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La Iglesia en los medios Raúl Castro y la Iglesia Católica [Opinión]

EL OBSERVADOR |

El anuncio de Raúl Castro acerca de su eventual retorno al catolicismo trasciende un tema de naturaleza personal e indica no solo la creciente influencia mundial del papa Francisco, sino también otro giro en la concepción cubana del comunismo. El presidente caribeño se deshizo en elogios al pontífice, mediador decisivo en el acercamiento con Estados Unidos, luego de una extensa reunión en el Vaticano. Castro no solo destacó su formación estudiantil en centros jesuitas, igual que el papa, y prometió asistir a todas las misas que el pontífice oficie durante su visita a Cuba en setiembre. Si el papa mantiene sus actuales líneas de acción, “volveré a rezar y volveré a la iglesia, y no estoy bromeando”, afirmó.

El sorpresivo anuncio de conversión religiosa afirma un más estrecho relacionamiento entre la dictadura cubana y la Iglesia católica, después de muchos años de acrimonia. En las primeras épocas de la revolución de Fidel Castro, su régimen fue enemigo y represor del clero católico, al que acusaba de contrarrevolucionario y de albergar clandestinamente en las iglesias a participantes en la fracasada invasión de Playa Girón, en 1961. El deshielo recién comenzó en 1998 cuando, después de la visita de Juan Pablo II a Cuba, Fidel restituyó la prohibida festividad de la Navidad y facilitó las prácticas religiosas. Su hermano y sucesor en la presidencia elogió y agradeció ahora la mediación del papa Francisco en el acuerdo con el presidente Barack Obama para restablecer relaciones y habilitar más viajes e intercambio comercial. Raúl Castro inclusive acaba de anunciar que el 29 de mayo Estados Unidos retirará a Cuba de la lista de naciones acusadas de promover el terrorismo, lo que permitirá el inmediato nombramiento de embajadores. Aseguró que las negociaciones con Washington “van bien”, aunque persiste el obstáculo del embargo económico. Obama es partidario de levantarlo, pero encuentra oposición en el Congreso, que tiene la palabra final.

Mientras avanza la negociación con Estados Unidos, para paliar la pobreza económica y social en Cuba, la posición asumida por Raúl Castro profundiza su versión de un régimen comunista, parecido al imperante en China. Se le asemeja en el sistema de partido único y férreo control político pero abriendo la economía al sector privado, como hizo Deng Xiao Ping en la década de 1980. A diferencia de China, sin embargo, el gobierno cubano está dispuesto a aceptar la libertad religiosa y aleja a su modelo comunista del ateísmo.

El comunismo marxista original preconizaba en el siglo XIX la muerte del capitalismo burgués en una lucha de clases y consideraba a la religión como el opio de los pueblos. El posterior comunismo soviético fue apenas una dictadura sanguinaria, con el Estado como amo y señor de todo y enemigo de toda religión. La caída de la URSS desdibujó ese modelo, convirtiendo al comunismo en una etiqueta de texto variable en los pocos países en que sobrevive, acomodada a las realidades económicas y a las necesidades de la gente, como sucede en Uruguay. Raúl Castro le está dando una nueva cara con su profesión religiosa y de apertura económica. Pero persiste el carácter dictatorial del gobierno, sin libertades públicas ni tolerancia con quienes disienten con el régimen. El respeto de los derechos humanos es el complemento indispensable para que Cuba se reintegre plenamente al concierto de naciones que han abjurado, al menos formalmente, de las dictaduras de viejo cuño.