El miércoles 8 de abril comenzó la Asamblea Plenaria Ordinaria de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) y, como es habitual, al día siguiente, los obispos recibieron la visita del Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. George Panikulam.
En lo que fue su segundo discurso a la Plenaria de la CEU desde su arribo al país el pasado año, Mons. Panikulam invitó a los Obispos a reflexionar sobre los efectos de la Resurrección de Jesús, “evento central de la fe cristiana¨, en los Apóstoles, a través de los Evangelios, el evento de Pentecostés, el discurso de Pedro en los Hechos de los Apóstoles y la Conversión de Pablo.
En las conclusiones de su Discurso, el Nuncio Apostólico resaltó que “esta fiesta de las fiestas es una llamada para ser testigos verdaderos de Jesús“ y acotó que «Jesús resucitado nos pide salir de nuestros clichés personales, para invitar todo el mundo a conocer y reconocer a Jesús como Salvador”. Recordó, asimismo, que para los Obispos, sucesores de los Apóstoles, la resurrección del Señor es una invitación “a salir de nuestra incredulidad y de nuestras dudas”, que “nos libera del miedo y nos da fuerza para actuar”.
Mons. Panikulam les señaló a los Obispos que “la resurrección del Señor nos recuerda la alta misión” que han recibido , al tiempo que les aseguró que “el Señor resucitado está con nosotros para que podamos cumplir esta misión”. “La resurrección nos recuerda que nuestra tarea principal es anunciar al mundo, con la fuerza de su Espíritu, que ´hemos visto el Señor´”, enfatizó Mons. Panikulam.
La Resurrección de Jesús en la vida y en la misión de los Apóstoles Segundo
Discurso del Nuncio Apostólico a La Plenaria de la Conferencia Episcopal
Florida, 9 de abril de 2015
Querido Señor Cardenal, queridos Hermanos Obispos:
Introducción
“Cristo resucitó, Él está vivo”. En esta octava de la Pascua de Resurrección, esta gozosa expresión continúa resonando en nuestros corazones. La resurrección de Cristo transformó la humanidad íntegra. Permítanme reflexionar con ustedes, los sucesores de los Apóstoles, sobre los efectos de este evento central de la fe cristiana en los Apóstoles. Mateo y Marcos presentan el evento de la Resurrección en modo muy similar, con algunas diferencias: la visita de las mujeres al sepulcro por la mañana del primer día de la semana, el sepulcro vacío, el anuncio de los Ángeles, la aparición del Resucitado a los discípulos y la misión de los discípulos. Lucas añade la narración del encuentro del Resucitado con los discípulos que caminaban hacia Emaús, seguida por la aparición del Resucitado a los discípulos, la promesa del Espíritu Santo y la Ascensión. Juan dedica los capítulos 20 y 21 de su Evangelio al evento de la resurrección. Comienza con el anuncio del sepulcro vacío por parte de María Magdalena a Pedro y Juan, quienes corren al sepulcro, la aparición de Jesús a María Magdalena, la primera aparición a los discípulos, y la segunda aparición a los discípulos con la profesión de la fe de Tomás, el nuevo encuentro del Resucitado con los discípulos en el lago de Tiberíades, el desayuno preparado por Jesús, las tres confesiones del amor de Pedro, la entrega de la grey por el Señor y la invitación a seguirlo que hace el Señor a Pedro. Vamos a referirnos también rápidamente al evento de Pentecostés, al discurso de Pedro en los Hechos de los Apóstoles, y a la Conversión de Pablo.
1. Evangelio de Mateo (28:1-20)
Entre los Sinópticos, Mateo es el que narra más brevemente la resurrección del Señor y especialmente sus apariciones a los Apóstoles. Se dice solo que “los discípulos fueron a Galilea al monte donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron ante Él, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó y les habló: ‘Me ha sido dada plena autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todas las naciones. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enséñenles a guardar todo lo que les he mandado. Yo estoy con ustedes cada día, hasta el fin del mundo’”.
1.1.El ángel encima de la losa del sepulcro vacío anuncia a María Magdalena y a la otra María que Jesús resucitó, como lo había anunciado, y les encarga que vayan aprisa a decir a sus discípulos que Él ha resucitado de la muerte, que va delante de ellos a Galilea y que allí lo verán. Y las dos corrieron a anunciárselo a los discípulos. De pronto, Jesús se les apareció, diciendo: “Alégrense”. Y continuó: “No tengan miedo. Vayan a avisar a mis hermanos que se dirijan a Galilea; allí me verán”. A eso hace referencia Mateo cuando dice: “donde Jesús les había citado”. Son los Apóstoles quienes van al monte en Galilea. Al verlo, se postraron ante Él, aunque algunos dudaban. La postración significa el homenaje del hombre al Señor resucitado. Mateo hace notar que todavía algunos dudaban. Esta duda es la falta de confianza en los tres anuncios que Jesús ha hecho sobre su destino, en el camino hacia Jerusalén. Los Apóstoles no habían querido entender esos anuncios, y reaccionaron con rechazo cada vez. También después de la resurrección esta desconfianza perduró en ellos, así como la duda de algunos.
