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Noticeu Mons. Sanguinetti cuestiona las estadísticas y denuncia aumento de la mortalidad de seres “engendrados” y de la desesperanza de vida

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El Obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti, cuestiona las estadísticas que señalan una baja en la mortalidad infantil y el aumento de la esperanza de vida y de la eficiencia reproductiva y asevera que en Uruguay aumenta la mortalidad de seres humanos engendrados, la desesperanza de vida y la ineficiencia reproductiva.

“Con palabras mágicas como `salud reproductiva´ aplicada a la destrucción de embriones y fetos humanos, se rinde culto al propio proyecto de bienestar de los que supuestamente estamos bien, al costo de la destrucción de seres humanos vivos.”, subraya el Obispo.

En su blog AMICUS SPONSI, Mons. Sanguinetti afirma que al porcentaje de niños que mueren el primer año (7,7 por mil) hay que agregarle 20,66 % que se matan con técnicas médicas. Es decir que “del 28,3 % de los engendrados sabemos que mueren: 7,7 después del parto y 20,66 % descartados y tirados voluntariamente a la basura por la  sociedad uruguaya en su conjunto, por el Estado que ataca los derechos humanos de los seres humanos más débiles y por la responsabilidad humana, aún de sus madres y padres”, puntualiza.

“Se crea una cultura que trata como fin bueno el aborto masivo y los supuestos logros estadísticos fruto de esas manipulaciones”, destaca el Obispo de Canelones, al tiempo que hace un paralelismo de la situación uruguaya con el sacrificio de niños que hacían los creyentes en el Mediterráneo  para agradar a la divinidad fenicia MOLOCH.

El Pastor reconoce que “a muchos molesta que haya objetores” y que “nos lamentemos por ser un pueblo que destruye a sus hijos, de madres marcadas en su psiquis por destruir al fruto de sus entrañas”. “Y sin embargo quien ha oído el clamor de los corazones sabe cuánto llanto, verdadero sentido de dolor, hay en quienes han abortado. ¡Cuánto daño se les hace a las mujeres impulsándolas a la destrucción del hijo en sus entrañas!”, enfatiza.

“Se quiere acallar las conciencias y los gritos de la razón. Se induce a no llorar por esos muertos, ni gritar en su nombre, ni denunciar los engaños y las muertes”, denuncia Mons. Sanguinetti.

“¡Qué injusticia que ni siquiera se mencione cómo educar para una maternidad y paternidad humana, ética, responsable, cargada de amor y respetuosa de la verdad de la naturaleza!”,  se lamenta el Obispo.

“Un sentido de la vida que incluya la responsabilidad moral de los actos y la entrega a los demás a la larga hace más felices’, concluye.

 

 

MOLOCH, la MORTALIDAD INFANTIL y el ABORTO

La información que leemos es impactante: Mortalidad infantil en Uruguay baja a mínimo histórico. ¡Albricias!

Más aún si aceptamos la consideración que aparece en Wikipedia y que es un sentir común. “Las tasas de mortalidad infantil en los distintos países se han reducido en los últimos decenios y han sido una de las claves para el aumento de la esperanza de vida y la eficiencia reproductiva”. ¡Viva la esperanza de vida y la eficiencia reproductiva!

Sin embargo, es necesario leer todas las noticias. También es necesario razonar. Sí es bueno pensar con un poco de razón crítica.

¿Qué significa ese mínimo histórico de mortalidad infantil?

En nuestro país nacen unos 45.000 niños al año, de los cuales, según la exaltada tasa de 7,7 por 1000, mueren unos 347 en el primer año de vida.

¡Grande el éxito del mejoramiento de la llamada salud reproductiva!

Pero hay que usar la razón y ver el conjunto.

En el Uruguay – aparece en el mismo conjunto de noticias – se matan 26 seres humanos en el seno materno por día y va en aumento. Es decir no nacerán por causa de ser muertos voluntariamente  unos 9300 en el año… y va en aumento.

Entonces al 7,7 que mueren el primer año, hay que agregarle 20,66 % que se matan con técnicas médicas ¡Vaya salud  reproductiva! 28,3 % de los engendrados sabemos que mueren: 7,7 después del parto, 20,66 % descartados y tirados voluntariamente a la basura por la  sociedad uruguaya en su conjunto, por el Estado que ataca los derechos humanos de los seres humanos más débiles y por la responsabilidad humana, aún de sus madres y padres.

Por supuesto en esos casi 10.000 humanos muertos por año muchos están algunos que nacerían con dificultades para su desarrollo y muchos sanitos.

