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La Iglesia en los medios Monseñor Daniel Sturla: “El Papa me dio un espaldarazo a seguir adelante hacia lo que queremos hacer acá en Montevideo”

EL ESPECTADOR |

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Ya ha pasado medio año de la designación de Daniel Sturla como arzobispo de Montevideo. Su nombramiento tuvo una impronta reformista dentro de la iglesia católica de Uruguay y ha intentado seguir la línea del papa Francisco. El domingo se reunió con jóvenes de varias agrupaciones políticas para tratar varios temas: la propuesta de bajar la edad de imputabilidad, el diálogo de la iglesia con los diversos actores de la sociedad, entre otros. A propósito de esta jornada, el monseñor Sturla dijo a En Perspectiva que como educador siempre trató de “incentivar a los jóvenes que sienten cierta vocación por la política a que lo hagan, a que militen, a que participen activamente y no se decepcionen”. En cuanto a su intercambio con el Papa, Sturla contó que Francisco le dio un “espaldarazo a seguir adelante (…) hacia lo que queremos hacer acá en Montevideo”.
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(emitido a las 8.48 hs.)

NICOLÁS BATALLA:
Ayer, unos 60 jóvenes de diversos orígenes se reunieron para dialogar sobre sus inquietudes en torno a distintas problemáticas sociales del país. Había frenteamplistas, blancos e independientes. Había ateos, católicos y de otras religiones. Además de su edad, tenían algo más en común: todos se reunieron acudiendo al llamado del arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla.

El encuentro, que tuvo como lema “Los y las jóvenes más el arzobispo: juventudes, propuestas e inquietudes”, es la más reciente de las acciones que Sturla ha encabezado desde que está al frente de la Iglesia de Montevideo, en lo que parece un claro deseo de involucrar más a esta institución en la sociedad uruguaya.

Sus posturas con relación a algunos temas relevantes de la vida nacional lo han colocado ya varias veces en el centro del debate político y, a la vez, han abierto un signo de interrogación en torno a lo que puede pasar con la Iglesia bajo su dirección.

Cuando está por cumplir seis meses al frente de la diócesis más importante del país, esta mañana recibimos en En Perspectiva al arzobispo de Montevideo, monseñor Daniel Sturla.

¿Terminaron muy tarde anoche?

DANIEL STURLA:
Sí, como a las 10 de la noche, más o menos. Porque después, para los que querían, también estaba la celebración de la misa, así que ese fue el final. Porque todo el encuentro terminó con un momento musical muy interesante con Diego Berardi, exalumno salesiano y gran músico. Estuvo muy lindo. Y después los que querían se podían quedar a la celebración de la misa, y se quedaron unos cuantos de los chicos.

NB – De todos modos, imagino que con los horarios de los jóvenes no tiene mucho problema, tiene experiencia en ese sentido.

DS – Sí, y es de las noches temprano. No hay problema.

NB – ¿Cómo surgió la posibilidad de este encuentro?

DS – Fue una iniciativa de los salesianos de la Pastoral Juvenil de los salesianos. Ellos mismos contactaron otros grupos, me invitaron, me pareció lindísimo poder compartir, porque la idea no era ir a una especie de conferencia en la que me hicieran preguntas y yo respondiera, sino compartir inquietudes, propuestas. Para mí lo importante, sobre todo en este año y ojalá siga siéndolo, es escuchar y aprender. No es solamente que yo voy a enseñar, porque no es que uno la tenga clara y tiene que ir dictando cátedra, sino que uno escucha, atiende y trata de dar el aporte desde la perspectiva que tiene.

NB – ¿Cómo fue la dinámica del encuentro?

DS – Arrancó con una breve presentación, después les dije justamente eso, que ha sido muy importante en mi vida saber que uno tiene que aprender a aprender, que en eso radica parte de la sabiduría de la vida, y que muchas veces me ha tocado aprender en serio y este año estoy aprendiendo a ser arzobispo. Entonces, así como me he encontrado con distintos grupos de la sociedad, que en general ha sido porque me han invitado, también en ese encuentro con los jóvenes –que por vocación he sido educador salesiano parte de mi vida– poder escuchar inquietudes y propuestas para mí era muy importante.