1.2. No obstante esa duda de algunos discípulos, Jesús se acercó y les habló, tomando la iniciativa. La cercanía y la palabra del Resucitado crean confianza y alejan la duda.
1.3. Antes de entregar la misión a los discípulos, el Señor les indica la autoridad que tiene para hacerlo: “Me ha sido dada plena autoridad en el cielo y en la tierra”. Eso es la autoridad que posee el Hijo de Dios muerto y resucitado. Es en base a tal poder que Él les encomienda la misión.
1.4. “Andando hagan discípulos de todas las naciones; bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enséñenles a guardar todo lo que yo les he mandado. La misión aquí contiene tres aspectos: Hacer discípulos, bautizar y enseñar. A mi parecer, la versión Vayan, en imperativo, es contraria a la teología del Evangelio de Mateo. Para este evangelista, Jesús es el Maestro (Rabbi). El discípulo debe estar a los pies del Maestro y aprender de él. Su tarea no es correr, sino estar con el Maestro. Además, la palabra utilizada en griego es Poreuthentes, participio aoristo, que no puede tener el sentido de un imperativo. Seria correcto traducir esta palabra griega con el gerundio “andando”, para decir que el imperativo es hacer discípulos, y no correr. La misión comprende a todos, sin excluir a ninguno. Hacer discípulos significa hacer que sean discípulos del Maestro, no del misionero. El segundo aspecto de la misión es bautizar a todas las naciones para consagrarlas al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. En otras palabras, sellándolas como propiedad del Dios trinitario. El tercer aspecto de la misión es enseñar a guardar todo lo que Él ha mandado a sus discípulos.
1.5. Esta tarea tan difícil y sublime no se puede cumplir con las solas fuerzas humanas. Es por eso que Jesús promete su presencia perene, como garantía. Es Él quien va a actuar a través de su enviado. Es Él quien va a ser la ayuda permanente para su enviado.
2. Evangelio de Marcos (16:1-20)La narración de la resurrección del Señor en Marcos, como decíamos al inicio, es casi la misma que hace Mateo. Pero se notan algunas diferencias.
2.1. En Marcos son tres las mujeres que van a visitar el sepulcro temprano de la mañana del domingo de la resurrección. También ellas encuentran la losa del sepulcro corrida. Entraron en el sepulcro, vieron a un joven vestido de blanco, sentado a la derecha, y se espantaron. El joven les dijo: “No se espanten. Buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí… Márchense, digan a sus discípulos y a Pedro que Él va delante de ellos a Galilea, allí lo verán, como les dijo”. Marcos dice que se apareció primero a María Magdalena. Ella fue a decírselo a sus discípulos, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, se negaron a creer. Marcos apena menciona la aparición de Jesús resucitado a los dos discípulos en camino hacia Emaús. También ellos hicieron el anuncio del resucitado a los demás. El texto dice: “Tampoco a ellos les creyeron”. Esa falta de fe continúa siendo un aspecto negativo en la actitud de los discípulos, como lo había sido en todo el camino de Jesús desde Cesarea de Filipo a Jerusalén.
2.2. Jesús aparece a los once cuando estaban a la mesa. Los acusa por su incredulidad y por su terquedad en no creer a los que lo habían visto resucitado. Sigue inmediatamente el envío misionero.
2.3. La misión en Marcos consiste primariamente en pregonar la buena nueva a toda la tierra. Menciona inmediatamente la fe y el bautismo. El que crea en la buena nueva y se bautice se salvará. El que se niegue a creer, se condenará. Y menciona a continuación las señales que acompañarán a los que creen.
2.4. Sigue la ascensión. El Señor Jesús sube al cielo y se sienta a la derecha de Dios.
2.5. Los discípulos, antes incrédulos, tristes y llorosos, comienzan a pregonar el evangelio en todas partes; y el Señor cooperaba, confirmando su predicación con las señales que los acompañaban.