¡Matando a quienes pueden traer problemas o los traen así cualquiera saca una buena estadística! Pero no se trata de salud, sino de selección por muerte de los que se quieren dejar vivir. En realidad en el Uruguay aumenta la mortalidad de seres humanos engendrados. Mueren más y matamos más. Entonces en realidad estamos antes el aumento de la desesperanza de vida (de los engendrados) y la ineficiencia reproductiva (porque de los reproducidos 28 % no llegan al año y medio de vida).

MOLOCH era una divinidad fenicia que extendió su culto por el Mediterráneo. Los sacrificios preferidos por Moloch eran los niños, especialmente los bebés. Con estos sacrificios los creyentes creían que sostenían en buen orden el universo.

Así también este neomaltusianismo, esta eugenesia y esta ciencia del orden rinden culto a una divinidad falsa, la de sus propios proyectos, el fin que le han dado a la vida: organizarla según su propia voluntad, aún a costa de la destrucción de los vivientes en el altar de la estadística, falseada, en aras de un bienestar autodefinido.

Con palabras mágicas como “salud reproductiva” aplicada a la destrucción de embriones y fetos humanos, se rinde culto al propio proyecto de bienestar de los que supuestamente estamos bien, al costo de la destrucción de seres humanos vivos.

Los sumos sacerdotes de este culto destructivo dirigen desde los organismos internacionales y desde el poder el disciplinamiento de todos en esta antigua religión. También Amnistía Internacional ataca los derechos de los engendrados y persigue artificiosamente a quienes se oponen al genocidio del aborto.

Por eso, los responsables pueden afirmar que “el sistema cada vez funciona mejor” y hay que estigmatizar a los que no se rindan a Moloch. Incluso se asegura que la destrucción se vaya a llevar a cabo, dado que el sistema tiene como objetivo interrumpir el embarazo (=de destruir al pequeño)”.

Ya sé que alguno se va a enojar, porque no es modo de hablar de cosas tratadas de maneras tan serias y científicas – verdaderos engaños –  con la verdad de los hechos en defensa de los seres humanos. Como tantas otras veces el culpable es el que señala los hechos y llama a las cosas por su realidad.

A muchos molesta que haya objetores. Se rechaza que nos lamentemos por ser un pueblo que destruye a sus hijos, de madres marcadas en su psiquis por destruir al fruto de sus entrañas. Y sin embargo quien ha oído el clamor de los corazones sabe cuánto llanto, verdadero sentido de dolor, hay en quienes han abortado. ¡Cuánto daño se les hace a las mujeres impulsándolas a la destrucción del hijo en sus entrañas!

Se quiere acallar las conciencias y los gritos de la razón. Se induce a no llorar por esos muertos, ni gritar en su nombre, ni denunciar los engaños y las muertes. También “durante el sacrificio, los sacerdotes del templo (de Moloch) hacían sonar tambores, trompetas y címbalos, de manera que no oían los llantos de los niños. Asimismo a las familias de las víctimas les estaba prohibido llorar” (Metapedia).

La antigua religión pagana suple la realidad y se deja llevar por los temores y se entrega al culto a la destrucción, ahora con métodos científicos, con fines muy parecidos al fuego devorador del altar de Moloch.

Se crea una cultura que trata como fin bueno el aborto masivo y los supuestos logros estadísticos fruto de esas manipulaciones.

Dentro del engaño, como lo hacían los sacerdotes del culto a Moloch, se nos dice que todo esto es para frenar las consecuencias del embarazo adolescente

¡Qué injusticia que ni siquiera se mencione cómo educar para una maternidad y paternidad humana, ética, responsable, cargada de amor y respetuosa de la verdad de la naturaleza! De ello ni una palabra, no sea que se le dé entrada a una lectura moral de la sexualidad. Cuando es el caso propio del ser humano inteligente – capaz de aceptar la verdad de los hechos – y libre, como para asumir el carácter humano y responsable de sus actos.

No. Engañemos a la juventud, sin enfrentar las pasiones, sin hacerse responsables de sus actos, sin elevar la conducta a la altura del matrimonio y el respeto de la vida humana. Con el culto a los dioses Venus, Eros y Moloch se guía la conducta humana.

Sin embargo, el camino digno es formar para la continencia y la castidad, que son las formas superiores de la sexualidad humana. Un sentido de la vida que incluya la responsabilidad moral de los actos y la entrega a los demás a la larga hace más felices.