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Hace 10 años, el liceo Jubilar se presentó como una innovación en la educación pública. Hoy sus primeros egresados están en la Universidad. Estas son algunas de sus historias.

La universidad siempre implica un cambio importante. A Yessica Miranda, que cursa segundo año en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, lo que más le impresionó fue el tamaño. Venía del Misericordista, un liceo chico, y pasar a un lugar con cientos de alumnos, con aulas enormes y con profesores que no recuerdan tu nombre la impactó. Académicamente, la base que recibió en Secundaria fue un sostén que le permitió cursar y salvar el primer año sin problemas.

Yessica, al igual que los demás estudiantes entrevistados, vive en la Cuenca de Casavalle, e hizo el ciclo básico en el Liceo Jubilar Juan Pablo II. O el Jubilar, como se ha hecho conocido. Egresó en 2008, y mientras cursaba bachillerato en otro liceo, siguió vinculada al Jubilar para preparar su camino hacia la educación terciaria.

El liceo Jubilar un emprendimiento privado que da enseñanza gratuita se inauguró en 2003 y sus primeros alumnos egresaron tres años más tarde rumbo al Bachillerato. Matías Folgar, coordinador de ex alumnos del Jubilar, dice que con los primeros egresados, las autoridades notaron que si bien los muchachos lograban una muy buena formación de Ciclo Básico, luego se perdía la comunicación con ellos. A veces se enfrentaban sin ayuda a una realidad adversa, y eso los desanimaba a continuar estudiando.

Para evitar eso, en 2009 se creó el Espacio de Permanencia y Acompañamiento (EPA), un programa orientado a acompañar el bachillerato de los alumnos egresados, y prepararlos para lo que les espera en la universidad.

El liceo cuenta con un sistema de becas y convenios con una lista de liceos públicos y privados, a los que los jóvenes que se inscriben en el EPA pueden recurrir. El objetivo es que el joven elija el centro que mejor se adapte a su perfil y sus objetivos. Una vez inscripto, las autoridades del Jubilar generan un vínculo con el centro elegido y siguen la evolución del estudiante.

En la mañana, los alumnos van al nuevo liceo a los estudios curriculares, y de tarde vuelven al Jubilar para cumplir con un cronograma de actividades semanales. Estas van desde de Inglés y Deportes hasta clases de apoyo académico y talleres sobre incitativa laboral.

Nicolás Valiente es el primero en su familia en llegar a la Universidad. Hizo liceo en el Jubilar y bachillerato en el liceo Saint Brendans y este año está cursando las carreras de Traductorado y Relaciones Internacionales en la Universidad de la República. A él, lo que más le impactó de la universidad fue la independencia a la hora de seguir un plan de estudios. Muy distinto a lo que venía acostumbrado. Para que esa libertad no le juega en contra, es vital la exigencia que mamó en el Jubilar y el EPA. “Desde que entras te obligan a organizarte. Los talleres y actividades te consumen tiempo, entonces tenés que aprender a aprovecharlo”, dice a Qué Pasa. Con esa rutina, la adaptación a la Universidad no le resultó difícil. Incluso ahora tiene más tiempo libre que antes.

Folgar, el coordinador del Jubilar, dice que el objetivo del EPA es que el estudiante cumpla sus expectativas. Desde ir a una universidad privada hasta aprender un oficio. Pero siempre con estudios. Para ello, se los apoya durante la última etapas del secundario y se los prepara para la próxima etapa: la universidad o una carrera técnica.

Actualmente, 182 jóvenes de tres generaciones participan del EPA, ya sea en un régimen directo o indirecto. El año pasado egresaron 19 alumnos del programa, y 11 ingresaron este año a la Universidad; los otros no son desertores sino que o les quedaron materias o decidieron no seguir estudiando. Tomando en cuenta que la generación tenía 35 alumnos, esto implica que casi el 30% de la generación que empezó en el Jubilar en 2007 está hoy en la universidad.

La vocación es algo caprichosa, y si bien en el EPA y los liceos curriculares se trabaja en la orientación, le toca al estudiante decidir. Yessica quería ser abogada, pero cuando su familia se vio obligada a tratar con uno, descubrió que era una profesión más fría de lo que pensaba, y terminó eligiendo psicología. A Nicolás en cambio, una charla con un adscripto lo convenció de seguir Traductorado. Pero como tenía miedo de perder la prueba de idioma español de ingreso, se anotó en Relaciones Internaciones. Hoy no sabe cuál de las dos carreras le gusta más.

Paradójicamente, Fernanda Martínez descubrió que no quería ser arquitecta mientras cursaba el bachillerato de arquitectura en el Misericordista. No por algo negativo, sino porque ese año se entusiasmó con Historia del Arte. Y rumbeó para ese lado. Esta cursando Licenciatura en Ciencias Históricas en la Universidad de la República. Para ella también fue vital el seguimiento que recibió del Jubilar. Primero en el liceo y después en el EPA. Una opinión que coincide con la de su hermana melliza, Paula.

Ella entró este año a la Facultad de Psicología de la Universidad, y el hábito de estudio es una de las principales herramientas que destaca de su educación. También el inglés. Además de los talleres en el EPA, el Jubilar tiene un convenio con la Alianza Cultural Uruguay Estados Unidos. Junto a su hermana, está preparándose para dar el examen de Proficency de la Universidad de Canmbridge.

Si bien la universidad puede ser gratuita, no es gratis. Folger, del Jubilar, dice que desde el año pasado se está trabajando con el Fondo Nacional de Solidaridad y la Fundación Chamangá para que los próximos estudiantes puedan contar con becas de apoyo. El año pasado una egresada logró acceder a una beca de Chamangá, que ronda los 7.000 pesos mensuales. Para algunos, una diferencia.

A Nicolás, entre libros y otros gastos, la carrera le cuesta más de lo que esperaba, pero por ahora no tiene problema para costearla. El año pasado quiso aplicar para el Fondo de Solidaridad, pero no pudo por problemas en la documentación. El año que viene va a volver a aplicar. Yessica se presentó a las beca de la fundación Chamangá pero no quedó seleccionada. De todas formas, trabaja como tutora en el Jubilar y eso le alivia un poco la carga. Ni Paula ni Fernanda cuentan con una beca, pero si bien a Fernanda le gustaría aplicar a una el año que viene, a Paula le da un poco de pereza cumplir con el trámite y prefiere dejar esa ayuda a otro con menos posibilidades.

Ahora todos quieren terminar la carrera y recibirse en los próximos años. Y todos quieren vivir de lo que les gusta. Y eso no es poco.
UNIVERSIDAD POR BARRIOS

Según datos enviados por la División Estadística de la Universidad de la República, el último Censo de Estudiantes Universitarios arrojó que en 2012, 92 residentes del barrio Casavalle asistieron a la Universidad de la República. El número representa un 1% de total de los estudiantes de Montevideo. Los barrios con menos universitarios son Bañados de Carrasco con 16 estudiantes, La Paloma con 18 y Toledo Chico con 28. En el otro extremo, los barrios con más universitarios son el Cordón con 9.054, Pocitos con 6.051 y el Centro con 4.770.