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La Iglesia en los medios Una heladera solidaria que buscar cambiar Montevideo y contagiar solidaridad

EL OBSERVADOR |

Vecinos de Tres Ombúes llevan adelante el proyecto Botijas para compartir comida con quien lo necesita

En el mundo se tiran 1.300 millones de toneladas de comida cada año, cerca de un tercio de los alimentos que se producen para consumo humano, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La Organización Mundial de la Salud (OMS) va más allá en sus cálculos e indica que los desechos alcanzan la mitad de la producción. En contrapartida, 702 millones de personas viven en extrema pobreza, lo que representa el 9,6% de la población mundial.

En Uruguay no existe ningún organismo público o privado que lleve la cuenta de la cantidad de desperdicios de este tipo. Pero sí se conocen los datos del Instituto Nacional de Estadística que indican que el 9,4% de los habitantes vive bajo la línea de pobreza y que 2 de cada 1.000 personas se acuestan a dormir cada noche sin saber si al día siguiente podrán llenar sus estómagos porque sus ingresos no cubren las necesidades alimentarias básicas.

Esta es una realidad que desvelaba a Federico Hartig cada noche. De hecho lo sigue haciendo. El joven de 34 años es el encargado de la división de alimentación que trabaja todos los días en el proyecto Botijas, un club de niños en el barrio Tres Ombúes de Montevideo, y que desde hace dos meses instaló una “heladera solidaria” al frente de su local ubicado sobre la calle Francisco Oliveres.

La idea consiste en generar una red autosustentable en la que vecinos del barrio –o colaboradores– pongan a disposición alimentos en buen estado que no vayan a consumir y puedan llevarse los que sí necesiten.

La idea consiste en generar una red autosustentable en la que vecinos del barrio –o colaboradores– pongan a disposición alimentos en buen estado que no vayan a consumir y puedan llevarse los que sí necesiten.
El proyecto es una réplica de una heladera solidaria en Salto que se abrió por primera vez en mayo del año pasado y que durante los meses de invierno –hasta setiembre, cuando cierra– da de comer a entre 110 y 200 personas por día, contó el sacerdote José García, gestor del proyecto, a El Observador. La oferta no se extiende todo el año porque es difícil mantener un ritmo de producción constante.

Si bien se trata de una movida bastante común en países de Europa, fue un grupo de empresarios tucumanos, dueños de restaurantes, quienes impulsaron la idea en la región. En marzo del año pasado colocaron una “heladera social” con excedentes de comida generados en sus restaurantes, alimentos que no habían sido tocados por ningún cliente pero que ya no se iban a vender.

“La idea de nuestra heladera responde a una necesidad de las familias del barrio y de querer ayudarlas”, explicó Hartig.

Efecto contagio
Botijas nació hace 20 años por iniciativa de los vecinos de Tres Ombúes que armaron la Asociación Civil Andares, y con el respaldo del INAU comenzaron a dar apoyo escolar a seis niños. Hoy, dos décadas después, son más de 100. En el lugar trabajan 16 profesionales, desde maestros hasta asesores pedagógicos y talleristas. Reciben niños en dos turnos (mañana y tarde), los ayudan con las tareas de la escuela y les dan apoyo psicológico.

Para Rafael Laitano, maestro en Botijas, la heladera “es una más de las ideas que todos los días se van generando para mejorar la situación del barrio”. El docente trabaja hace siete años en el lugar y cada vez que se lo cuenta a un conocido se enfrenta a reacciones negativas cargadas de prejuicios.

“Estoy muy contento de trabajar acá, es donde me siento realmente libre. Esto es un centro de referencia no solo para los niños del barrio sino que también se extiende y se abre. Este lugar es para todos”, dijo.

“Estoy muy contento de trabajar acá, es donde me siento realmente libre. Esto es un centro de referencia no solo para los niños del barrio sino que también se extiende y se abre. Este lugar es para todos”, dijo.
Griselda Silvera, madre de Gerónimo, uno de los niños que asiste a Botijas todos los días, no tiene palabras para explicar lo que significa el proyecto en su vida. “Es mi segunda casa”, exclamó. Sobre la heladera, dijo que se trata de una idea muy buena porque “es una ayuda para todos”. Ella suele tomar fideos y, cuando hay, dulce de membrillo y calditos para darle a sus hijos. Todavía no pudo dejar nada a cambio, pero espera poder hacerlo en algún momento.

Las reglas con las cuales se rige el funcionamiento de esta iniciativa fueron marcadas por los propios vecinos en una reunión previa a su instalación. Uso moderado, llevar alimentos que no estén vencidos ni en mal estado y hacerlo durante un horario estipulado son algunas de las normas.

“Eso está bueno porque se fueron uniendo lazos y transmitiendo valores que rescatan el compromiso y el respeto hacia el otro”, manifestó Hartig. Y agregó que hasta la fecha no ha habido inconvenientes y que “la heladera nunca ha estado vacía”. De hecho, al principio la colocaron en el patio trasero del local de Botijas por miedo al mal uso, pero al cabo de unos días la movieron para el frente reafirmando su confianza en la gente de la zona.

Además de contar con el apoyo barrial, la heladera también se abastece con el aporte de Redalco, una red de alimentos que dona frutas y verduras que no se alcanzan a vender en el Mercado Modelo.

“Nos gustaría que Montevideo se llenara de heladeras solidarias en diferentes zonas. Cuando uno dice Tres Ombúes enseguida lo asocia con delitos, pero que el barrio se conozca por algo positivo está genial. Acá también pasan cosas buenas”, expresó Hartig.

“En toda casa alguna vez se tiró comida, es inevitable. La idea es que surjan más para que otros la puedan aprovechar. Es un proyecto que genera muchas cosas, no es solo poner una heladera y que se manejen”, añadió.

“En toda casa alguna vez se tiró comida, es inevitable. La idea es que surjan más para que otros la puedan aprovechar. Es un proyecto que genera muchas cosas, no es solo poner una heladera y que se manejen”, añadió.
Si bien en Botijas son conscientes que un solo refrigerador para todo el barrio “no alcanza ni le va a solucionar la vida a nadie”, están convencidos de que es una ayuda y que realmente puede hacer la diferencia. Al menos, contagiar la solidaridad.

Legislar el desperdicio
“Trabajé en restaurantes y sé que se tira mucha comida”, dijo Federico Hartig, encargado de la división de alimentación en el proyecto Botijas.

Si bien no existen datos concretos respecto a este problema en el país, en mayo del año pasado el diputado colorado Adrián Peña (Vamos Uruguay) presentó un proyecto que propone prohibir a los supermercados y otros comercios tirar alimentos que al final del día estaban a la venta y por tanto en condiciones de ser consumidos. Según la iniciativa, tampoco las grandes superficies podrán almacenar comida con fecha de caducidad próxima, y todos esos productos deberían donarse.

Consultado por El Observador, Peña dijo que el proyecto “está trancado” en la comisión de Población, Desarrollo e Inclusión. Si bien “el año pasado avanzó mucho” y “consiguió el apoyo de los legisladores de la oposición”, no fue puesto a consideración y todavía no fue analizado por el oficialismo.

Horario: La heladera solidaria funciona de lunes a viernes de 8 a 18 horas en Francisco Oliveres 4944.