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Hace 200 años el pueblo de Florida comenzó a llamar a la imagen de la Virgen que se veneraba en la parroquia de la Villa como “Virgencita de los Treinta y Tres”.
¿El motivo? El 14 de junio de 1825 se había constituido en la Villa el gobierno provisorio y el 25 de agosto de ese año la sala de representantes, presidida por el Pbro. Larrobla, había proclamado la independencia de este territorio de todo poder extranjero. Era la consecuencia del desembarco, en la playa de la Agraciada, de los Treinta y Tres valientes que vinieron a liberar la patria y juraron libertad o muerte. Una firme tradición asegura que tanto el gobierno provisorio como la sala de representantes pusieron sus anhelos de libertad bajo la protección de Dios y a los pies de la imagen de la Virgen. Así fue que la gente comenzó a llamarla espontáneamente Virgencita de los Treinta y Tres.

1857

El que fuera segundo jefe de los Treinta y Tres, el Gral. Manuel Oribe, regaló la corona de oro que luce la imagen como cumplimiento de un voto hecho al naufragar en el barco en que volvía de un viaje a España.

1894

Mons. Mariano Soler, obispo de Montevideo, hizo colocar una placa en la iglesia parroquial de Florida para fijar en el bronce la advocación popular.

1961

El papa Juan XXIII, a pedido del obispo de Florida, concedió la coronación pontificia de la imagen y un año después, por pedido del episcopado nacional y con el apoyo del gobierno, la declaró patrona del Uruguay.

1988

El papa san Juan Pablo II peregrinó a Florida, veneró la sagrada imagen y recordó a todos el nacimiento cristiano de la patria.

La solemnidad de la Virgen de los Treinta y Tres se celebra el 8 de noviembre y el segundo domingo de noviembre se realiza la peregrinación nacional que reúne a peregrinos de todo el Uruguay junto a sus obispos.

La iglesia parroquial de Florida pasó a ser iglesia catedral en 1931, basílica menor en 1963 y santuario nacional en 1993.

Himno a la Virgen de los Treinta y Tres
Estrella del alba del paterno día,
que el sol de la Patria miraste nacer,
nuestra voz te aclama «capitana y guía»,
como fuiste un día de los Treinta y Tres.

En los torvos ojos de la tribu huraña
tus ojos pusieron luz de amanecer;
y en sus fieros labios, que crispa la saña,
puso sus blanduras tu nombre de miel.

Fuiste toda nuestra, Virgen campesina,
flor de nuestra tierra, como el macachín.
Se doraba el trigo bajo tu hornacina
e iban los corderos balando hacia ti.

Tuya fue la gloria de la audaz Cruzada,
se inclinó a tus plantas su invicto pendón;
los héroes juraron, bajo tu mirada,
la Carta sagrada de emancipación.

Porque nunca fuiste sierva del pecado
y tus manos libres no esclavizó el mal,
por eso te hicimos, Virgen del Pintado,
el signo inviolado de la libertad.

Bicentenario

En este año bicentenario, la Iglesia en el Uruguay, “partera de la patria”, renueva su amor y devoción a la Madre de Dios bajo el título de Virgen de los Treinta y Tres. Es la “estrella del alba del paterno día”, la que vio nacer el sol de la patria y que fue “capitana y guía” de los orientales. Ponemos nuevamente la patria y a cada uno de los que habitamos en este suelo, bajo su mirada bondadosa.

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