Los chicos se dividieron en cinco grupos y en cada grupo debatían esas propuestas e inquietudes. Yo fui pasando por los grupos, también para tener un contacto más directo y saber quiénes eran, porque después en barra grande es más difícil.

Después hubo un plenario en el que ellos plantearon, y después yo fui hablando, dialogando, respondiendo preguntas, y en algunas cosas preguntándoles “¿y ustedes qué opinan de esto?”.

ROSARIO CASTELLANOS:
Es importante señalar que esto no fue una convocatoria abierta, hubo una invitación, y en el listado de los grupos jóvenes que se invitó está planteada esa diversidad que a usted le interesaba. No se trataba solamente de grupos relacionados con actividades de instituciones católicas, sino que había representación de los partidos, de ONG, hasta de Ovejas Negras. Más allá de si fueron o no, la propuesta era escuchar todo lo que podía ser un abanico de actitudes de los jóvenes uruguayos en general.

DS – Exacto, porque esa era la propuesta. Habría sido más lindo todavía si hubiera habido un poquito más de diversidad en los que respondieron –porque algunos no fueron–, porque ese es el abanico de la realidad juvenil del Uruguay. Si no, como en todos los grupos humanos, uno tiende a dialogar con los que más o menos están cerca, y el tema es tratar de dialogar con todos y escuchar a todos, porque esa es la realidad juvenil del Uruguay.

Igual, con los que fueron, por más que la mayoría por hache o por be estaban vinculados a la Iglesia, algunos no, fue muy variopinta la participación de jóvenes de diversos lugares, de diversos sectores sociales, etcétera. Fue muy rico.

RC – Tengo entendido que sobre el final hubo una especie de síntesis de temas en los cuales hubo no sé si acuerdo, pero al menos intereses compartidos.

DS – Sí, porque las propuestas y las inquietudes eran muy diversas. Yo traté de tomar algunas, las que me parecía que más se repetían.

RC – ¿Como cuáles?

DS – Estaba el tema de la comunicación en la Iglesia, estaba el tema de la pobreza. Porque muchos de estos jóvenes tienen una fuerte inquietud por el trabajo en ambientes pobres, y había jóvenes de ambientes pobres, por ejemplo del proyecto Minga, del proyecto Tacurú, que a su vez están trabajando allí. Ahí hubo un planteo juvenil que me encantó.

Porque muchas veces desde sectores, sea el Estado, sea la Iglesia, sea quien sea, vamos hacia la gente que está en una situación de dificultad para tratar de tender una mano. Con todo lo que eso tiene de bueno, y también con lo que tiene a veces de ambiguo en lo que puede significar “yo de afuera voy y te doy una mano”. En cambio ahí había varios jóvenes de los grupos que plantearon cómo “trabajar con”, desde dentro de la pobreza.

Creo que el único que ha hecho eso en el Uruguay en el sentido más pleno ha sido el padre Cacho, esa figura excepcional de sacerdote que se metió en un asentamiento y desde allí y con la gente fue caminando lentamente para hacer crecer en dignidad. Es una experiencia muy única. Hay muchas experiencias que se parecen a esa, pero creo que como la del padre Cacho no ha habido otra, es lo que significa más la redignificación de las personas pero desde dentro, no como alguien que viene fuera y hace mucho, sino intentando dignificar desde allí. Y me encantó que varios grupos de estos jóvenes tuvieran esa inquietud. Porque muchos de ellos van a barrios, pero sienten esa limitante: voy a dar, pero vuelvo a mi casa.

RC – Y vuelvo a mi casa después, calentito.

DS – Eso fue muy interesante. Después el tema de la comunicación en la Iglesia, que muchos jóvenes plantearon y yo coincido en que es el gran problema de la Iglesia, no sabemos comunicarnos en este momento, hay un problema de comunicación muy grande.

Y se plantearon temas más de actualidad, por ejemplo el tema de la baja de la edad de imputabilidad y lo que la Iglesia opinaba o no opinaba, la inquietud por el tema homosexualidad e Iglesia, hasta dónde homosexuales –y gente en otras situaciones que pueden ser más complejas, divorciados vueltos a casar– se sienten excluidos de la Iglesia.

NB – Una crónica de La Diaria de hoy recoge uno de esos planteos realizados públicamente por algunos de los jóvenes que estaban allí. Pero no recogía la respuesta de monseñor Sturla a propósito del tema de la diversidad sexual y cómo deberían sentirse los cristianos homosexuales, que se sienten cristianos en su casa pero no encuentran en la Iglesia el espacio para expresarse de esa manera. ¿Hubo una respuesta de Sturla a ese planteo?

