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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios “Minga”, dice el padre Mateo

LA REPÚBLICA |

Padre Mateo

El párroco dirige la iniciativa desde la comunidad salesiana en la ciudad de Las Piedras.

El párroco, nacido en San Gregorio de Polanco, tras su paso por el Interj asume en la parroquia San Isidro de la ciudad de Las Piedras, desde donde lanza este proyecto orientado a adolescentes y jóvenes en situación de calle. LA REPÚBLICA habló con el padre Mateo, quien cuenta cómo se originó este proyecto, que está llegando con notables resultados a los tres años.

¿Todo se origina en una visión suya con respecto a los adolescentes de Las Piedras o era algo que ya estaba previsto en la comunidad salesiana?

Hace cuatro años que estoy en esta comunidad, a la que llegué después de mi paso por el Interj. Viendo la problemática de la gurisada en el centro de Las Piedras, propensa y expuesta a muchos de los vicios posmodernos (drogas, alcohol, prostitución, etc), lo planteamos en la comunidad parroquial, para ver qué se hacía con ellos.

No podíamos quedarnos tranquilos esperando que el tiempo pasara, viendo a esta muchachada perdiendo el tiempo en las esquinas, a la madrugada cantando, tomando…Y no fue fácil, porque nos llevó prácticamente nueve meses, junto a un montón de personas, decidir qué hacer. Hubo una etapa de reflexión, de diagnóstico de las problemáticas de estos adolescentes, hasta que salió esto, el Proyecto Minga, que comenzó a funcionar el 27 de agosto de 2010.

¿Cómo fue ese comienzo? ¿Fue problemático en tanto había que convencer a esa muchachada de cambiar de hábitos?

Empezamos a reunirnos, con mucha paciencia, sabiendo que era una tarea de mucho tiempo. No era fácil poder abordar los temas que teníamos pensados. Así que hubo que ponerse a trabajar, pero se fueron enganchando. Hoy es una propuesta linda, que va madurando, que va descubriendo a esos gurises en situaciones complicadas a los que hay que “manotear” para solucionar su pasar, al menos darles un plato de comida, que de alguna forma ayuda a comenzar a “oxigenar” su vida.

¿Existen condiciones para que otros adolescentes y jóvenes puedan acceder a este programa?

Una inquietud permanente de nuestra tarea es mirar a los que tienen menos posibilidades y obviamente ver qué hacemos para que tengan las posibilidades como para vivir con dignidad y pensar en un proyecto de vida y esas cosas, que parecería que para mucha gente todavía están como vedadas. Nosotros apuntamos a que gurises de 14 a 18 años puedan estar en la propuesta, pero con la idea de que cuando se cumple 18 años hay que entrar a enfilar y asumir compromisos laborales. La idea es que en los años que están con nosotros, deben ir dándose cuenta de que la salida va por ahí, trabajo y estudio. Pero no hay condiciones específicas mas allá de que quieran salir adelante, con nuestra ayuda obviamente. No es una tarea sencilla, pero ahora ese andamiaje está en marcha.

¿Pero ya hubo egresos, es decir ya hay idea de cómo se desenvuelve el joven después de los 18 años y que ya ha estado con ustedes estos tres primeros años?

Nosotros sacamos los primeros tres egresos que ahora están en Montevideo; dos estudian carpintería en Talleres Don Bosco y los tres trabajan, pero lo bueno e interesante es que seguimos teniendo contacto con ellos. Regresan a charlar, cuentan un poco su vida, juegan con los que aún están, comparten alguna película, es decir, como que hay una necesidad de mostrarles a los otros que se puede, que el estudio y el trabajo permiten una cantidad de oportunidades. Y está bueno, porque se dan cuenta de que la casa no se cierra sino que es de puertas abiertas. Se van y regresan, pero con otra perspectiva, como demostrando que se pudo, que se logro el objetivo…

El proyecto cuenta con varias etapas, bien definidas una de otras…

Tenemos dos etapas, la primera es “El Patio”, un lugar de puertas abiertas para todos, donde se enganchan por la parte deportiva recreativa, ping pong, futbolito, una cancha de basquetbol, otra de fútbol, un poco de televisión, alguna película, alguna salida, etc. Ahí lo vamos conociendo y vamos viendo cuál es su situación educativa. Si terminó la escuela, qué le falta, si hizo liceo, UTU, si dejó, por qué, etc. Y por ahí entramos con mucha “conversa”. Pero lo bueno es que se concienticen de que es bueno y que se pongan las pilas para salir adelante. Una vez que culminan la escuela, se pone la disyuntiva de liceo, UTU, Cecap, y ahí comienza la segunda etapa de este proyecto, que es donde apuntamos a la educación y posteriormente al trabajo.

Ahí en las tardes, tres veces a la semana, ellos pueden venir a estudiar y hacer los deberes, en un mano a mano de ellos con parte de educadores, maestros, profesores de acá de los liceos de la zona que han asumido voluntariamente la tarea de ayudarlos.

Y ahí se arriba a la tercera y ultima etapa, ya con el egreso de los muchachos…

La tercera etapa diría es que el gurí pueda acceder a una vivienda a través de alguna cooperativa y que tenga su trabajo. O sea que salga completo, que se las arregle y que la pelee…

“Minga” es una palabra que se usa en nuestro vocabulario popular rioplatense, cuando alguien se niega a hacer algo determinado –“Minga, que lo voy a hacer…–”. Sin embargo la palabra minga, es una palabra quechua (mink’a) que significa trabajo colectivo hecho en favor de la comunidad. Trabajo comunitario con fines de utilidad social o de carácter recíproco, actualmente vigente en varios países latinoamericanos.

De su paso por el Interj

“Sigo manteniendo que el problema pasa más por los adultos que por los adolescentes que están allí. Por eso sigue siendo válido que el día que se ponga el adolescente en el centro de la propuesta educativa seguramente va a cambiar. Pero no había ambiente de transformar las cosas…”.