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Noticeu “Alexandra. Relato de un ´doble discurso`: Reflexión de Mons. Pablo Galimberti

pablo galimberti

Canta Daniel Viglietti en Gurisito, “aunque nazcas pobre, te traigo también: “se precisan niños para amanecer” (Gurisito). Qué lindo si en esa dirección remáramos todos juntos, en un país envejecido: pobres, ricos, clase media, mujeres y hombres, cuerpo médico y legisladores. Con decidido apoyo de los gobernantes de turno.

Se dice con razón que no hay enfermedades sino enfermos y que no hay usuarios de entes anónimos, sino pacientes con nombre e historias singulares. Por eso quiero detenerme en la historia de Alexandra.

Una mujer uruguaya que pensó abortar, pero atendiendo a las razones del corazón, tomó otro camino. Pero tuvo que pelear contra el muro del doble discurso. El de las palabras y demoras con escasos o ningún gesto concreto. Su peripecia apareció el pasado Domingo en la edición de El País.

“¿En algún momento te dijeron que tenías la opción de seguir con el embarazo y darlos en adopción, o seguir y recibir ayuda de algún tipo? No. Nunca me dijeron nada de eso.” (El País, 30/08/15, pág. 2)

Alexandra acudió a los servicios públicos para interrumpir su embarazo. Pero cuando a un técnico se le escapó la palabra “mellizos”, quedó paralizada y pensó en cambiar la decisión. Pero encontró que todo corría rápido y fácil para “sacárselos” en lugar de invitarla a pensar. La farmacia de la mutualista no le dio las pastillas; la habían dado de baja porque su marido estaba sin trabajo. En un centro de ASSE fue a parar a un consultorio: “Doctora, vengo con usted porque me dijeron que no hace abortos”.

Los organismos del estado dieron claras señales de indiferencia: el Banco de Previsión Social le negó un subsidio porque estaba en el tope de los aportes por la composición de su familia. Alexandra cobra $3.000 de asignaciones y con los mellizos llega a 7 hijos, todos menores y dos con discapacidad. Tampoco el Mides le aumentó el monto de la Tarjeta Uruguay Social (hoy recibe $2.000). En el BPS tramitó boletos pero no le corresponden porque no está trabajando y su esposo está en negro. Pidió apoyo para que su hija sorda pudiera ir  a la escuela, pero el BPS se lo negó.

El tortuoso camino de Alexandra recorrió inútilmente varias etapas. “Pienso que cuando vós decidís seguir con el embarazo pero tenés muchos hijos, la gente lo primero que hace es criticar… No pretendo que nadie me regale nada, ni que me festejen… Pero fue mi decisión” afirma Alexandra.

La mentalidad del descarte parece haberse infiltrado en las rutinas de algunos organismos o funcionarios de la salud, a pesar de la reciente sentencia de TCA que corrige el decreto del MSP que restringió arbitrariamente el alcance de la ley votada en el parlamento.

¿Los habitantes de este paisito amamos la vida? La historia de Alexandra deja planteada la pregunta. Estamos muy lejos del sueño de Viglietti: “Y aunque nazcas pobre, te traigo también: se precisan niños para amanecer”. Menciono a dos doctoras salteñas, aunque pueden ser más, que han mostrado que son capaces de soñar: me refiero a las ginecólogas Remedi y Chiesa.

Un grafiti frente al Pereira Rossell aparecido tras el fallo del Tribunal Contencioso Administrativo me dejó pensando: “¿Una mujer muerta por aborto clandestino no te pesa en la conciencia?”

Conocida la historia de Alexandra, me permito sugerir este otro: El Estado “indiferente” ante una madre que quiere dar a luz: ¿no te conmueve un pelo?

¿Cuántas Alexandras habrá, que quizás no han tenido la misma suerte de ella cuando optaron por seguir con el embarazo? ¿Es realmente ese tiempo de reflexión una instancia que se respeta al máximo? ¿Se respeta la conciencia de una mujer que llega con dudas a la consulta y se le plantean con lealtad todas las alternativas?

El doble discurso en el caso de Alexandra hace pensar. Ojalá nos equivoquemos. Porque seguramente hay mucha gente que trabaja en la salud que sabe cumplir cabalmente su misión prioritaria de cuidar la vida.

Columna publicada en el Diario “Cambio” del 5 de setiembre de 2015