DS – Sí, mi respuesta es lo que he repetido mucho en este tiempo: la Iglesia es casa de todos, por definición. Incluso la palabra “católica” quiere decir ‘universal’, no universal en el sentido para todos los países, sino para toda la gente de toda raza, en toda situación. También en una situación como puede ser la que llamamos de diversidad sexual.

Obviamente, después está lo que eso significa dentro de la Iglesia. Por supuesto que hay una serie de normas morales que tocan todos los aspectos de la vida, no solo el aspecto sexual. Yo digo: homosexuales o heterosexuales, personas humanas todas, llamadas a formar parte de la Iglesia en la medida en que sean creyentes, más allá de su condición. Después estará en la Iglesia la vida que puedan tener las personas según su situación concreta. Y eso vale también para otras situaciones que son diversas.

RC – ¿Pero no cree que esa gente hasta ahora se ha sentido excluida, que la Iglesia ha señalado esa condición, como también la de los divorciados, como que es ajena a los preceptos de la Iglesia y la ha alejado?

DS – Puede ser. Pienso que hay un tema social, ha cambiado la mirada de la sociedad con respecto a estas situaciones, los jóvenes han cambiado. Yo lo he visto en mi vida trabajando con jóvenes como educador salesiano. Una cosa era cuando empecé a trabajar en Talleres Don Bosco con jóvenes salesianos cuando había una situación de ese tipo, un muchacho que uno podía decir que tenía esa tendencia. Y otra cosa es ahora, desde hace cinco o seis años, cuando surge una situación de ese tipo los mismos jóvenes lo ven de un modo totalmente distinto, la sociedad lo ve de un modo distinto.

RC – ¿Y puede la Iglesia mirarlo de forma distinta también?

DS – ¡Claro que sí! Primero, porque creo que ahí hay un crecimiento en la comprensión, creo que toda la sociedad ha crecido, creo que también la Iglesia lo ha vivido y ha aprendido. Porque la Iglesia también aprende. Entonces eso es muy bueno.

Pero repito –lo digo así y no sé si soy claro, si digo que hay problemas de comunicación también lo tengo yo–, eso no quiere decir que está todo bien, vale todo, son cosas distintas. Pero la persona –ese es el valor de la dignidad de la persona humana, eso es lo más importante–, sea lo que sea, toda vale, toda persona está invitada a formar parte de la Iglesia, que es el gran pueblo de Dios de los que creemos en Cristo.

NB – En rasgos generales, ¿qué tan lejos o qué tan cerca encontró la agenda de preocupaciones de los jóvenes de la agenda que tiene planteada la Iglesia o de sus preocupaciones personales?

DS – Coinciden en muchas cosas. El tema de la pobreza, el tema de la comunicación; salió el tema de la educación también más tangencialmente.

RC – ¿Qué planteaban los jóvenes en educación? ¿Querían más educación, querían otra educación?

DS – El planteo fue más por el lado de que la Iglesia tiene una larga experiencia en este campo, y algunas muy buenas. Entonces, cómo puede ser más conocido eso, si puede ser llevado delante de otro modo. Quedó un poquito ahí; en lo que yo escuché, puede ser que en los grupos se haya profundizado más. Yo después recogí algunos de esos aspectos.

Es evidente que la Iglesia en el Uruguay hace un aporte enorme en el campo educativo, que muchas veces es desconocido. Y otras veces no, por ejemplo el liceo Jubilar ha sido estrella en el tema de comunicación. Tacurú en algún momento también, quizás hoy menos. Pero así como están esas dos experiencias, hay otra cantidad enorme de experiencias educativas de la Iglesia que es muy bueno que se recojan y que puedan hacer ese aporte a toda la sociedad.

Y atentos, lo quiero subrayar porque para mí es muy importante: muchas de esas experiencias la Iglesia las ha podido hacer gracias a que el Estado ha tenido la apertura, a través del INAU –Consejo del Niño, Iname, INAU–, de apoyar desde hace 25 años, desde el retorno a la democracia, a las ONG mediante convenios. Eso le ha permitido a la Iglesia, como a otras ONG, realizar una tarea social que ha sido importantísima para el país.

