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La Iglesia en los medios Náufrago salvadoreño: “Tenía mi mente en Dios. Si me iba a morir, sería con Dios, así que no tenía miedo. Creo que esta es una historia impresionante para la gente”

EL OBSERVADOR |

Náufrago volvió a la civilización después de 13 meses a la deriva

Sobreviviente. Su compañero murió de hambre a los cuatro meses y lo tuvo que tirar del barco

Albarengo dijo que se siente un poco “loco” después de haber pasado tanto tiempo solo en el mar. AFP

Con una barba arbolada, una lata de refresco en la mano y los ojos como cerrados por el reflejo del sol, el náufrago que asegura que estuvo más de un año a la deriva comiendo lo que pescaba y bebiendo sangre de tortuga y su propia orina arribó ayer a Majuro, la capital de las islas Marshall. Se está sometiendo a estudios médicos y las autoridades analizan los datos de su identidad, mientras el protagonista da a conocer más datos –a veces un poco confusos– de su periplo.

Se llama José Salvador Albarengo, tiene 37 años y es originario de El Salvador, aunque vivió al menos 15 años en la localidad mexicana de Tapachula, cerca de la frontera con Guatemala. Ahí trabajaba como camaronero en una empresa llamada Camaronera de la Costa y un día de diciembre de 2012 salió a pescar.

Estaba con un compañero –Xiquel o Ezequiel, de entre 15 y 18 años– en un barco de fibra de vidrio de siete metros de eslora. El viento los vapuleó, se les averió el motor y quedaron a la deriva.

Ahora, 13 meses después, uno de ellos está seguro en tierra, aunque hambriento y confundido.

Sobrevivió comiendo pájaros, peces, tortugas y pequeños tiburones que pescaba con sus manos. Se tapaba la nariz para tragar con menos asco los alimentos crudos. “Su compañero no tuvo tanta suerte. No podía tragar la comida y se murió de hambre a los cuatro meses”, comentó la intérprete que le asignaron a Albarengo.

Cuando el colega murió, el salvadoreño lo tiró al mar y pensó en suicidarse, según contó él mismo a un corresponsal de The Guardian. “Durante cuatro días quise suicidarme. Pero no podía concretarlo. No quería sentir el dolor, no podía hacerlo”, declaró. Bebía agua de lluvia, pero cuando no había, se saciaba con sangre de tortuga o con su propia orina.

Así fue sobreviviendo, armado solo con un cuchillo y tapándose para protegerse del sol. “No sabía ni en qué día vivía ni qué hora era. Solo sabía del sol y la noche. Nunca vi tierra, puro océano”, relató. El mar lo ayudó, pues estuvo “muy plácido, solo dos días hubo olas grandes”.

Cuando The Guardian le preguntó cómo había sobrevivido, respondió que nunca se aburrió y que rara vez tuvo miedo. Por el contrario, rezó todo el tiempo. “Tenía mi mente en Dios. Si me iba a morir, sería con Dios, así que no tenía miedo. Creo que esta es una historia impresionante para la gente”, agregó.

Dios, justamente, fue lo primero en que pensó cuando la semana pasada vio tierra después de más de un año. “Oh, Dios”, se dijo a sí mismo. “Recién había matado un pájaro para comer y de repente vi algunos árboles. Grité ‘¡Oh, Dios!’. Llegué a la tierra y dormí mucho. A la mañana me desperté y escuché un gallo y vi gallinas y una casita. Vi a dos mujeres nativas gritando. No tenía ropa, solo mi calzoncillo, pero estaba rajado y roto”, comentó.

Eso fue el jueves pasado. Había llegado al atolón coralino Ebon, parte de las islas Marshall, en la Micronesia. El archipiélago del Pacífico está a más de 12 mil kilómetros del punto de donde había partido. Después de que lo pudieron poner en contacto por radio con una intérprete que hablaba su idioma, el extranjero fue ubicado en un barco que 22 horas después lo dejó en Majuro, la capital del archipiélago.

Allí está desde ayer, sometiéndose a los necesarios chequeos médicos. Según el doctor Ron Mendoza, que desde el hospital de Majuro habló con EFE, los signos vitales del pescador “son normales y su estado de salud es estable”. De todas formas, el náufrago padece de un edema, “quizá crónico”, está deshidratado y aún esperan a que estén listos los resultados de los análisis de sangre que se le están haciendo.

Entre tanto, el salvadoreño le dijo a su intérprete que tiene huecos en su memoria y que se siente “loco” después de haber pasado tanto tiempo solo en el agua. “Está recibiendo cuidados médicos. Todavía no le estamos haciendo preguntas muy complicadas”, informó Tony de Brum, autoridad de las islas.

Identidad y dudas

Por otra parte comienzan las averiguaciones sobre la completa identidad del salvadoreño, sus familiares y su situación legal. De acuerdo con NBC, de Estados Unidos, el hombre dio a las autoridades una lista de sus parientes y estas intentarían contactarlos.

Thomas Armbruster, embajador de EEUU en las islas, declaró a la prensa internacional que el visitante “está muy ansioso por volver a contactarse con su empleador y con la familia de Ezequiel. Eso es lo que ahora lo motiva”.

De todas formas, el encargado de Relaciones Internacionales del archipiélago, Gee Bing, se mantiene un tanto escéptico sobre todo lo que acontece. “Parece una historia increíble y no sé si me la creo. Cuando lo vi, no estaba tan flaco como otros sobrevivientes que reconocí en el pasado. Tengo algunas dudas, una vez que empecemos a comunicarnos con su lugar de origen podremos tener más información”, declaró al Guardian.

Destacó que el náufrago no tenía ninguna identificación y que algunos detalles de su relato están confusos, como, por ejemplo, la fecha en la que partió de México. l

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La ruta marítima es creíble

Erik van Sebille, un oceanógrafo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, declaró al diario británico The Guardian que es posible que un barco a la deriva haya zarpado en México y llegado a las islas Marshall. Ese viaje duraría entre 18 meses y dos años, pero podría hacerse en los 13 meses que clama que viajó el salvadoreño.

“El modo en que se mueven las corrientes en el Pacífico implica que hay una corriente del oeste muy fuerte justo al norte del Ecuador que, básicamente, llevan directamente de México a Indonesia, y en el camino pasas justo por las islas Marshall”, declaró.

Lo dijo

“Tenía mi mente en Dios. Si me iba a morir, sería con Dios, así que no tenía miedo. Creo que esta es una historia impresionante para la gente”

José Salvador Albarengo

Náufrago salvadoreño