es un simple agente o activista sino un testigo de una “buena noticia”. Y si es “buena” no sirve uno que viva todo el día con la cara de museo, como dice el Papa Francisco.

Cuentan los cronistas de la vida de Ignacio de Loyola que, cuando los religiosos jesuitas que él había reunido inicialmente en la universidad de París y poco a poco fueron en aumento, regresaban de sus viajes o correrías apostólicas, una de las preguntas que Ignacio les hacía era: “¿estáis contentos?”

No ponía el acento en lo cuantitativo: el número de convertidos, las personas que habían confesado o las misas que habían celebrado, sino en cómo era su estado interior: paz, desilusión, bronca por los rechazos con los que siempre se tropieza o cosas por el estilo.

Una persona contenta puede levantarse luego de un fracaso, si es que le toca experimentarlo. O puede tener el ingenio despierto para encontrar otro método o manera se llegar a los interlocutores. Pero lo peor es la persona contrariada por el motivo que sea.

En la Exhortación sobre la alegría el Papa quiere hacernos gustar esa vivencia genuina del buen creyente que acepta la fe como novedad, como algo esperado y algo que le abre ilusiones que no podía imaginar antes.

Por ejemplo, dice que ve gente cansada, pero que no se trata de un cansancio feliz sino tenso, pesado, insatisfecho. A veces, dice, esto se origina cuando uno sostiene proyectos irrealizables en lugar de vivir con ganas lo que buenamente se puede hacer.

Otros se desaniman esperando que todo caiga del cielo. Como esperando que el “maná” caiga en la boca. Hay procesos educativos de personas y grupos que requieren paciencia y atención para poder acompañarlos de manera efectiva.

Otras veces, señala, que el problema reside en que nos apegamos de tal forma a algún proyecto o a sueños de éxitos, que sólo existen en nuestra imaginación vanidosa, pero que no resisten a la hora de confrontarlos con la realidad.

Hay veces que los líderes están tan absorbidos en sus ideas que no tienen tiempo para un contacto real con el pueblo y sus ritmos. Se trata o uno se relaciona con personas anónimas u organizaciones. Y así resulta que nos entusiasma más la “hoja de ruta” hermosamente coloreada y desplegada sobre una pantalla gigante, que la ruta misma.

Otras veces hay gente amargada por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. Se vive el inmediatismo ansioso de algunos estrategas teóricos. Y sucede que cuando nos sorprende una contradicción,un aparente fracaso o una crítica, parece que un duro golpe nos cae encima y nos entristece.

En síntesis, hay mucho que rescatar sobre esta cualidad de la “alegría” que nos plantea el talante del Papa Bergoglio, educador.

Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 4 de julio de 2014