RC – Ha mencionado dos tareas de la Iglesia, el liceo Jubilar y en un momento Tacurú, detrás de las cuales había dos sacerdotes muy buenos comunicadores, Gonzalo Aemilius y el padre Mateo. Pero en algún momento dentro de la Iglesia se los consideró demasiado buenos comunicadores, como que estaban haciendo marketing personal. ¿Usted cree que es importante, hablando de las carencias de la Iglesia en cuanto a comunicar, que exista esta actitud de algunos sacerdotes de dar cuenta de aquello que están haciendo con convicción, como en los dos casos?

DS – Por supuesto que sí. Aparte son dos estupendas personas y estupendos sacerdotes. Tuve la alegría de compartir mucho con Gonzalo en Roma, nos divertimos mucho y también charlamos mucho. Después –algunas veces lo he dicho y me parece importante– para la obra concreta es muy bueno el recambio. Si no la obra queda unida a la persona, muere la persona y muere la obra. Famoso fue el padre Borrazas en el Tala en su tiempo, la obra del padre Martín más recientemente en el Cerro. Y murió el padre Martín, murió la obra. Entonces el recambio de personas, que en la Iglesia se hace, termina salvando las obras, más allá de que después quizás les falte el marketing que está unido a personas concretas con una capacidad de comunicación muy grande.

RC – Y en algunos casos repitiendo las obras, replicándolas en otros lados, como hizo el padre Mateo.

DS – Tal cual, y eso es espectacular. Ni que decir que Gonzalo ahora está en Roma, está estudiando, pero al mismo tiempo está haciendo muchas otras cosas también. Sale de noche con el grupo Comunidad San Egidio a dar comida. Y no solo a dar comida, a encontrarse con la gente pobre en Roma. Fue una experiencia muy linda el encuentro con Gonzalo y todo lo que compartimos.

NB – Uno de los aspectos que llamaron la atención del encuentro que mantuvo ayer con los jóvenes es una frase que usted les decía y que hoy destacaba La Diaria. Decía que en este tiempo electoral es importantísimo que se milite en política, que los jóvenes militen. No creo que sea frecuente que la Iglesia llame a la militancia política. ¿Por qué decidió dar ese mensaje?

DS – Lo he creído desde siempre. Y si uno lee lo que dice el papa Francisco –y podría seguir para atrás también–, la política es una de las cuestiones más nobles, de las actividades más nobles del amplio campo de la actividad humana. Porque se supone que aquel que milita en política sale de su cascarón individualista y se preocupa por el bien común. Ese es el caracú del asunto. Entonces que un chico, una chica digan “qué bueno que yo piense en la polis, que piense en mi ciudad, que piense en mi barrio, que piense en el país, en el Uruguay”. Y que puedan, a través de lo que nos da la democracia, que es tan importante, que es el hecho de la actividad de los partidos políticos, que es el hecho de poder llevar ideas, influir, y no solo con el voto, que es muy importante, porque no todo el mundo puede sentirse llamado a la militancia política, pero poder hacerlo militando activamente es uno de los elementos más nobles.

Como educador siempre he tratado de incentivar a los jóvenes que sienten cierta vocación por la política a que lo hagan, a que militen, a que participen activamente y no se decepcionen. Porque siempre está aquello de “uy, qué mundo complejo”, el tema honestidad-deshonestidad… Es imposible sacar un auto que está medio embarrado si uno no mete las patas en el barro. Eso no quiere decir que uno “se embarre” en el sentido de caer en cuestiones éticas. La realidad es muy compleja, si uno quiere meterse, patitas al barro para empujar.

NB – Estos temas vinculados a los jóvenes se tocan con un tema en el que usted ha marcado posición, que es la baja de la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años. Usted ha marcado posición, sin embargo la Arquidiócesis de Montevideo como tal y los obispos del Uruguay no han fijado una posición al respecto, aunque varios sí lo han hecho. ¿Es de esperar que en algún momento en estos meses se marque una posición más orgánica, institucional?

