Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Sorprendió hasta el final

EL OBSERVADOR |

El pontificado de Benedicto XVI estuvo marcado por las polémicas y la novedad

Ya le había pedido a Juan Pablo II que le concediera la dimisión cuando era prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe y el papa, allá por el año 2002, se la había negado porque prefería tenerlo cerca. Así se mantuvo el cardenal Joseph Ratzinger hasta que en abril de 2005 el papa falleció y le tocó oficiar en sus funerales y luego sorprenderse cuando, en el segundo día de cónclave, su nombre fue el más repetido. Tenía 78 años y en su primera misa se describió como un “débil siervo de Dios”.

Ratzinger era muy conocido en el ámbito académico por su larga trayectoria como teólogo en varias universidades de Alemania hasta llegar a la universidad de Ratisbona, donde fue vicerrector y catedrático de Dogmática e Historia del Dogma. También se le reconoce su aporte durante el concilio Vaticano II –era consultor de Joseph Frings, arzobispo de Colonia–, así como su larga carrera como prefecto, donde su principal cometido era velar por la ortodoxia de la doctrina católica. Pero pocos lo conocían por ser un gran predicador, una figura carismática o alguien de renombre que se ganara la condición de “papable” –palabra que tanto empieza a sonar y que el tiempo dirá si tiene algo de relevante o no–, a pesar de que al final lo fue.

El primer molde que rompió fue al anunciar el nombre que elegiría como pontífice: Benedicto XVI. Los pronosticadores se habían jugado por que elegiría seguir a su predecesor y llamarse Juan Pablo III, o volver un paso atrás y quedarse solo con el nombre de Pablo y con el número VII. Pero no, ese día todos tuvieron que buscar en los libros de historia de la Iglesia quién era Benedicto XV y por qué habría inspirado al nuevo papa alemán. Resulta que este antecesor lo había sido entre 1914 y 1922, período de la primera guerra mundial, y había concentrado sus fuerzas en pelear por la paz.

Cuando exhibió su escudo papal también sorprendió a los que se habían acostumbrado a los 27 años de aquel de fondo azul con una cruz blanca y una M. El nuevo tenía una división interna poco tradicional e imágenes cargadas de simbolismo que poco decían a los que lo miraran a simple vista: un oso, una concha marina y una cabeza de moro, símbolos del peregrino y de Freising, diócesis en la región de Baviera.

La primera encíclica del nuevo papa sería igualmente novedosa. Tal vez lo esperable fuera que abordara cuestiones doctrinales –como lo venía haciendo desde hacía tantos años– pero no, el tema elegido fue el amor de Dios. En Deus Caritas Est recalcó el amor como gesto distintivo de los cristianos.

Así comenzó a enseñarle al mundo que él era un papa para todos y no solo para los intelectuales, y que estaba dispuesto a adaptarse a las nuevas exigencias y a romper con su timidez. Los jóvenes lo reconocieron en seguida, cuando, al poco de asumir, Benedicto XVI presidió la Jornada Mundial en Colonia, cuando 2 millones lo acompañaron. A la última de Juan Pablo II afuera de Roma (Toronto, 2002) habían asistido unos 800 mil fieles y a la última de Benedicto XVI, en Madrid en 2011, llegaron casi 3 millones.

Algo similar sucedió con los asistentes a las audiencias y otras celebraciones que tuvieron lugar en el Vaticano. Mientras que en 2004 se destacaba el récord de que más de 2 millones hubieran participado en estos eventos, en 2006, al año siguiente de iniciar su papado el alemán, esta cifra era de 3 millones.

Benedicto XVI también adaptó su mensaje a las nuevas tecnologías: bajo su pontificado se renovó la agencia de noticias vaticana y se lanzó la cuenta oficial del papa en Twitter, administrada por un pontífice que igualmente demostró su cabal comprensión de las redes sociales en los últimos mensajes que escribió para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (el más reciente lo publicó el 24 de enero), en los que llamó a la reflexión sobre el rol de las redes sociales en la evangelización, algo que nadie podría imaginar que pensaría un hombre de 85 años.

Siendo un amante de la naturaleza y de la música, para nada extravertido, prefirió evitar un protagonismo que lo incomodaba y dejó en el centro a Jesús y su mensaje. Tanto es así que en sus ratos libres se dedicó a escribir sobre Él hasta publicar los tres libros de Jesús de Nazareth.

Las polémicas se hicieron presentes en varios momentos de su papado. Tal vez la primera grande fue en su misma universidad, la de Ratisbona, donde citó parte de un libro sobre el islam y su entrecomillado generó la ira de los musulmanes. Pidió perdón en más de cinco comunicados pero los ánimos se calmaron recién cuando estuvo en Turquía y rezó en una mezquita. En ese momento, con un gesto, el papa que parecía no dado a la comunicación logró solucionar el malentendido.

“Justamente, porque eran contundentes, sus decisiones fueron controvertidas y polémicas”, declaró a El Observador André Beltramo, periodista experto en el Vaticano.

Otra de esas controversias la encontró tras levantarle la excomunión a los obispos que habían sido ordenados por el arzobispo Lefebvre, de modo “válido pero no legítimo”, según una carta que Benedicto XVI redactó para explicar una decisión que generó la disconformidad –sobre todo– del pueblo judío porque uno de esos obispos negaba el holocausto. El argumento del papa para aceptar a los prelados era favorecer la unidad, según esa misma carta.

A fines de 2009 creció una ola de denuncias de abusos sexuales cometidos principalmente por sacerdotes europeos en las décadas de 1970 y 1980. Quien estaba al frente de la Iglesia respondió modificando las normas (extensión del plazo de prescripción, posibilidad de que todos sean juzgados y posibilidad de presentación directa de la dimisión, entre otras) y con cartas sobre cómo proceder, además de reunirse varias veces con víctimas de abusos.

Finalmente, el papa revolucionó con su anuncio del lunes. En la Iglesia no faltan quienes afirman que moderniza al papado porque al renunciar de manera libre y consciente deja un precedente que liberará las manos a sus sucesores.

Así piensa Giovanni Maria Vian, director de L’Osservatore Romano, quien resumió en pocas letras cómo se despedirá el papa: “Con una decisión humana y espiritualmente ejemplar, en la madurez plena de un pontificado que, desde su inicio y durante casi ocho años, día tras día, no ha dejado de sorprender y dejará una huella profunda en la historia”.