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Falleció Mons. Roberto Cáceres, Obispo Emérito de Melo

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Falleció, a los 97 años de edad, este Domingo 13 de enero, fiesta del Bautismo de Jesús, en Montevideo, el Obispo emérito de Melo, Mons. Roberto Cáceres.

Este Lunes 14 se celebran Misas de cuerpo presente en la parroquia San José Obrero, Treinta y Tres a las 10.30 h y a las 17 h en la Catedral de Melo. A continuación de la Misa, tendrá lugar el sepelio en el cementerio de Melo.

Así anunciaba la triste noticia el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant en su blog:

Mons. Roberto Cáceres, Obispo emérito de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres).

16 de abril de 1921 – 13 de enero de 2019

En el día de ayer, domingo 13 de enero, fiesta del Bautismo de Jesús, en Montevideo, cerca de la medianoche, falleció Mons. Roberto Cáceres, nuestro querido Obispo emérito de Melo, a los 97 años, en el Hogar Sacerdotal.

Lo acompañaron en sus últimos momentos las Hermanas del Hogar y Mons. Arturo Fajardo, Obispo de San José de Mayo, que se encontraba circunstancialmente allí.

Yo me encuentro lejos de Uruguay, con una diferencia de cinco horas, lo que ha dificultado un poco las comunicaciones oportunas. Mi último encuentro con Mons. Roberto fue el domingo 30 de diciembre, en vísperas de mi viaje. Como tantas veces estuvimos conversando amenamente. Nada me hacía imaginar que su vida estaba llegando a término y esperaba celebrar con él en abril sus 98; pero, sin saberlo, ésa fue nuestra despedida.

Siento mucho esta partida de Monseñor, y más aún el no poder estar acompañando en este momento a tanta gente de Cerro Largo y Treinta y Tres que lo lleva en su corazón, a la comunidad diocesana por la que él dio los largos años de su vida y a su familia.
Muchos pensamientos y recuerdos se me cruzan en la mente… ¡cuántos más en quienes lo conocieron y trataron desde su llegada Melo en 1962!
“…que al final de mi vida / quede mi canto despierto / que todo coyuyo muerto / deja una luz encendida” decía Osiris Rodríguez Castillos en una de sus canciones. La luz del coyuyo es una lucecita, pero aún así lo sobrevive. La luz de Mons. Roberto es una gran luz, la luz de una persona luminosa. No una luz de brillo estridente, sino una luz apacible. Alguna vez un hermano Obispo le dijo que estaba “enfermo de optimismo”. Yo creo que Monseñor no era un optimista, sino algo mucho más profundo: fue un hombre de esperanza. Que la luz de esa esperanza que él supo comunicar y sostener “en el nombre del Señor” –su lema episcopal– siga iluminando el camino de todo el Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres.
A todos, mi afectuoso saludo, unido a ustedes en el recuerdo y la oración por su eterno descanso. Estoy convencido que el Señor premiará la generosa entrega de su vida y lo recibirá como servidor bueno y fiel.

+ Heriberto Bodeant, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres)

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