Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Una decisión no tradicional [Opinión]

EL OBSERVADOR | Ricardo Peirano

Después de la excelente columna de Lincoln Maiztegui publicada ayer en este diario acerca de la renuncia del papa Benedicto XVI, más vale que me dedicara a escribir sobre otro tema. Sin embargo, el impacto de la decisión papal, tan novedosa como beneficiosa para la Iglesia cuando se la mire con perspectiva, y que tan bien habla del papa, me lleva a añadir algunas reflexiones que pueden ser útiles al lector.

Hay, quizá, muy pocos periodistas que conozcan tan bien al cardenal Joseph Ratzinger como el italiano Vittorio Messori. Para realizar su famoso libro Informe sobre la fe publicado en 1985, acompañó a Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en sus vacaciones y mantuvo allí un diálogo muy profundo sobre temas de gran actualidad. Joseph Ratzinger respondió con extrema franqueza a las numerosas preguntas del periodista, incluso a las más delicadas y el libro, de autoría conjunta, se convirtió muy pronto en un gran éxito editorial.

El periodista italiano, que siguió muy de cerca los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, publicó la semana pasada una larga columna en el diario Corriere della Sera sobre la renuncia del papa. Se preguntaba allí, entre otras cosas, ¿por qué hizo pública la renuncia el 11 de febrero, aniversario de la virgen de Lourdes y Día Mundial del Enfermo? ¿Por qué se anunció la dimisión en una reunión de cardenales anunciada rutinariamente para canonizar tres nuevos santos? ¿Cuál es el porqué del lugar elegido por el papa emérito –cuan raro suena este título que no se empleaba desde hace sies siglos– para su retiro? Pero quizá la más sugestiva pregunta que se hizo Messori fue la de si Benedicto no debió seguir el ejemplo de Wojtyla, y luchar heroicamente hasta el final en lugar de seguir el ejemplo de san Celestino V. Una pregunta que muchos se han hecho y a la cual ha habido muy diversas respuestas. Algunas de tipo político (no quiere que otros manejen la Iglesia aprovechando su debilidad como lo vio en los últimos tiempos de Wojtyla), o de tipo personal (el ejemplo de Juan Pablo II lo conmovió pero prefirió vivir tranquilo sus últimos días, sufrió mucho con la traición de su mayordomo), etc.

Por eso me parece oportuno dar a conocer la respuesta textual de Messori, que conoce muy bien a Benedicto, y no opina sin fundamento o meramente especulando sobre posibles motivos. Dice Messori en su columna del Corriere della Sera: “Gracias a Dios, son muchas las historias personales, muchos los temperamentos, los destinos, los carismas, las maneras de interpretar y vivir el Evangelio. Grande, a pesar de lo que piensen quienes no la conocen desde dentro, grande es la libertad católica. Muchas veces, el entonces cardenal (Ratzinger) me repitió, en las entrevistas que tendríamos a lo largo de los años, que quien se preocupa demasiado por la difícil situación de la Iglesia (¿cuándo no lo ha sido?) demuestra no haber entendido que esta pertenece a Cristo, es el cuerpo mismo de Cristo. Por tanto, le toca a Él dirigirla y, si es necesario, salvarla. “Nosotros”, me decía, “solamente somos palabra del Evangelio, siervos, y por añadidura inútiles. No nos tomemos demasiado en serio, somos únicamente instrumentos y, además, a menudo ineficaces. No nos devanemos demasiado los sesos por el futuro de la Iglesia: realicemos hasta el final nuestro deber, Él pensará en lo demás”.

Una respuesta clara, pero también una respuesta que viene de la fe. Y una respuesta que muestra la libertad con que se ha movido Benedicto XVI, animándose a romper con una tradición de seis siglos, en aras de un mejor tiempo para la Iglesia.

¿Ratzinger conservador? Menuda tontería. Es sin duda un gran innovador. Y ha tomado una decisión fiel a su trayectoria que le permitió traspasar los límites filosóficos tradicionales y dialogar con todas las religiones, las culturas y las filosofías. Como decía Maiztegui al terminar su columna, “la Historia, con mayúsculas, reservará un lugar de excepción a este alemán universal, que hoy el mundo despide con asombro, afecto y temprana nostalgia”.