2.6. En comparación con Mateo, se nota que Marcos insiste sobre la incredulidad de los discípulos. El Resucitado mismo les echa en cara su incredulidad y su terquedad. Hablando de la Ascensión, Marcos menciona “el sentarse a la derecha de Dios”. En Marcos no se encuentra la mención del poder del Señor directamente. En este Evangelio, la misión consiste primariamente en el anuncio de la Buena Nueva. Fe y bautismo son mencionados como condición para la salvación, y la falta de la fe, como causa de la condenación. No se menciona en Marcos la obligación de enseñar. Se destaca la prontitud de los discípulos para obedecer al mandato del Señor. Se dice que el Señor cooperaba con su anuncio mediante las señales que los acompañaban.
3. Evangelio de Lucas (24: 1-53)La narración de la resurrección es más amplia en Lucas que en Mateo y Marcos. Ya en 23: 55, donde se habla de la sepultura del Señor, se dice que las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron para ver el sepulcro, y al retornar prepararon aromas y ungüentos.
3:1. El primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la losa, entraron y no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Ante los dos hombres con vestidos refulgentes, tuvieron miedo. Y ellos les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo estando todavía en Galilea: El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de gente pecadora y ser crucificado, pero al tercer día resucitará”.
3:2. Recordaron entonces sus palabras y volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los once y a los demás. Pero ellos lo tomaron por un delirio, y se negaban a creerles.
3:3. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, vio solo las vendas por el suelo y se volvió, extrañándose de lo ocurrido.
3:4. La narración amplia del camino de Emaús es típica de Lucas. Como hemos visto, Marcos apena menciona el anuncio de la resurrección de parte de dos discípulos que se encontraron con el Resucitado por el camino. Lucas nos transmite en modo completo la experiencia de los dos iban por el camino. No obstante la instrucción de Jesús de quedarse en Jerusalén, los dos dejan Jerusalén para caminar en la dirección contraria. Ellos comentaban lo sucedido. Mientras conversaban, Jesús resucitado se acercó y se puso a caminar con ellos. El texto dice que “estaban cegados y no podían reconocerlo”. Jesús tomó la iniciativa y les dijo: “¿Qué conversación tenían; y por qué están tristes?”. Cleofás, uno de ellos, le replicó: “¿Eres tú el único que pasa por Jerusalén que no se ha enterado de lo ocurrido estos días en la ciudad?”. Él les replicó: “¿Sobre qué?”. Le respondieron: “Lo de Jesús de Nazaret, que resultó ser un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; de cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron, cuando nosotros esperábamos que Él fuera el liberador de Israel. Y hoy ya hace tres días que ocurrió”. En la respuesta, sigue el anuncio de las mujeres sobre la resurrección, que ha dado a los discípulos un susto. Añade que también algunos del grupo de los Apóstoles vieron el sepulcro vacío, mas no vieron a Jesús. La respuesta de Jesús fue fuerte: “¡Qué torpes son ustedes, y qué lentos para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No debía el Mesías padecer todo eso para entrar en su gloria?”. Y les dice que el Mesías es el cumplimento de toda la Escritura. Acercándose a la aldea adonde iban, Jesús quería ir delante de ellos. Mas ellos insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, que está atardeciendo y el día ya se termina”. Él entró para quedarse. Recostado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se le lo ofreció. Se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero el desapareció. Entonces ellos comentaron: “¿No estábamos en ascuas mientras nos hablaba, explicándonos las Escrituras?”. Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once, con sus compañeros, que decían: Era verdad; ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Se nota también en los dos discípulos en camino hacia Emaús la falta de fe y la ignorancia de la Escritura. El Señor mismo tuvo que suscitar en ellos la fe y el entendimiento de la Escritura. Y ellos se convierten así en anunciadores de la resurrección.
3.5. Mientras hablaban, se presentó Jesús en medio y les dijo: “La paz con ustedes”. Se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma. Jesús los acusó de su miedo y de sus dudas. Después les mostró las manos y los pies. Y entonces ellos no podían creer, de pura alegría. Jesús les pidió algo para comer, y comió delante de ellos el trozo de pescado que le ofrecieron.
3.6. Jesús les recordó lo que les decía cuando estaba todavía con ellos. De nuevo insiste que en Él se cumple toda la Escritura. Después les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
3.7. Jesús dice a sus discípulos: Así estaba escrito: El Mesías padecerá, resucitará al tercer día, y en su nombre se predicará el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Sigue la misión: “Ustedes son testigos de todo esto”. Les promete el don del Padre y les encomienda que se queden en Jerusalén hasta que de lo alto los revistan de fuerza.
3.8. Luego viene la Ascensión. Él los llevó a Betania y, levantando las manos, los bendijo. Mientras los bendecía, desapareció de su vista y fue llevado al cielo.
