Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

Noticeu Mons. Jaime Fuentes llama a la misericordia en un mundo y un país con altos índices de violencia

Mons.-Jaime

En un mundo y en un país en el que se extiende la violencia, el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, llama a la misericordia “que tiene que manifestarse en nuestra vida de todos los días”.

El Obispo plantea tres interrogantes: “¿hay misericordia en lo que pensamos de los demás, en nuestras palabras, en nuestras actitudes?,¿Buscamos cómo disculpar las equivocaciones ajenas? y ¿Sabemos callar los defectos de los otros, o los hacemos ver sin motivo?”

El Pastor anima a imitar a Jesús que “vino a la tierra para perdonar nuestros pecados y enseñarnos a vivir como hijos de Dios” y a la Virgen Santísima, “que nos ha traído la misericordia de Dios hecha Niño”.


MENSAJE DE NAVIDAD 2015 DEL OBISPO DE MINAS

Quiero desear a todos una Feliz Navidad, en la que esté muy viva esta sola palabra: misericordia.

El Papa Francisco acaba de inaugurar el “Año de la Misericordia”, porque siente que el mundo entero tiene más necesidad que nunca de ella, es decir, del perdón de Dios que pasa por encima de la miseria nuestra y, a su vez, ve que sólo viviendo entre nosotros la misericordia podremos salir adelante. ¿Cómo olvidar lo que nos dijo Jesús: “Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7)?

Por todo el mundo se extiende la violencia. Nuestra querida patria no es la excepción: basta con saber que este año, una vez más, aumentó el ya altísimo número de homicidios. Quizás se nos ocurre pensar: ¿qué culpa tengo yo de esto, o qué puedo hacer para que vivamos en paz?

Seguramente no tenemos directamente ninguna culpa, pero con la ayuda de Dios podemos cooperar a que haya más paz en el mundo.

Dice el refrán: “Si quieres que la ciudad esté limpia, empieza a barrer la vereda de tu casa”, es decir, que en primer lugar la misericordia tiene que manifestarse en nuestra vida de todos los días.

Tres preguntas solamente: ¿hay misericordia en lo que pensamos de los demás, en nuestras palabras, en nuestras actitudes? ¿Buscamos cómo disculpar las equivocaciones ajenas? ¿Sabemos callar los defectos de los otros, o los hacemos ver sin motivo?

Miremos a Jesús, cuando nace en Belén. Un villancico canta así: “El Niñito Santo a la tierra llegó, y vino del cielo por la voluntad de Dios, a dejar en las almas, gloria, con la fe y el perdón”. Y a continuación agrega: “Duérmase, mi Niño, descanse feliz, que cuando sea grande mucho ha de sufrir, mucho ha de sufrir”.

Jesús vino a la tierra para perdonar nuestros pecados y enseñarnos a vivir como hijos de Dios. Él nos dio el ejemplo: lo sufrió todo, hasta dar su vida en la Cruz, y pidiendo al Padre: “perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

¿Cómo no imitar a Jesús, tratando de hacer realidad el lema del Año Santo, “Misericordiosos como el Padre”? Escribió el Papa: La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos. (Bula Misericordiae vultus, n. 15).

Miremos a la Virgen Santísima, que nos ha traído la misericordia de Dios hecha Niño. Ella es la “Madre de misericordia” de dos maneras: es la “puerta” por la que ha entrado la misericordia de Dios en el mundo y es también la “puerta” por medio de la cual entramos en la fuente de la misericordia de Dios, el amor de la Santísima Trinidad.

Me despido deseándoles una muy Feliz Navidad,

+ Jaime

Obispo de Minas