DS – Los obispos del Uruguay estuvimos reunidos la semana pasada, tuvimos un día de reunión con muchos temas. Entre los temas se trató el tema de la edad de imputabilidad. Había varios pronunciamientos que habían hecho algunos grupos de Iglesia. Hay un pronunciamiento muy bueno del inspector de los salesianos, el padre Néstor Castell, una carta muy buena, muy bien pensada, muy bien escrita, en la que fija la posición con un sentido positivo, de lo que significa también el educar preventivamente a los jóvenes, etcétera. Y había una carta de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, que pertenece a la Conferencia Episcopal.

Los jóvenes mandaron esa carta preguntando si la publicaban o no. Los obispos teníamos que definir, y era una carta que fijaba posición en contra de la baja. Los obispos discutimos el tema y pareció bueno avalar jóvenes que militan, jóvenes que se pronuncian, que tengan la oportunidad de dar a conocer públicamente su opinión.

Pero después los obispos como tales definimos que era un tema opinable. Se exhorta a los católicos a informarse, a poner la papeleta o no pero conscientes de lo que se hacen, se recuerda que la Iglesia siempre apuesta a la preventividad en lo que tiene que ver con la educación juvenil, pero que era legítimo el voto por sí o por no. Es decir que la Iglesia como tal, orgánicamente, la Conferencia Episcopal, no se pronunció y entiende que es legítimo que haya católicos que entiendan que el tema de seguridad habilita el voto por la baja de la edad de imputabilidad. Esa es la postura oficial de la Iglesia.

Eso no quita que los obispos, muchos, nos hayamos pronunciado en contra de esta postura. Yo sigo manteniendo mi posición por varias razones que he dicho, desde una razón más afectiva hasta razones más de fondo, habiendo leído la ley, habiendo discutido. Me he reunido tanto con los promotores de la baja, que fueron a entrevistarse conmigo –había gente joven entre ellos, hay una chica cuyo padre fue asesinado por un menor, o sea que hay una carga afectiva muy fuerte, llena de dolor–, como con los chicos que están en contra de la baja. Bárbaro, saben mi postura, pero yo escucho a todos y trato de comprender razones. Eso no quita que entienda que es un error bajar la edad de imputabilidad. Y además tengo la convicción de que no va a salir, porque me parece que en el fondo la mayoría de los uruguayos, pensándolo, no van a dar ese paso. Dios dirá.

RC – Detrás de quienes están a favor de la baja en muchos casos está el cuestionamiento a los procedimientos para rehabilitar a esos jóvenes. ¿Piensa que en ese terreno de la rehabilitación se está trabajando bien?

DS – Existe una penalidad para los jóvenes de entre 13 y 18 años y creo que se está trabajando. Por ejemplo estuve reunido con la gente del Hogar Chimborazo, que los quiero ir a visitar, ahí hay chicos de 13 a 15 años. Realmente hay gente buena, vocacional, que trabaja. Es muy complejo. Ojalá toda la sociedad uruguaya comprendiera que el tema de un chico que delinque es muy complejo, no es fácil de abordar.

RC – Pero es reversible.

DS – Es reversible, claro que sí. Habrá, como en todo, situaciones mínimas en que no, pero vaya si será reversible. Si uno, sacerdote, no cree que la gente pueda cambiar, ¡Dios mío! Obviamente, eso no quiere decir que no haya situaciones que tienen que ver con enfermedades profundas del alma o de la psiquis que necesiten una atención muy particular y de repente no puedan cambiar. Pero esos son casos menores que igual la sociedad de algún modo tiene que atender.

Últimamente han salido cuestiones del Sirpa (Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente) muy complejas, hay denuncias, sin duda no es fácil. Pero creo que son temas muy delicados que hay que tratar, ojalá, con muy poca publicidad. Los legisladores y quienes tienen que hacerlo tendrán que controlar. Y toda la sociedad tiene que sentirse involucrada en querer salvar a estos chicos, que es también salvar a la sociedad, y en ir –eso es lo fundamental y ahí viene la preventividad– a las causas más profundas que hacen que haya chicos que delincan.

***

NB – Bajo el impulso de la ola Francisco, la llegada de Daniel Sturla al Arzobispado de Montevideo abrió expectativas de renovación en la Iglesia uruguaya.

Lleva prácticamente seis meses al frente del Arzobispado en Montevideo. ¿Qué evaluación hace de este tiempo?

DS – En lo personal ha sido muy rico por todo lo que he aprendido y por todo lo que se ha podido hacer, por toda la gente con la que he conversado. Y también porque hay un presbiterio, un clero en Montevideo muy bueno, con muchas ganas también de renovación.