3:9. Ellos se postraron ante Él y volvieron a Jerusalén llenos de alegría. Y estaban cada día en el templo, alabando y bendiciendo a Dios.
Se nota que, con la presencia de Jesús, cambia la actitud de los Apóstoles. En lugar de miedo, tienen alegría; en lugar de ignorancia, conocimiento del Señor; y en lugar de duda, la alabanza y la bendición de Dios.4. Evangelio de Juan (Cap. 20 y 21)
4.1. El capítulo 20 del Evangelio de San Juan comienza con la visita de María Magdalena al sepulcro, donde ha visto la losa quitada. Corrió a contarlo a Simón Pedro y Juan. Les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y Juan corrían al sepulcro. Juan llegó primero. Vio las vendas en el suelo, pero no entró. Simón Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio las vendas en el suelo y el sudario aparte. Entonces entró también Juan, y al ver aquello, creyó. Porque hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura: que tenía que resucitar de la muerte. Los dos volvieron a casa.
4:2. Sigue la aparición del Resucitado fuera del sepulcro a María Magdalena. Ella recibe el mandato: Anda, ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, que es el Padre de ustedes, a mi Dios, que es el Dios de ustedes. María Magdalena va, y anuncia a los discípulos: “He visto el Señor”.
4.3. Al anochecer del día de la resurrección, estaban los discípulos en una casa con las puertas trancadas por miedo a los judíos. Jesús entró, se puso en medio y les dijo: “La paz con ustedes”. Dicho eso, les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho de ver al Señor.
4.4. Sigue la misión: “Como el Padre me ha enviado, los envío yo también”. A continuación, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo: a quien les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengan, les quedarán retenidos”.
4.5. En el primer encuentro del Resucitado con sus discípulos, faltaba Tomás. Los otros le decían: “Hemos visto el Señor”. Él contestó: “Hasta que no toque con el dedo la marca de los clavos y palpe con la mano su costado, no lo creo”. Ocho días después de la primera aparición, los discípulos estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando trancadas las puertas, llegó Jesús, se puso en medio y dijo: “La paz con ustedes”. Luego se dirigió a Tomás: “Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y pálpame el costado. No seas desconfiado, ten fe”. Y en seguida, Tomás pronuncia su profesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Es la primera profesión del Resucitado como Señor y como Dios. “Jesús le dijo: ¿Porque me has visto tienes fe? Dichosos los que tienen fe sin haber visto”.
4.6. Juan concluye este capítulo con las palabras: “Hemos escrito estas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y con esta fe tengan vida gracias a Él”. La razón de todo el Evangelio es llevar a creer que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y, con esta fe, tener vida en Él.
4:7. Ocho discípulos estaban juntos. Simón Pedro dijo: ”Voy a pescar”. Era la tentación de regresar a la ocupación previa. Los otros contestaron: “Vamos también nosotros contigo”. Salieron y se embarcaron en el lago de Tiberíades, pero aquella noche no pescaron nada. Estaba ya amaneciendo. Jesús se presentó en la orilla, aunque los discípulos no se dieron cuenta de que era Él. Es bien notoria la diferencia entre la noche y el amanecer. En Juan, la obscuridad significa la ausencia del Señor, y la luz, su presencia. Jesús les preguntó: ”Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Contestaron: “No”. Les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán”. La echaron, y atraparon tantos peces que no tenían fuerzas para sacarla. Juan dijo a Pedro: “Es el Señor”. Al oír que era el Señor, Simón Pedro se ciñó la túnica y se tiró al agua. Los otros discípulos, que estaban a unos cien metros de la orilla, arrastraron la red con los peces. Al saltar a tierra, vieron un pescado puesto a asar sobre brasas, y pan. Jesús les dijo: Traigan algunos peces de los que acaban de pescar. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de peces grandes: ciento cincuenta tres. Jesús les dijo: Vamos, coman. Ningún discípulo se atrevía a preguntarle quién era, pues sabían muy bien que era el Señor. Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió; y lo mismo el pescado.
4:8. Después de comer, Jesús pregunta tres veces a Pedro si él lo ama. Y cada vez, luego de oír la respuesta de Pedro, le ordena cuidar su rebaño. Explica claramente a Pedro cuá será el camino que deberá recorrer. Después le dice: “Sigueme”. El capítulo concluye con el testimonio de Juan: “Este es el discípulo que da testimonio de estos hechos: el mismo que los ha escrito; y nos consta que su testimonio es verdadero.5. Los discípulos después de Pentecostés (Hechos Cap. 1 y 2)
5:1. El primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles presenta a los once Apóstoles con María, madre de Jesús, reunidos en oración en una casa en Jerusalén. Se habla de casi 120 personas reunidas allí. Sigue la elección de Matías como Apóstol, en lugar de Judas Iscariote.
