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Noticeu “No dejemos de alimentar `quijotadas’” llama Mons. Pablo Galimberti 

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“No dejemos de alimentar `quijotadas´. Germinan en el alma y cada tanto asoman la cabeza. ¡No las guillotinemos!”, anima el Obispo de salto, Pablo Galimberti, en su columna semanal del Diario “Cambio¨. ¡Cuánto necesitamos que aflore el `quijotismo´, cuando los problemas parecen ahogarnos y qué bien nos haría exclamar como el Quijote ordenando a Sancho que haga abrir una jaula con leones… ¡A mí leoncitos!´”, sostiene Mons. Galimberti.

“Aquel Quijote, que ´frisaba la edad con los cincuenta años; … seco de carnes, enjuto de rostro`, estuvo el Domingo pasado en el Teatro Larrañaga`´, narra el Obispo. Se refiere a una representación del Quijote a la que asistieron jóvenes estudiantes salteños. La Obra “estimula a los docentes de literatura, con frecuencia cansados ante jóvenes distraídos. La presentación de la obra sugiere métodos nuevos para interesar a los estudiantes y ayudarlos a descubrir la veta quijotesca y el perfil de su escudero Sancho que todos llevamos en el alma”, señala el Obispo.

Mons. Galimberti subraya el “elogiable esfuerzo para descubrir que también hoy necesitamos  soñadores para sembrar propuestas `quijotescas´ animadas por sueños de mayor justicia y misericordia, en escenarios sociales, modelados por estructuras anónimas, mezquinas y con recortadas utopías´”.

“`¿Habrá todavía “quijotes” en nuestra sociedad`? Casualmente, el mismo Domingo de la representación de esta obra, en Roma, Teresa de Calcuta fue proclamada santa, una `quijote´ en el mundo de hoy”, concluye el Pastor. .

 

Don Quijote por Salto

Mons. Pablo Galimberti

Aquel Quijote, que “frisaba la edad con los cincuenta años; … seco de carnes, enjuto de rostro”, estuvo el Domingo pasado en el Teatro Larrañaga.

Su escuálida figura de “hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, los bigotes grandes…” (Parte II, cap. XIV) se presentó con el grupo teatral salteño La Galera, interpretado por Fernando Luzardo en el papel principal, insuflando vida a los personajes.

Escuchamos al enamorado halagando a su Dulcinea: “Era de ver la figura de Don Quijote: largo, tendido, flaco, amarillo, estrecho en el vestido…” (Parte II, cap. LXII). Y me recordó el musical “The Impossible Dream”.

Escribe Miguel de Unamuno: “Obrar es existir y ¡cuántos vivientes carnales, aprisionados en el estrecho hoy, obran menos que el sublime loco en que renació glorioso Alonso Quijano, al perder, secándosele el cerebro, el juicio!” (El caballero de la triste figura). 

Elogiable esfuerzo para descubrir que también hoy necesitamos  soñadores para sembrar propuestas “quijotescas” animadas por sueños de mayor justicia y misericordia, en escenarios sociales, modelados por estructuras anónimas, mezquinas y con recortadas utopías.

La representación de muchas obras en la antigüedad clásica hacía que los espectadores experimentasen una “catarsis” o purificación. Este efecto les permitía procesar en sus vidas los sentimientos o conflictos que exponían los personajes. Pensemos en Antígona y su fidelidad por seguir las “leyes no escritas”, como le dice a su hermana. Son dilemas que todos llevamos dentro y que la obra representada nos permite sacarlos a la luz de la conciencia.

La representación del Quijote estimula a los docentes de literatura, con frecuencia cansados ante jóvenes distraídos. La presentación de la obra sugiere métodos nuevos para interesar a los estudiantes y ayudarlos a descubrir la veta quijotesca y el perfil de su escudero Sancho que todos llevamos en el alma.

La obra deja entrever el proceso por el cual ambos protagonistas que parecen antagónicos poco a poco se van complementando. Y al final, mientras el Quijote vuelve a la cordura y a ser el Alonso Quijano, su fiel escudero Sancho Panza adquiere rasgos de su mentor. Y es que todos llevamos un Quijote y un Sancho en nuestra personalidad. El idealista y el pedestre, inquieto por el comer y el poder, soñando por la “Insula Barataria” que su caballero le ha prometido.

Cuánto necesitamos que aflore el “quijotismo”, cuando los problemas parecen ahogarnos y qué bien nos haría exclamar como el Quijote ordenando a Sancho que haga abrir una jaula con leones… ¡A mí leoncitos!

¿Habrá todavía “quijotes” en nuestra sociedad”? Casualmente, el mismo Domingo de la representación de esta obra, en Roma, Teresa de Calcuta fue proclamada santa, una “quijote” en el mundo de hoy. El periodista Eduardo Espina escribió:

“En un mundo cada vez más egoísta y degradado, donde los individuos viven en una especie de autismo que recuerda a la vida de un mejillón, la monja de corazón inmenso ayudó para que la vida miserable de una cantidad de gente, que no tenía otra gente que la ayudara, se llenara de esperanza, lo cual no es poco decir. Pero no solo les dio esperanza; les entregó todo su tiempo terrenal.”

No dejemos de alimentar “quijotadas”. Germinan en el alma y cada tanto asoman la cabeza. ¡No las guillotinemos!

Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 9 de setiembre de 2016