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La Iglesia en los medios Vaticano considera la canonización de Ruben Isidro Alonso, Padre Cacho

SUBRAYADO |

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El Vaticano comenzó a considerar el proceso de canoninación del sacerdote uruguayo Ruben Isidro Alonso (1929-1992), más conocido como el Padre Cacho, informó el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla.

Desde la semana pasada ha sido considerado por la Santa Sede como “Siervo de Dios”.

La Congregación para la Causa de los Santos dio el llamado “nihil obstat” (“no hay objeción”), es decir la autorización para abrir el proceso de beatificación y su posterior paso: la canoninación.

Subrayado consultó a Pablo Bonavía, amigo personal del Padre Cacho y párroco de la Iglesia de la Cruz de Carrasco (ver video).

“Cacho” fue el tercero de seis hermanos que nacieron en el marco de una familia de clase media de la zona de Villa Dolores.

A los 12 años ingresó al Seminario Salesiano de Manga. Estudió teología en Argentina y se graduó en 1959.

Cacho fue un interlocutor social de alto perfil. Ejerció el sacerdocio en Rivera y Paysandú, antes de reinstalarse en su Montevideo natal.

La experiencia en un barrio periférico en Rivera, en la misma frontera con Brasil, marcó su trayectoria.

Volvió a Montevideo a instancias de una invitación del arzobispo de Montevideo de entonces, Carlos Partelli. Así fue que se instaló en la Parroquia Sagrados Corazones, en la zona de Aparicio Saravia, una de las más pobres de la capital.

En 1978, en plena dictadura militar, dejó la parroquia y se fue a vivir a un rancho de lata en el barrio Plácido Ellauri.

Durante los años 80 extendió su obra y organizó comunidades en La Palmera, Santa María, Juan Acosta, 2 de febrero, Mausa, San Isidro y San Vicente.

Trabajó en la organización de hogares de acogida y cooperativas de vivienda.

Además, participó en las movilizaciones por la dignidad del trabajo de los clasificadores de residuos.

La Cooperativa de Vivienda para Jóvenes y el Movimiento pro Vida Decorosa constituyeron otro soporte social importante.

A principios de los 90 enfermó de cáncer y debió ser trasladado al Hogar Sacerdotal. Allí siguió brindando charlas no solo a curas, sino también a ciudadanos comunes que querían acercarse a su obra social.

Murió el 4 de setiembre de 1992 y sus restos fueron transportados por un carrito de clasificadores de desechos hasta el Cementerio del Norte.

10 años después de su muerte, en plena crisis social y económica del país, la urna con sus restos fue llevada en procesión por los clasificadores de residuos por distintos barrios pobres de Montevideo hasta la parroquia de Possolo.

Unos días después el Parlamento uruguayo le rindió homenaje.

La vocación del Padre Cacho quedó en algunos de sus escritos.

“Siento la imperiosa necesidad de ir a vivir en un barrio de pobres y hacerlo como lo hacen ellos”, contó.

“No como táctica de infiltración, de camuflaje o demagogia, ni siquiera como gesto profético de nada sino para encontrarlo de nuevo a Él porque se que vive allí, que habla su idioma, que se sienta a su mesa, que participa de sus angustias y esperanzas. Tampoco como un “Padre” despachador de sacramentos sino como alguien que va a hacer junto a ellos una vivencia de fe, un camino compartido. Tal vez pueda decirles en su idioma de dolor y frustración, que allí, en medio de ellos esta Él. El que puede cambiar la muerte en Vida, la negación en Esperanza”.