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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Missa Solemnis de Beethoven este sábado en el Auditorio del Sodre

UNOTICIAS |

La Orquesta Sinfónica y el Coro del Sodre reciben por primera vez al Coro Polifónico Nacional de Argentina, para realizar la “Missa Solemnis” de Ludwing Van Beethoven, este sábado 26, a las 18.30 horas, con más de 250 artistas en escena bajo la dirección del maestro Stefan Lano, en el Auditorio Nacional “Adela Reta” del Sodre.

El concierto contará además con la participación de destacados solistas nacionales e internacionales: la soprano Mónica Ferracani, la mezzosoprano Adriana Mastrángelo, el tenor Ricardo González Dorrego y el bajo Marcelo Otegui. La cita es a las 18:30 horas y las entradas están a la venta en Red UTS y la boletería del Auditorio.

Beethoven trata al cuarteto solista y al coro de manera diferente. Al coro lo utiliza al modo orquestal, en amplias líneas. Los solistas están empleados a la manera de un cuarteto de cámara, en un estilo polifónico flexible, donde cada voz conserva claramente una línea y expresión independientes.

La combinación de la polifonía vocal, con el tratamiento polifónico dio como resultado una “Missa” muy especial que posee unidad en su diversidad, pudiendo considerársela una sinfonía sacra. Tanto la escritura instrumental como la vocal ofrecen grandes dificultades interpretativas.

Las exigencias trascienden los medios en juegos, desde las altas tesituras a la articulación melódica y rítmica, hasta el uso de antífonas entre solistas y coro, como muestra de la fragilidad del hombre ante el esplendor y la omnipotencia de Dios.

Las partes son Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei, ocupando una extensión de alrededor de noventa minutos. “La Missa Solemnis” puso en trance al compositor.

Cuenta Schindler que “desde el principio todo el ser de Beethoven pareció que se transformaba, cosa que notaron sus antiguos amigos y por mi parte confieso que ni antes ni después de esta época, lo he visto en un estado igual de absoluto olvido de las cosas de este mundo.

Llevaba el compás rigurosamente con los pies, cantaba, daba palmas, volvía a su casa mojado por la tormenta, sin darse cuenta que había desaparecido su sombrero, indicaba diez veces durante una noche entera que le sirvieran la cena, que no había probado, más. Por cierto estaba en otra parte”.