
Montevideo, 18 de octubre de 2025
En la víspera de la Jornada Mundial de las Misiones, el sábado 18 de octubre se celebró en el Colegio Seminario de Montevideo el Jubileo Nacional Misionero, organizado por el Departamento de Misiones de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU). Fue un momento de gracia y comunión para toda la Iglesia uruguaya, reunida en torno al tema propuesto por el Santo Padre: “Misioneros de esperanza entre los pueblos”.
La jornada comenzó con las palabras de bienvenida del Cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, quien saludó con alegría y gratitud a todos los presentes: obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y muchos jóvenes provenientes de distintas diócesis del país. Se respiraba un ambiente de Iglesia viva y en salida, deseosa de renovar su vocación misionera y de redescubrir la belleza de anunciar el Evangelio con esperanza.
El encuentro fue introducido por el padre Fernando Sánchez, director nacional de las Obras Misionales Pontificias de Argentina, quien presentó los ejes principales del mensaje del Papa Francisco, invitándonos a reflexionar sobre algunos aspectos fundamentales de la identidad misionera cristiana. Siguiendo a Cristo, “nuestra esperanza”, somos llamados a ser portadores y constructores de esperanza, y a renovar la misión de la esperanza en nuestras comunidades y en el mundo.
Padre Fernando recordó que la misión no es tarea de unos pocos, sino vocación de todos los bautizados. Nace del encuentro personal con Jesús y se expresa en el servicio, en la cercanía y en la alegría de testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana.
Posteriormente, divididos en grupos, reflexionamos sobre cómo, de manera concreta, en nuestras realidades comunitarias, parroquiales y diocesanas, podemos ser cada vez más testigos del Señor resucitado, artesanos de la esperanza y animadores misioneros.
Del diálogo fraterno surgió un fuerte deseo de caminar juntos en la misión, valorando la riqueza de los carismas y vocaciones presentes en la Iglesia del Uruguay. Así nació la propuesta de realizar misiones conjuntas entre distintas congregaciones y comunidades, compartiendo dones y carismas, e involucrando activamente también a los laicos.
La mañana se enriqueció con un momento muy especial: las testimonios misioneros, verdaderas ventanas abiertas a la vida y a la esperanza que nacen del encuentro con Jesús. A través de sus voces pudimos contemplar el rostro concreto de la misión, vivida en distintos lugares y realidades, pero animada por un mismo Espíritu.
La familia Velásquez, después de una experiencia en la Amazonia, descubrió en la misión su vocación y hoy la vive en la sencillez fecunda de una comunidad parroquial uruguaya.
Erik, un joven del interior del país, compartió cómo su presencia en el barrio Casabó, junto a la comunidad parroquial, se ha convertido en un signo concreto de esperanza en medio de los desafíos de la vida diaria.
La Hna. María del Rosario, de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y de María, compartió la riqueza de su experiencia en Honduras, donde una Iglesia viva y participativa le enseñó la fuerza de una fe que se hace comunión y servicio.
Por último, el seminarista Luis dio testimonio de su experiencia entre los pueblos originarios de la Amazonia venezolana, una misión de cercanía, donde el Evangelio se anuncia más con la presencia que con las palabras.
Por la tarde se abrió la Feria Misionera, un espacio colorido y alegre de encuentro, donde fue posible conocer más de cerca la variedad de carismas, obras y presencias misioneras que enriquecen la Iglesia en Uruguay. Fue un tiempo de fraternidad, descubrimiento y comunión eclesial.
La jornada culminó con la celebración eucarística en la parroquia del Cordón, durante la cual se realizó el envío misionero, signo del compromiso de una Iglesia que quiere ir hacia todas las periferias geográficas y existenciales del país y del mundo.
Fue una verdadera fiesta misionera, una experiencia de comunión y esperanza que renovó en todos nosotros el deseo de ser misioneros de esperanza entre los pueblos, llevando la alegría del Evangelio allí donde la vida nos llama y el Espíritu nos envía.














