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La Iglesia en los medios Tróccoli: “en temas educativos, hay posturas que precisan evolucionar”

ECOS.LA/UY |

Por: Leonel García

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Para el obispo auxiliar de Montevideo, se debe encontrar los “caminos evangelizadores” en los ambientes menos religiosos.

Hasta ahora, la semana más importante para los cristianos ha encontrado a monseñor Milton Tróccoli, obispo auxiliar de Montevideo y secretario general de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) recorriendo comunidades en el Centro, en barrios periféricos como Puerto Rico, y en el Monasterio de las Hermanas Benedictinas en El Pinar. Le ha gustado lo que ha visto: “mucha gente, mucha alegría y mucha calidez”. Eso permite “ofrecer el mensaje de siempre, el de esperanza”.

Sin embargo, la semana para esta fe comenzó con una masacre perpetrada en dos iglesias de Egipto por yihadistas del Estado Islámico, que dejó 44 muertos. Eso fue el domingo de Ramos, el mismo día en que el cardenal Daniel Sturla, principal figura de la Iglesia Católica en Uruguay, admitió que de haber sabido que pedir la colocación de una estatua de la Virgen María en la rambla del Buceo iba a generar “tanto conflicto”, no lo hubiera hecho.

Cosas que, Tróccoli admite, pasan en el país menos catolico de la región más católica del mundo. Si en América Latina, dos de cada tres personas admiten profesar esta fe, en Uruguay esa proporción es dos de cada cinco, según el Latinbarómetro 2014.

– Esta semana empezó con los atentados en las iglesias coptas en Egipto, ¿qué le genera eso desde acá?

-Eso pasa en el Medio Oriente, en Siria e Irak. También en Egipto y en otros países de África. Es una situación muy dura para todas las comunidades cristianas que están sufriendo una gran persecución, sobre todo por parte de grupos radicales. Esto nos da mucho dolor, por un lado, y también nos mueve a la búsqueda de solidaridad con estas comunidades. Sin duda, estamos rezando por ellos.

-Más allá de rezar, ¿la Iglesia Católica no tendría que tomar alguna otra acción? Poder político tiene.

-Presión política no puede hacer. A nivel eclesial puede socorrer, ayudar o buscar mecanismos de solidaridad. Y facilitar la receptividad, la acogida, cuando estas comunidades tienen que emigrar a otros países. Y a veces tiene que emigrar con lo puesto.

-¿A qué atribuye ese odio a los cristianos?

-Esto es algo que no solo la vive la Iglesia. Se ha visto en los atentados en Europa. Hay grupos muy radicalizados, que se han vuelto muy violentos y que tienen como único recurso la violencia y la matanza.

-Usted se refiere al islamismo radical, integrista. ¿Ese es hoy el mayor enemigo de su fe?

-No es el único… Además, no es solo contra los católicos, es contra todos los cristianos. Pero si vamos a hablar de mayor enemigo, para nosotros el mayor enemigo siempre será el pecado, la falta de coherencia con el Evangelio. Y tenemos que afrontar los ambientes de secularización para buscar los caminos evangelizadores.

-Habla de ambientes seculares, ¿están percibiendo una hostilidad hoy en Uruguay?

– A ver… hostil no. Hay diferencias de ideas sobre qué lugar debe tener la religión en la sociedad y la cultura actual. Es una diferencia a nivel conceptual y de ideas. Las leyes de Uruguay garantizan la libertad de culto y expresión religiosa. El tema es cómo se considera la laicidad. Y ahí sí tenemos opiniones diferentes.

-¿Cuál defienden?

-Durante mucho tiempo se ha concebido la laicidad en nuestro país como el reducir lo religioso al ámbito estrictamente privado y quitarlo de todo ambiente social y educativo. Aclaro que hablo de lo religioso en general, no lo estrictamente católico. Y yo creo que lo religioso es una dimensión antropológica del ser humano. Quitarlo no nos ayuda a crecer como persona, no ayuda a la convivencia y no ayuda cuando se habla de crecer en valores. No ayuda dejarlo fuera de la vida y el relacionamiento humanos.

-El domingo pasado, atendiendo a la prensa frente a la Catedral Metropolitana, el cardenal Sturla dijo que de haber sabido que su idea de poner una imagen de la Virgen en la rambla iba a traer tanta polémica no lo hubiera hecho. Pero en la rambla, en el Parque Rodó, hay una estatua de Iemanjá, que tiene mucho menos adeptos (según el Latinbarómetro, solo el 2% profesa religiones afroamericanas) y menos rechazo de determinados actores políticos y sociales. ¿Cómo se vive eso?

-A ver… yo entiendo que eso suscite diferencia de ideas. Aclaro que poner una estatua de la Virgen no partió de los obispos, sino de la gente. Lo que hicimos fue darle un apoyo. Yo lo que no entiendo es que en la Junta Departamental un voto sobre la Virgen se declare de disciplina partidaria, eso ya me parece exagerado. Otra cosa sería que en su libertad de conciencia cada uno se pueda expresar.

-Son varias las expresiones en tal sentido. Este martes, en ECOS se publicó que un consejero de Primaria, Pablo Caggiani, dijo que iniciativas como Los Pinos, que es del Opus Dei, no deberían existir. En otras organizaciones similares, como el Liceo Jubilar, que también es religiosa y también es de Casavalle, han recibido cuestionamientos de ese tipo. ¿No percibe realmente una corriente hostil contra la Iglesia Católica?

-Creo que en el tema educativo, que ha sido el más sensible en los últimos tiempos, todavía hay posturas a las que les faltaría crecer, evolucionar. Hay temas sociales, donde se busca el bien de toda la sociedad. Sobre todo cuando hablamos de contextos críticos, de barrios carenciados. Ahí tendría que haber una sinergia, un apoyo y búsqueda común para soluciones. Porque luego nos quejamos de la marginalidad, pero no estamos brindando posibilidades educativas de calidad.