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Noticeu Mons. Collazzi concelebrará en Buenos Aires misa en acción de gracias por beatificación de “Mama Antula”

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El Obispo de Mercedes y Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), Mons. Carlos Collazzi, concelebrará el sábado 17 de setiembre, la Misa en acción de gracias que tendrá lugar frente a la Catedral de Buenos Aires, por la beatificación de María Antonia, “Mamá Antula”, fundadora de la Congregación “Hijas del Divino Salvador” que lleva adelante el Colegio “San José” de Tarariras (Diócesis de Mercedes) .

“Mama Antula” fue beatificada el pasado 27 de agosto en su ciudad natal, Santiago del Estero (Argentina). La nueva beata desarrolló su misión pastoral durante 3 años en Colonia del Sacramento y Montevideo.

Los actos a desarrollarse el sábado 17 comenzarán a las 16 h con una Santa Misa que presidirá el Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, Cardenal Mario Aurelio Poli, en la Plaza de Mayo, frente a la Catedral Metropolitana.

Seguidamente, se desarrollará una peregrinación hasta la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad (Bartolomé Mitre y Paraná), donde descansan los restos de la nueva beata.

Desde allí partirá una marcha hasta la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, situada en la avenida Independencia 1166 (entre Lima y Salta), donde habrá una celebración y un festival en honor a la beata Mama Antula.

VIDA Y OBRA

María Antonia de Paz y Figueroa, conocida por el pueblo como “Mama Antula”,  nació en 1730 en Santiago del Estero, Argentina. Desciende de una ilustre familia de conquistadores y gobernantes. Su niñez la pasa en el campo, en la hacienda paterna en contacto con los pueblos originarios. A los 15 años decide consagrarse a Dios y toma el nombre de Maria Antonia de San José. Algunos santiagueños lamentan la decisión ya que ella era muy bonita, de facciones finas y grandes ojos azules. En aquella época no existían religiosas activas fuera del convento de clausura, con lo cual ella decide vestir una túnica negra y vivir junto a otras mujeres la vida activa, se las llamaban “beatas” (lo que sería ahora laicas consagradas).

Guiadas por un sacerdote jesuita, el Padre Gaspar Juárez, se dedicaban a ayudar a los sacerdotes, instruir a los niños, cosían, bordaban, cuidaban enfermos y repartían limosnas. En 1767 Carlos III decide expulsar a los Jesuitas de América. María Antonia cuenta con 37 años cuando sucede esto, y quiere reinstaurar los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Esto no fue bien visto por la sociedad, el medio era hostil, pero ella sigue con su idea de organizar esta práctica piadosa. Los participantes vivían en un lugar cerrado durante varios días escuchando charlas a fin de que reflexionen sobre su vida y apliquen lo que les es un bien para su alma.

María Antonia comienza invitando uno a uno a estos retiros desde 1768 a 1770. Lo hace caminando descalza por las tierras de Santiago del Estero, Silípica, Loreto, Salavina, Soconcho, Atamasqui, etc. Luego decide salir a otras provincias y se va caminando a Catamarca, La Rioja, Jujuy, Salta y Tucumán. El Obispo de Tucumán le da la licencia y así comienza a aceptarse nuevamente esta práctica religiosa. Los frutos de los Ejercicios se conocen por el bien que le hace al pueblo y sus cambios en la vida diaria. Duraban 10 días y se hacían todo el año. Convivían las Damas con sus siervas y en tandas separadas los hombres con sus ayudantes de campo.

Luego del éxito y buenos frutos de estos retiros, decide ir a Buenos Aires. En ese momento era considerado una locura ya que debían caminar 1400 kilómetros a pie. Los peligros eran múltiples ya que las zonas estaban habitadas por animales salvajes: jaguares, chanchos del monte y ladrones que atacaban a los viajeros. Una de las frases que guian sus pasos es “la paciencia es buena pero más la perseverancia”, y lo aplica en su máxima expresión.

Cuando llega a Buenos Aires en Septiembre 1779 va a visitar al Virrey y al Obispo durante un año para que le otorguen la licencia. El Virrey Vertiz, que tenía una antipatía visceral por todo lo que era jesuítico, le niega la autorización. En 1780 comienzan los retiros en Buenos Aires con un éxito increíble. Es allí cuando el Obispo cambia su parecer y apoya esta obra, por los frutos que dan en sus fieles. Llegaron a ver tandas de 200 personas y la Providencia fue muy generosa en asistir a todas las necesidades de los practicantes.

La comida que sobraba se repartía a los presos y a los mendigos que concurrían a la Casa. Ella escribe: “Veo que la Divina Providencia me socorre indefectiblemente para su continuación y que cada día más experimenta el público el fruto de ellos. En cuatro años de ejercicios se han acercado más de 15.000 personas.”

Luego sus ansias de “andar hasta donde Dios no fuese conocido” la lleva a Colonia y Montevideo (Uruguay), donde está tres años. Retorna a Buenos Aires y comienza la edificación de lo que hoy es uno de los edificios más antiguos de Buenos Aires, la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, en Av. Independencia 1190, Capital Federal, Argentina. Ella va tocando puerta por puerta, hasta el Virrey acepta su obra. Ella dice “la obra era de Dios y para Dios” y es así como se edifica esta magnífica Casa.

Su obra es conocida en Francia, en el monasterio de Saint-Denis de Paris donde la priora del Carmelo era tía del rey Luis XVI. Sus cartas eran traducidas en varios idiomas: latín, francés, inglés, alemán y ruso. Estas cartas se envían a distintos países entre ellos Rusia. La fuerza testimonial que emana de sus cartas son modelos para los conventos por la fuerza que transmite. Se escribe un trabajo sobre ella llamado “el estandarte de la mujer fuerte” que se edita en 1791.

María Antonia realiza muchos hechos pródigos, por ejemplo, cuando faltaban alimentos para sus practicantes la comida se reproducía de la olla o el pan se transformaba en fruta, o cuando faltaba grasa para preparar la comida, pasaba un donante por la puerta dejando justo lo que se necesitaba ese día.

El 7 de Marzo de 1799 muere a los 69 años. Sus restos descansan en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad en la calle Bartolomé Mitre 1524, Capital Federal, Argentina. El 12 de Julio de 1799 se le rinde homenaje en la Basílica de Santo Domingo. Cuando muere se calcula que unas 70.000 a 80.000 personas se habían beneficiado de los retiros espirituales.

Maria Antonia introdujo en la Argentina la devoción a “San Cayetano”, muy arraigada en el pueblo argentino con una afluencia de miles de personas cada año visitan el Santuario de Liniers pidiendo pan, trabajo y salud. Subsisten vínculos históricos y pastorales que unen el Santuario de Liniers con la Congregación de las Hijas del Divino Salvador.

En 1905 los Obispos elevaron la causa de canonización de Madre Antonia a la Santa Sede, siendo el primero de la historia de la iglesia en Argentina. Asimismo se presentan cartas postulatorias por los Arzobispos de Montevideo, Santiago de Chile, Bolivia, los Obispos de Paraguay, Concepción de Chile, y Obispo Auxiliar de Montevideo, La Plata, Córdoba  y Vicario Capitular de Lima, Perú. Los capítulos eclesiásticos de Buenos Aires, Córdoba, San Juan, Entre Ríos, Salta, Chile, La Paz (Bolivia), San Carlos Acud (Chile) y Quito (Ecuador). Los vicarios foráneos de Santiago del Estero, Catamarca y Corrientes y muchas congregaciones religiosas.

El 27 de agosto fue beatificada en una celebración en la que participaron 35.000 laicos, unos 40 obispos y 500 sacerdotes.