Estamos haciendo un análisis bastante fuerte de cuál es la realidad del impacto religioso de la Iglesia en la sociedad montevideana, porque es evidente que hay un bajón en el número de fieles y eso nos tiene que preocupar. No preocupar como un club que pierde adherentes y entonces qué hace, sino para decir: si tenemos un mensaje que trasmitir, si estamos convencidos de este mensaje, si creemos que Jesucristo es el salvador del mundo, ¿qué pasa que muchos montevideanos se están alejando de la práctica de la fe? Estamos analizando con el presbiterio, y queremos ampliarlo a toda la gente de la Iglesia, cuál es la realidad, cuáles son las causas. Eso es muy importante.

También creo que todos los contactos han sido buenos, porque abren a la Iglesia a la comunicación con la sociedad. La Iglesia nace con el Uruguay. ¿Quiénes fundaron Montevideo? Bruno Mauricio de Zabala. ¿Y quiénes trabajaron? Los jesuitas con los indios de las misiones que vienen y construyen la muralla, que construyen la ciudad. Y así podemos seguir. Las escuelas de la patria, etcétera.

Entonces la Iglesia es un interlocutor en la sociedad pluralista que ojalá esté presente, pueda decir su palabra y podamos dialogar con todos y al mismo tiempo, desde una identidad clara, anunciar el mensaje de Cristo.

Me hizo gracia lo que decías, porque yo se lo comenté al papa Francisco en la entrevista que tuvimos y se rio mucho. Le dije: “Santo padre, usted es como una ola positiva, y yo trato de barrenar en la ola Francisco”. El Papa se rio mucho y le gustó la expresión, fue muy buena esa entrevista.

NB – Cuando lo entrevistamos aquí en En Perspectiva, cuando se conoció que sería el nuevo arzobispo, usted decía que no conocía las intenciones de Francisco al nombrarlo al frente de la Iglesia de Montevideo. Ahora tuvo la oportunidad de reunirse y conversar con él, de hecho tuvo un encuentro privado, que no es para todos. ¿Qué le dijo con respecto a lo que espera de usted en este rol?

DS – Yo fui a la entrevista con una serie de puntos que tenía escritos en un cuaderno. Le dije: “Santo padre, voy a sacar el cuaderno, porque quiero decirle todo lo que tengo que decirle”. (Se ríe.)

NB – Marcó el orden del día.

DS – Sí. Y después lo que sentí, y para mí fue muy importante, fue que el Papa, obviamente con todas las cosas que tendrá, pero está bastante informado de nuestra Iglesia uruguaya y lo que está pasando acá, también porque tiene muchos amigos uruguayos muy cercanos. Sentí que, más que lineamientos, lo que me dijo fue un aliento a seguir adelante en lo que estamos haciendo.

En el tema de la marihuana y lo que se está haciendo acá, el Papa había tenido un pronunciamiento muy claro contra toda liberalización de la marihuana y yo le dije: “Santo padre, fantástico, yo he manifestado una opinión frente a la ley del gobierno que dice ‘está bien, la marihuana es muy mala, como toda droga, es terriblemente maligna, pero ¿qué podemos hacer distinto?’. Y al menos tengo una cierta expectativa de que haciendo algo distinto quizás pueda haber algo mejor en lo que la ley se propone y creo que muchos uruguayos se proponen –más allá de que después los temas se politizan y entran en temas muy complejos–, que es tratar de combatir dos grandes males, el narcotráfico y que nuestros chicos caigan en drogas peores, que es tremendo. Aun siendo la marihuana muy mala, es peor, sobre todo en los barrios populares, lo que hace la pasta base”. Y el santo padre me dijo: “Adelante, yo tengo que decir los principios generales, pero después son ustedes los que en la cancha concreta tienen que ir marcando los rumbos”.

Sentí un enorme respeto del Papa y un gran respaldo a lo que yo más o menos he ido haciendo junto con otros en la Iglesia de Montevideo. Eso para mí fue muy importante. Más que líneas, el Papa me dio un espaldarazo a seguir adelante, y con un enorme respeto hacia mi persona, hacia lo que queremos hacer acá en Montevideo.

