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La Iglesia en los medios Robótica en el Jubilar: para aprender y crear

EL OBSERVADOR |
Alumnos se vuelcan cada vez más hacia carreras tecnológicas

Los alumnos del taller de Robótica en plena creación. J. M. Ramos

Lejos de ser una clase formal y aburrida, el taller de robótica del Liceo Jubilar fomenta un ambiente de diversión, donde los alumnos circulan libremente, arman y prueban sus creaciones, se entusiasman y aprenden. Desde 2011 funcionan los talleres de animación, videojuegos y programación, destinados a los alumnos de primer año, a los que se agregaron entre 2012 y 2013 los de programación y robótica, para los de segundo. Daniel Karvelis, profesor de informática, y quien imparte los talleres, cuenta que la iniciativa comenzó como un programa piloto del Plan Ceibal. En principio la duración era de uno o dos meses pero, dado el entusiasmo que mostraban los alumnos, se convirtió en un taller anual.

Se trata –explica Karvelis– de robótica educativa, donde “a diferencia de la robótica industrial, lo que importa no es que el robot ande bien, sino todo el proceso que se hace para llegar a él: diseñarlo, imaginarlo, armarlo y hacerlo andar”.

Entusiasmados con sus proyectos, las horas en la clase del taller de robótica parecen volar. La clase empieza a la hora 15, después de la currícula normal, y tiene una duración de una hora y media, pero –dice Karvelis– no son pocos los días en los que los alumnos se quedan hasta las 6 de la tarde.

Aunque a simple vista parezca una clase desordenada, donde cada grupo trabaja a su ritmo –unos prueban sus modelos en la clase, o en el pasillo, otros ven videos de robots en las computadoras, otros programan– los resultados se ven en otras materias, dice el profesor, mientras un grupo de cuatro alumnas lo rodean entusiasmadas porque al fin encontraron cómo colocar una pieza que no funcionaba.

A través de la creación de robots y luego de su programación, los alumnos aprenden matemática, física y lógica, deben enfrentarse a distintos problemas y trabajar en equipo.

El profesor es una guía, circula por la clase, de mesa en mesa, despeja dudas y los anima a que resuelvan los problemas por sí solos: “Se equivocan mil veces, si bien trato de tirarles algunas líneas o ideas, los dejo y no les digo la solución hasta dentro de dos clases: una de las técnicas es esa, dejarlos que ellos encuentren soluciones”.

Plan Ceibal proporciona la capacitación a los profesores y los kit Lego para construir los robots. En grupos de cuatro o cinco, los alumnos son desafiados a construir tres robots diferentes durante el año.

El primero es un auto: a partir de un modelo, todos los grupos construyen el mismo robot, para interiorizarse sobre las piezas y la programación. El segundo es a elección. Aunque se parte de un modelo, cada equipo elige el suyo y debe ingeniárselas para construirlo con las piezas del kit. El último es totalmente creativo: los alumnos diseñan y arman su propio modelo.

Con sus robots los alumnos participan todos los años de la Expo Aprende, una muestra anual de los trabajos realizados a través del Plan Ceibal. Una de las condiciones para poder asistir a estos eventos es no tener materias bajas en la currícula obligatoria de clases, como forma de incentivar también el estudio de las demás materias.

A pesar de que estos talleres optativos comenzaron solo hace tres años, han tenido influencia en la elección de la orientación que siguen los alumnos al pasar a bachillerato. “Hasta hace unos años todos agarraban para la parte de humanidades, y desde hace un tiempo a esta parte están migrando para la parte científica tecnológica, van a las tecnicaturas de UTU, hay un perfil que está tendiendo a la electrónica y mecánica”, afirma Karvelis.

A la clase concurren 25 alumnos, de los cuales siete son mujeres. La mayoría de ellos participó también del taller de videojuegos y decidió hacer este año el de robótica. Para la estudiante Romina Durruty, el taller “está muy bueno. Vos misma podés hacer los diseños, y ya programarlo y manejarlos para que corra, para que cuando soplás o hablás fuerte vaya a una velocidad o si hablás bajo vaya más lento”, dijo.

Alejo Pellejero, por su parte, dice que entró al taller porque le gusta la tecnología: “Es lo que yo quiero hacer para mi futuro. Me gusta el tema de programar y crear, la tecnología, y construir cosas”.

Para el año próximo, en tercero, “la idea es que haya una continuidad”, dice Karvelis, que piensa capacitarse para enseñar a los alumnos a hacer robots con elementos reciclados: partes de una computadora o el motor de una licuadora.

Algunos alumnos ya piensan en el próximo proyecto: quieren armar un robot que tire aviones de papel. Miran modelos, sacan ideas y comentan con los demás cuáles serán los mejores materiales, y cómo lograr que el avión vuele más rápido.

Mediante la inclusión de la robótica en las aulas, el Plan Ceibal pretende incentivar a los alumnos a profundizar en conocimientos de asignaturas como física, matemática, dibujo y programación, a través de una “construcción propia del conocimiento”, un robot, en el que se sintetizan las distintas disciplinas. l

Lo dijo

“Desde hace un tiempo a esta parte los alumnos están migrando para la parte científica tecnológica”

Daniel Karvelis

profesor de robótica

“Me gusta el tema de programar y la tecnología. Es lo que quiero hacer para mi futuro”

Alejo Pellejero

Alumno del taller de robótica