5:2 El segundo capítulo comienza con el evento de Pentecostés. Después se presenta Pedro con los otros once, de pie, como testigos de la resurrección delante de “todas las naciones de la tierra”(2: 5). Pedro habla. Habla con coraje sobre Jesús, mostrando cómo Dios ha resucitado a Jesús de Nazaret, a quien crucificaron, y cómo lo ha constituido Señor y Mesías. La proclamación de Pedro muestra como Jesús, el Resucitado, es el cumplimiento de toda la Escritura.
5.3. Las palabras de Pedro “traspasaron el corazón del pueblo” (2:37). Y llega en seguida la reacción: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”. La respuesta dada por Pedro es: “Arrepiéntanse, bautícense, confesando que Jesús es Mesías, para que se les perdonen los pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para todos los que invoquen al Señor Dios nuestro” (2:38-39). El texto dice: “Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil”.
5.4. El resto del capítulo habla sobre la estructura y la vida de la comunidad de los primeros cristianos; en el centro está la enseñanza de los Apóstoles.6. Encuentro de Pablo con el Resucitado (Hechos 9:1-19; 22: 1-16)
6.1. Esta presentación quedaría incompleta, si no se mencionara el encuentro de Pablo con el Resucitado. Pablo no había tenido experiencia de Jesús durante su vida en Galilea: lo conoció solo como crucificado y resucitado. Pablo es mencionado primeramente en los Hechos, durante la lapidación de Esteban. En 7: 58, se lee: “Los testigos, dejando sus capas a los pies de un hombre joven llamado Saulo…”. En el capítulo 9:1-2, se dice: “Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a llevarse detenidos a Jerusalén a todos los que seguían aquel camino, hombres y mujeres”.
6.2. Cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste relampagueó en torno a él. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él preguntó: “¿Quién eres, Señor?”. Respondió la voz: “Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que tienes que hacer”. Saulo se levantó, pero estaba ciego. Lo llevaron hasta Damasco, y allí estuvo tres días sin vista, y sin comer ni beber.
6.3. El Señor llama a Ananías, un discípulo, en una visión, y le dice que vaya a encontrarse con Saulo y ponga sus manos sobre él. Ananías pone una objeción, diciendo que Saulo era un individuo que ha hecho mucho daño a los fieles. No obstante la objeción de Ananías, el Señor le dice: “Anda, ve, que ese hombre es un instrumento elegido por mí para darme a conocer a los paganos y a sus reyes, además de a los Israelitas”. Ananías se encuentra con Saulo, le impone las manos y le anuncia: “Hermano Saulo, el Señor me ha enviado, Jesús, el que se te apareció… para que recobres la vista”. Se levantó y lo bautizaron. Luego comió y le volvieron las fuerzas”.
6.4. En Damasco, comenzó a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios. El encuentro con el Resucitado convirtió al perseguidor en el misionero más ilustre de Jesucristo.7. Conclusiones
7:1. La resurrección del Señor es una invitación para nosotros, sucesores de los Apóstoles, a salir de nuestra incredulidad y de nuestras dudas.
7.2. La resurrección del Señor nos recuerda la alta misión que hemos recibido del Señor.
7.3. Es una ocasión para recordar que el Señor resucitado está con nosotros para que podamos cumplir esta misión.
7.4. La resurrección es para nosotros oportunidad de examinar nuestra disposición a escuchar su palabra y a ser auténticos anunciadores de la Buena Noticia.
7.5. El Resucitado nos llama para profesar que Él es el cumplimento de toda la Escritura.
7.6. Esta fiesta de las fiestas es una llamada para ser testigos verdaderos de Jesús.
7.7. La resurrección nos recuerda que nuestra tarea principal es anunciar al mundo, con la fuerza de su Espíritu, que “hemos visto el Señor”.
7.8. La resurrección del Señor da paz a nuestra vida, la paz que el adquirió reconciliando el mundo con el Padre. Y también nos da esa alegría interior que elimina la tristeza en nuestra vida y en nuestra acción.
7.9. Jesús resucitado nos pide salir de nuestros clichés personales, para invitar todo el mundo a conocer y reconocer a Jesús como Salvador.
7.10. La resurrección nos libera del miedo y nos da fuerza para actuar.
7.11. El resucitado nos regala el celo necesario para buscar nuevas vías de Evangelización, como Pablo.