RC – Visto que en esta entrevista se ha manifestado sobre temas que están en el temario de la gente, la marihuana, el aborto –lo ha hecho en otras oportunidades–, la baja de la edad de imputabilidad, ¿en qué otros temas de estos que están en el aire, en la campaña piensa intervenir como arzobispo? ¿En cuáles debería intervenir y hasta fijar posición, si fuera posible?

DS – Los temas han surgido en general porque me han preguntado. Yo de repente acá he largado, pero no sé, en la medida en que surjan temas que no sean político-partidarios, sino que toquen aspectos que afectan a la gente de mi país, a la gente de Montevideo, creo que el arzobispo puede pronunciarse. Obviamente, tratando de hacerlo con conocimiento de causa, no es que uno sea una especie de sabiondo que responde a las cuestiones que surgen. Pero en cuestiones importantes uno trata de informarse, trata de estar y trata de dar una opinión.

Una cosa son las cosas opinables y otra cosa son las cosas clarísimas. Por las dudas, del aborto por supuesto que estoy absolutamente en contra y en contra de la ley que se aprobó. Otra cosa es la comprensión de la situación de las personas. Primero que nada está la persona humana, a ella nos debemos y por todo lo que la afecta en profundidad uno tiene que tener enorme respeto, enorme comprensión. Hay un episodio en la Biblia que me encanta, que es cuando a Moisés le hablan desde una zarza que arde sin consumirse. Es la voz de Dios que le habla, y Moisés se saca las sandalias, porque está pisando tierra sagrada. Frente a cada persona uno tiene que sacarse las sandalias, es tierra sagrada, y sumamente respetuoso de la persona humana uno podrá después opinar sobre distintas cosas.

RC – Uno de los aspectos que usted mencionó haber hablado con el Papa tiene que ver con la disminución de la cantidad de fieles que participan en la Iglesia católica en Uruguay. Muchas veces se ha dicho que en estos tiempos no se ha perdido la espiritualidad, simplemente se ha cambiado a otros sitios, en particular a las sectas. Y usted ha sido bastante duro con algunos de estos pastores que obtienen la voluntad de aquellos que de pronto buscan cierta espiritualidad. ¿No cree que la Iglesia perdió a esa gente porque se equivocó en algún punto del camino?

DS – Primero, yo tengo un enorme respeto y aprecio por cantidad de grupos cristianos no católicos que se han metido en los barrios y sobre todo en las cárceles…

RC – Yo dije “sectas”, justamente por eso.

DS – … y después están algunas sectas que todo hace pensar que tienen como fin recaudar dinero. Creo que ante toda utilización de lo religioso con un fin que no sea acercar a la persona a Dios o a la divinidad –si nos ponemos más interreligiosos, ecuménicos–, sino con un fin muy claro de quitar dinero a la gente, tiene que haber un cierto control y una cierta mirada, porque además los más afectados son los más pobres. Nos tiene que preocupar a todos los uruguayos. Al Papa le mencioné una realidad que para mí es muy dolorosa y al Papa le causó dolor –lo aprecié en la expresión de su rostro–: en Uruguay muchas veces quienes quedan más lejos de la vida de la Iglesia es la gente más pobre.

Creo que –y tenemos que ser conscientes– a principios del siglo XX el laicismo uruguayo fue descristianizador, no fue la laicidad positiva de que todas las religiones pueden ser válidas y dar un mensaje útil a la sociedad. Hubo un intento de descristianización de la sociedad que creo que caló hondo. Y caló hondo en todos los sectores, pero de un modo particular en los sectores más populares. Uno puede hablar de espiritualidad, sí, pero creo que el gran mal de muchos uruguayos es una cierta falta de sentido de la vida. Está en todos los sectores sociales, pero en particular en aquellos sectores más sumergidos, que entonces no tienen ese deseo, esa fuerza de salir adelante.

Uno lo ve a veces en los barrios, ahí es donde iglesias evangélicas que han trabajado bien le dan a mucha gente un sentido de la vida que le permite salir delante de su situación. Yo admiro eso y ojalá la Iglesia católica también pueda estar cerca dándole sentido de la vida a la gente, haciendo que los jóvenes, sobre todo, puedan salir de esa especie de no hago nada, estoy acá en la esquina, chupo, me drogo, etcétera.

RC – Los “ni-ni”.

DS – Los ni-ni.

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Transcripción: María Lila Ltaif